07 Enero 2013 Seguir en 

Los eneros tucumanos de hace varios años son sinónimos de polémicas, de advertencias, de posibles conflictos entre docentes y el Gobierno. Los circunloquios suelen prolongarse hasta fines de febrero o comienzos de marzo. El anuncio oficial de que el ciclo lectivo se iniciará el 25 de febrero para dar respuesta al requerimiento de la Nación de que haya 190 días de clase, ha movilizado al sindicalismo docente y los distintos gremios han expresado su oposición. Consideran que antes es necesario que se desarrolle la discusión salarial en el marco de las paritarias, así como mejorar las condiciones laborales y el estado edilicio de los establecimientos. La ministra de Educación había anunciado que el 6 de febrero deben reintegrarse los supervisores; el 7, los directores, y el 8, los docentes.
Un directivo de la Unión de Docentes Tucumanos señaló que su sector ha planteado, entre otros puntos, la exención del impuesto a las Ganancias, así como un incremento del 50% del sueldo básico, que hoy es de $ 1.790, para atenuar la creciente inflación. Dijo que todos desean 190 días de clases; pero una cosa es estar de acuerdo y otra es implementarlos a cualquier precio y agregó que la maleza llega al techo, los tanques están sin limpiar y falta agua en las escuelas.
La titular del Sindicato Argentino de Docentes Privados afirmó que lo prioritario es llegar a un buen acuerdo paritario, que garantice la recuperación del salario -licuado por la inflación-, para que transcurra un año sin interrupciones. "Si no están cerradas las paritarias tenemos un conflicto en puerta: no iniciaremos las clases si no está definido el salario", advirtió.
La Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales sostuvo que la fecha del inicio de las clases es inconsulta, unilateral e inoportuna y no garantiza el comienzo de la actividad. Indicó que hablaron con el Gobierno del cronograma para la reincorporación del personal administrativo y de los maestros a la actividad interna, pero no del ciclo lectivo.
Como se sabe, las altas temperaturas del estío se prolongan incluso hasta bien avanzado marzo, de manera que es imprescindible que estén dadas las condiciones edilicias, así como la refrigeración adecuada para que alumnos y docentes no sean víctimas del calor. Si llegara a concretarse el anuncio oficial, también podría generarle un problema económico a los padres, en el caso de que los establecimientos privados decidieran cobrar la cuota de ese mes. Se reducen, por otro lado, las vacaciones de familias que sólo pueden disponer de ellas en febrero porque se supone que habrá un adelantamiento de los exámenes.
Son puntos que deberían tenerse en cuenta y consensuarse antes de tomar una medida que afectará a todos. La mayor cantidad de días de clases no necesariamente tiene que ver con la calidad. Pocos lustros atrás, el ciclo comenzaba en marzo y concluía a fines de noviembre, y no se resentía el rendimiento educativo, que seguramente era, en muchos aspectos, mejor que el actual. Cada región tiene sus características climáticas e idiosincrasia propias, de manera que deben respetarse. Seguramente, nadie se opondrás a que haya más educación. Podría debatirse entre todos los sectores del hecho educativo, incluyendo los padres -suelen ser convocados solo para pagar la cooperadora-, acerca de cuál sería el mejor modo de cumplir con los 190 días propuestos la Nación y no implementarlos en forma arbitraria.
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