Resulta que ahora Facebook te propone que le des un vistazo a tus 20 momentos más importantes de 2012. Seleccionados especialmente por la red social para vos. Para que no te olvides de que viviste cosas importantes durante el año que recién se fue. La propuesta es casi un slogan.
No solo los selecciona, sino que también hace un collage con las fotos, y de ese listado de 20 destaca algunos sobre otros. De repente, ahí, en la pantalla, tenés un resumen bastante particular de tu vida. Lleno de momentos felices y en el que aparecen muchas personas que casi no conocés. Una gigantografía de la amiga de tu amiga que ni siquiera te acordás que estaba en ese casamiento -parece que estaba bien alegre porque se coló en varias y terminó participando de tu foto más feliz del año-.
Ese rejunte de momentos te hace dudar por un segundo que quizás Facebook tenga razón y esas son las situaciones que deberías valorar. ¿Llegará el día en que sea un programa el que nos diga qué sentir, por qué reír y por qué llorar?
Mientras recorrés esa vidriera de fantasía te alivia comprobar que lo más importante (y los más importantes para vos) no aparecen ahí. En definitiva, tu vida no pasa por esa herramienta global y expuesta. Quedan espacios privados, íntimos y profundos que nadie conoce y que solo te pertenecen a vos. Tanta virtualidad te hace valorar ese minuto en el que decidís qué contar y qué no, qué mostrar y cómo.
No solo los selecciona, sino que también hace un collage con las fotos, y de ese listado de 20 destaca algunos sobre otros. De repente, ahí, en la pantalla, tenés un resumen bastante particular de tu vida. Lleno de momentos felices y en el que aparecen muchas personas que casi no conocés. Una gigantografía de la amiga de tu amiga que ni siquiera te acordás que estaba en ese casamiento -parece que estaba bien alegre porque se coló en varias y terminó participando de tu foto más feliz del año-.
Ese rejunte de momentos te hace dudar por un segundo que quizás Facebook tenga razón y esas son las situaciones que deberías valorar. ¿Llegará el día en que sea un programa el que nos diga qué sentir, por qué reír y por qué llorar?
Mientras recorrés esa vidriera de fantasía te alivia comprobar que lo más importante (y los más importantes para vos) no aparecen ahí. En definitiva, tu vida no pasa por esa herramienta global y expuesta. Quedan espacios privados, íntimos y profundos que nadie conoce y que solo te pertenecen a vos. Tanta virtualidad te hace valorar ese minuto en el que decidís qué contar y qué no, qué mostrar y cómo.
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