Talento tucumano para ensuciar al vecino

Los carreros evitan los lugares custodiados por la policía y arrojan los desperdicios frente a las casas de otros ciudadanos.

IRONÍA. El vaciadero de Delfín Gallo al 800 frente al cartel que prohíbe arrojar basura es un chiste impune. LA GACETA / FOTOS DE ANALíA JARAMILLO IRONÍA. El vaciadero de Delfín Gallo al 800 frente al cartel que prohíbe arrojar basura es un chiste impune. LA GACETA / FOTOS DE ANALíA JARAMILLO
13 Enero 2013
El talento es la capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación. Hay personas talentosas para el deporte, como el ex arquero colombiano René Higuita que en 1995, durante un partido contra Inglaterra, rechazó un disparo al arco mediante una pirueta legendaria conocida como "El Escorpión". En el contexto musical, Jimi Hendrix demostró ser un karateka de la guitarra (aprendió a tocar solo). Y en San Miguel de Tucumán, a medio camino entre los insectos y los golpes, Maximiliano Arancilla, de 38 años, posee una destreza inigualable, pero de la que no se enorgullece: es talentoso para espantar moscas. El enorme basural que "adorna" la entrada de su casa, en Marco Avellaneda al 1000, lo obligó a adquirir esa particular habilidad hace ya mucho tiempo.

"Hace cinco años que hay una montaña de porquería en la puerta de mi casa. A veces le prendo fuego a la basura para que se alejen las moscas, ¿viste el tamaño que tienen? Sentí la 'baranda' que hay acá. Así no se puede vivir". Arancilla no disimula su bronca mientras dialoga con el cronista de LA GACETA. Recuerda que, hace un par de semanas, arrojaron un caballo muerto sobre el montículo apestoso que parece multiplicarse en la vereda de su hogar. "Los carreros no tienen nada que perder. Cuando los enfrento sacan látigos y pistolas, y me amenazan. Me rompieron la ventanilla del auto dos veces", agrega, ofuscado, y enciende un cigarrillo. Maxi, su hijo menor, lo interrumpe: "ya no puedo salir porque está lleno de cucarachas y alacranes".

A pedido del municipio, la Policía custodia cuatro lugares de la capital para reforzar la recolección de residuos en los basurales reincidentes. Los agentes vigilan Rivadavia y España, Lucio V. Mansilla y México, Castro Barros al 900, y Marco Avellaneda y Santa Fe. Pero no parece ser suficiente. Los carreros, al advertir la presencia de los agentes, se trasladan a otros lugares para arrojar los desperdicios y generan nuevos basurales. El montículo de desechos que se desparrama frente a la vivienda de los Arancilla creció considerablemente desde que los efectivos patrullan Marco Avellaneda y Santa Fe. Allí, pese a la consigna policial, también sigue acumulándose basura y los vecinos están hartos.

"Esta zona nunca se curó. Me alegro de que (la Policía) se ocupe, pero no va a durar mucho", dijo Aurelia Rodríguez, de 85 años. La mujer confesó que una vez le dio diez bolsas de residuos a un carrero para que se las llevara. "Las tiró a la vuelta de mi casa", se quejó la vecina.

Mientras tanto, el subsecretario de Obras Públicas de la Municipalidad, Atilio Belloni, explicó que los operativos de limpieza están dando buenos resultados. "En Castro Barros al 900, sobre todo. Hay que hacer limpieza fina. Tenemos un listado de 28 basurales y estamos viendo si la Policía nos pone custodia en otras zonas afectadas", dijo.

Agregó que el lunes, a partir de las 9, comenzarán a levantar los basurales clandestinos en Campo Norte. "Vamos a utilizar entre seis y ocho camiones para limpiar la zona. También hay operativos de limpieza en los nudos de acceso a la ciudad. Es decir, San Cayetano, Banda de Río Salí, aeropuerto y acceso norte", aseguró el funcionario. Y añadió que los volcaderos irregulares ya no van a recibir tanta basura desde que se reforzaron los operativos.

Mientras tanto, parece que son más los tucumanos con talento para ensuciar con su basura las casas ajenas.

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