Lo que los tucumanos rompen en las plazas del centro le cuesta $ 40.000 por mes a la ciudad

Los placeros son los encargados de lidiar con aquellos que dañan los espacios públicos. Y es un trabajo ingrato: muchas veces reciben insultos y hasta agresiones físicas cuando le indican a alguien un comportamiento inadecuado. Bandas que se enfrentan en los espacios verdes, skaters, escolares dañinos, ladrones, vendedores ambulantes... La lista de los "enemigos de las plazas" es larga.

¿CON QUÉ LE DIERON? Un mojón de la plaza Independencia, quebrado. ¿CON QUÉ LE DIERON? Un mojón de la plaza Independencia, quebrado.
11 Enero 2013
Como si se estuviesen ocultando de la mirada grave del general, los chicos se empapaban con los chorros de la fuente que está a espaldas de la estatua de Belgrano en la plaza que lleva su nombre. Y no faltó el adulto que decidió imitarlos. A la derecha de la figura del creador de la bandera, un grupo de adolescentes ensayaba piruetas y le pegaba duro con los skates a las barandas y a los escalones de la explanada. Cristian Reynaldo Galván se acercó y les habló. Pero no le llevaron el apunte. Al menos tuvo suerte: nadie lo insultó ni lo agredió. Porque eso suelen recibir los placeros a cambio de su trabajo.

Bandas de adolescentes que se enfrentan con otras en los paseos públicos; vendedores ambulantes; personas sin techo que las convierten en su hogar; chicos que salen de las escuelas y que pisotean y graffitean los bancos; skaters; dueños de mascotas que no levantan la suciedad de sus animales; ladrones; personas a las que les divierte hacer daño porque sí... La lista de los "enemigos de las plazas" es larguísima. Y con ellos deben lidiar los placeros de la Municipalidad y los empleados de la empresa 9 de Julio que se desempeñan en ellas. "Nuestro trabajo es cuidar el espacio e informarle a la gente cómo se lo debe utilizar. Pero muchas veces te insultan y hasta te quieren pegar; es que hay personas a las que no les importa nada de nada", lamentó Carlos Muñoz, guardián de la Urquiza.

Muchos billetes

Al municipio le cuesta alrededor de $ 40.000 por mes reparar lo que los vándalos dañan en las plazas céntricas: Independencia, Urquiza, Belgrano, Alberdi, Yrigoyen, San Martín y Decididos de Tucumán (ex Rivadavia). Es decir, unos $ 1.300 por día y casi medio millón al año. Ojo: esta suma se va en los gastos menores que generan los dañinos o los irresponsables (pintar bancos, reparar barandas rotas, renovar luminarias apedreadas, arreglar juegos y plantas, entre otras cosas). Cuando lo que se rompe es algo más importante, como alguna escultura, el mármol de las placas o los sistemas de riego, los costos aumentan, explicó el subsecretario de Obras Públicas de la Municipalidad, Atilio Belloni.

Algo así ocurrió en la Belgrano: los vándalos despegaron las planchas de acero inoxidable del mural escultórico que realizó la artista Florencia Vivas para homenajear la Batalla de Tucumán. "La agresión es constante. El año pasado se llegaron a pintar dos veces por mes los bancos de la Independencia", resaltó Belloni.

Las plazas céntricas poseen placeros municipales y personal de la empresa 9 de Julio que las limpia permanentemente. La función de los primeros es cuidar el mobiliario e informarle acerca del estado del paseo a las diferentes reparticiones de la Intendencia.

Fuera del área central, hay empleados encargados de relevar periódicamente los espacios verdes de zonas específicas para que, además del mantenimiento habitual, se realicen los arreglos que hagan falta.

De lo que no hay dudas es que el papel que cumplen es ingrato. "La agresión hacia el mobiliario y hacia el placero es impresionante. En algunos casos llega a ser física. La gente confunde su rol con el de un poder represor que no tiene; simplemente se limita a señalar qué se puede y qué no se puede hacer", destacó Belloni.

El mal uso del espacio público ha llevado a los funcionarios a considerar la posibilidad de instalar indicaciones tan básicas como "No pisar el césped". Incluso, hubo vecinos que presentaron expedientes para pedir que se enrejen algunos elementos, como las fuentes, que en verano se transforman en piletas públicas.

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