Lecciones del pacto para evitar el abismo fiscal

06 Enero 2013
La clase política de Estados Unidos ha vuelto a mostrar madurez y responsabilidad para encontrar acuerdos y coincidencias respecto de cuestiones estratégicas y de la agenda de Estado. Pese a la ferocidad de la disputa, demócratas y republicanos lograron llegar a un acuerdo para eludir lo que se conoce como "abismo fiscal" (una dramática mezcla de aumentos de impuestos y grandes recortes de gasto público federal) en el límite del plazo permitido por la legislación vigente. Para ponerlo en perspectiva: este pacto evitó el hundimiento de la mayor economía del mundo en una posible recesión, lo que a su vez habría afectado el crecimiento a nivel global.

Ha sido, justo es decirlo, un triunfo del presidente Barack Obama y que los republicanos que controlan la Cámara de Representantes, se han visto forzados a retroceder en sus pretensiones de hacer caer el acuerdo que se concibió en el Senado. En realidad, ambos partidos cedieron sus pretensiones de máximas para resolver la crisis, y ese es también otro mensaje de seriedad.

La clave del acuerdo es un nuevo y más alto impuesto para los hogares con ingresos por encima de los US$ 450.000 anuales, lo que ganan desde las clases media hacia los escalones más altos. Pero Obama tuvo que revisar considerablemente su definición de "rico": al principio quería que quienes ganaban más de US$ 250.000 pagaran más. Es que uno de los mensajes centrales del mandatario durante la campaña electoral en la que obtuvo la reelección fue que los estadounidenses más ricos debían pagar más impuestos, posición que contrastó con el reclamó republicano que exigían fuertes recortes del gasto público como prioridad para controlar el enorme déficit.

El debate electoral y el de las últimas semanas tuvieron alto voltaje y un elevado nivel: Obama advirtió que no puede haber recortes de gastos a expensas de inversiones en infraestructura, empleo, educación, investigación y nuevas tecnologías; los republicanos insistieron en que el endeudamiento de unos U$S 16.4 billones es completamente inmanejable y que debe tener un techo, al tiempo que impulsaba recortes en las cuentas desde unos U$S 750.000 millones, alrededor de un 5% del PBI de Estados Unidos.

En la primera economía mundial para poder emitir deuda se debe de tener la aprobación del Congreso, según la legislación vigente desde el fin de la Primera Guerra Mundial. En los últimos gobiernos, en especial en el de George W. Bush, el déficit fiscal se disparó, llegando hasta un 10% del PBI en 2009; hoy en día está en esos niveles. Obama, bastante más preocupado por defender la recuperación económica y el mantenimiento de la situación social, ha buscado que los efectos de la crisis y el sobreendeudamiento sea pagado por los sectores más ricos y pudientes, pero tuvo que ceder ante la oposición que rechaza su visión del país. Así surgió un acuerdo anterior sobre el control del presupuesto federal. Sin embargo, ha logrado algunos éxitos económicos porque el aumento de deuda y de liquidez en el mercado han traído consigo una depreciación del dólar, mejorando la competitividad de las exportaciones estadounidenses a tal punto que la gran economía ha mejorado sus perspectivas en 2012, una de las claves del triunfo de Obama. Así ha surgido este pacto presupuestario del primer día de 2013, que oxigena por unos meses el escenario y que servirá para mantener el rumbo de la necesaria recuperación económica de la que el mundo será beneficiario. Y habría que recoger lecciones también de este paso, porque pese al encono y los enfrentamientos entre las fracciones partidarias, los políticos norteamericanos -en su gran mayoría- han privilegiado los acuerdos en las políticas de Estado, antes que en las demandas sectoriales o en sus objetivos particulares.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios