En vacaciones, nos reímos más de nosotros mismos y el chiste negro arranca carcajadas

El descanso nos cambia el humor. Necesitamos divertirnos y descargar tensiones. Cómo se transformaron las ocurrencias con los años.

LA BANDA QUE ROBA CARCAJADAS. Así definen en Carlos Paz al trío tucumano QV4, que presenta la graciosa y ocurrente obra ¿Son o se hacen? PRIMICIASYA.COM LA BANDA QUE ROBA CARCAJADAS. Así definen en Carlos Paz al trío tucumano QV4, que presenta la graciosa y ocurrente obra "¿Son o se hacen?" PRIMICIASYA.COM
07 Enero 2013
Gustavo va de un lado a otro de la casa buscando el celular. No lo encuentra. Grita indignado: "alguien se llevó mi teléfono". Su esposa, Liliana Azcoaga, lo mira y lanza una carcajada. Después de 10 minutos logra decirle que el móvil que busca lo lleva en el bolsillo trasero del pantalón. "En otro momento, lo retaría porque siempre hace lo mismo. Pero estoy de vacaciones y no pienso hacerme mala sangre", cuenta la arquitecta de 36 años, que por estos días está veraneando en Mar del Plata.

Desde que se levanta hasta que se acuesta, dice Liliana, está de buen humor. La sonrisa no es dibujada. Ella cuenta chistes, se ríe de ella y de otra gente. Además, compra revistas de humor y piensa en ir al teatro a ver alguna obra graciosa.

¿Nos reímos más en verano? Efectivamente. Los seis humoristas consultados coincidieron en que las vacaciones son el momento ideal para reír. Y que con este mecanismo (comprobado terapéuticamente) descargamos emociones y tensiones que hemos acumulado durante el año, explica el cómico Alberto Calliera. Estamos distendidos y nos reímos más de nosotros mismos, resalta. Nos reímos de cosas de las que no deberíamos, al menos, en teoría.

Los tucumanos somos rápidos para el chiste, ácidos e irreverentes. Nos encantan los apodos y "gastar" al amigo. Y todas esas cuestiones se hacen más evidentes en verano. Dejamos de lado el humor político para sumergirnos en lo gracioso de la vida cotidiana. Dejamos la vergüenza guardada y nos arriesgamos a darle el doble sentido a todo y, aunque nos cuesta admitirlo, gozamos a más no poder con el humor negro.

"Si salís del país, por ejemplo a un país limítrofe o de América, te reís de cómo hablan, empezás a encontrar parecidos por todos lados. Si te quedás en la provincia, te reís de los tucumanos que vuelven porteños desde la capital del país y los gastás. El tucumano promedio es muy burlista", resalta Miguel Martín, del grupo humorístico Manyines.

"Tenemos más tiempo de mirarnos adentro y no nos queda más opción que reírnos, porque muchas veces somos todo lo que no queremos ser", añade Diego Viruel, integrante de República del Tucumán. Agustín Pérez Albert, del trío tucumano QV4, habla del fenómeno en números: en Carlos Paz, donde el grupo hace temporada con su nuevo espectáculo "¿Son o se hacen?", de las 40 obras teatrales que se presentan, el 90% se basa en el humor.

"La gente, cuando sale de vacaciones, quiere divertirse", resalta. Y especifica: busca reírse especialmente de lo absurdo. "Quiere sentirse identificado y de esa manera reírse de sí mismo", destaca.

Los cambios

Ya no somos los de antes. Cambiaron mucho nuestros motivos de risa en los últimos años, consideran los humoristas consultados. Los chistes simples nos parecen "chistontos". Nuestro humor fue perdiendo su tono verde y es cada vez más negro (no tanto por la tragedia, sino por el sarcasmo; es reírnos de lo que no deberíamos, según los cómicos).

Antes, hasta hace dos décadas, el humor era picaresco y explícito. Hoy, evolucionó a otras formas. Hay más sarcasmo e ironía.

Todos coinciden en que hoy en día el humor está mucho más presente en todos los ámbitos. Los que saben manejar la ironía y siempre tienen un chiste a mano son grandes seductores. En cambio, los que no pueden tomarse las cosas en broma, son considerados amargados.

También se modificó la plataforma de nuestras ocurrencias: pasamos del chiste de oficina al humor de las redes sociales y de You Tube. Ahora, cada vez más gente abre su cuenta en Twitter para reírse. Los twitteros más exitosos son los que pueden mandar mensajes rápidos y ocurrentes sobre temas calientes. Allí, las ocurrencias se presentan como parte de la inteligencia. Poder hacer reír en 140 caracteres lo demuestra, sostiene Miguel Martín. De hecho, más de la mitad de los mensajes que circulan en esta red social están en clave de humor. Aquellos que han conseguido dominar este género, se han vuelto celebrities virtuales y cosechan cientos de seguidores.

"Las redes sociales te obligan a ser gracioso y original para que la gente te siga. Hace mucho que no escribo en la red porque no tengo nada inteligente ni gracioso para poner...jajaja. Pongo chistes comunes para que sea atractivo pero la verdad que Twitter es para gente 'superdotada' , que no es mi caso", admite Miguel, y se dobla de la risa. Después se calma.

Pero en los últimos años, no solo cambiaron las formas del humor, sino también el contenido. Ya no resultan divertidos los chistes de gallegos o de judíos, típicos de los '80. "Por un lado creo que se volvieron socialmente inaceptables, dejaron de ser graciosos. Por otro lado, es como que ya no va reírse tanto del otro, sino fijarse más en uno mismo", opina Diego Viruel.

La gracia pasa por la vida cotidiana, sostienen los integrantes de QV4. Ellos usan frases, latiguillos y situaciones típicas de las familias para arrancar carcajadas. Lo desopilante pasa por lo autorreferencial, por las desventuras de ser hijo de una madre sobreprotectora, por ser mujer multifuncional, por ser un viejo que intenta adaptarse a la tecnología, por ejemplo.

Reírse de los tucumanos con los tucumanos es la premisa del grupo República del Tucumán. Y todo causa más gracia si hay malas palabras. Cambian formas y contenidos, pero en el humor, según los cómicos, algo se mantiene intacto: su función de criticar lo establecido y de hacer frente a lo que nos angustia.

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