05 Enero 2013 Seguir en 

La falta de lluvia en los campos tucumanos reactualiza la preocupación que envuelve a los agricultores, que transitan los primeros días de 2013 en un escenario de características similares al del año anterior, marcado por la sequía, una caída de la producción, el aumento de los costos y menores ingresos generalizados tanto para el sector, como para la provincia.
Mientras aguardan más y mejores aportes de lluvias, los hombres de campo escrutan por estas horas el rumbo probable del año agrícola, cuando la falta de humedad ya ha marcado la siembra de la soja por estas geografías, que registra apenas un avance de no más del 30%. Por eso comenzaron a sonar las advertencias y alarmas de las instituciones campesinas, en razón de que el cuadro de situación podría derivar en nuevas pérdidas y daños más significativos. Las precipitaciones de Fin de Año y de las primeras horas de este enero llevaron un poco de alivio al mundo sojero que, sin embargo, aún enfrenta estos y otros condicionamientos para poder definir la siembra. Si la escasez de lluvia se mantiene, los agricultores -fundamentalmente del este y sur tucumano, del oeste santiagueño y del sudoeste catamarqueño- deberán volcarse al maíz o al poroto con perspectivas de mayor riesgo, en relación con el rendimiento que genera la soja.
La extensión total sembrada en la temporada 2011-2012 fue de 23.320 hectáreas en la provincia. Esa cifra ya había significado una caída de un 9% respecto de la anterior campaña, a raíz de la sequía de entonces, según datos de la Estación Experimental Agroindustrial (Eeaoc) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Ahora, la disminución del área sembrada por soja se cuadruplicaría, advirtió la Sociedad Rural de Tucumán. El rendimiento promedio en Tucumán fue un bajísimo 1.230 kilogramos por hectárea; lo que implicó una pérdida de entre el 60% y el 65% de producción. La sequía había provocado pérdidas durante el ciclo de cultivo; ahora, en el sector prevén una baja aún más relevante ante el actual déficit climatológico para el campo. Pero, el panorama climático, no es homogéneo en todo el país; en las principales zonas productoras las perspectivas son realmente alentadoras, a tal punto que el Ministerio de Agricultura calculó la cosecha de soja de la actual campaña podría finalizar en un récord de entre 55 y 58 millones de toneladas. Así, en medio de esta diversidad agrícola, toma fuerza el reclamo que han comenzado a expresar la dirigencia ruralista de la provincia, respecto de la situación de quebranto que una gran cantidad de agricultores enfrenta desde el año pasado, a tal punto que las dificultades financieras resultantes impidieron el cumplimiento de contratos para renovar agroquímicos o combustibles, entre otras obligaciones.
Estas luces de advertencias deberían ser también un llamado de atención para el Gobierno local y las áreas de competencias, toda vez que una nueva disminución del rendimiento económico del espacio sojero -es el principal afectado hasta ahora- impactará de lleno en la economía provincial. Frente a un ciclo agrícola de flojo desempeño como el que se decantó en 2012 para Tucumán (además del declive sojero, hubo una baja en el citrus y un menor ingreso por los bajos precios del azúcar) y ante estas perspectivas críticas para 2013 correspondería una actitud de entendimiento y de apoyo por parte de los poderes públicos, a través de medidas de estímulos o de iniciativas que quiten presiones que puedan agregar incertidumbre.
Mientras aguardan más y mejores aportes de lluvias, los hombres de campo escrutan por estas horas el rumbo probable del año agrícola, cuando la falta de humedad ya ha marcado la siembra de la soja por estas geografías, que registra apenas un avance de no más del 30%. Por eso comenzaron a sonar las advertencias y alarmas de las instituciones campesinas, en razón de que el cuadro de situación podría derivar en nuevas pérdidas y daños más significativos. Las precipitaciones de Fin de Año y de las primeras horas de este enero llevaron un poco de alivio al mundo sojero que, sin embargo, aún enfrenta estos y otros condicionamientos para poder definir la siembra. Si la escasez de lluvia se mantiene, los agricultores -fundamentalmente del este y sur tucumano, del oeste santiagueño y del sudoeste catamarqueño- deberán volcarse al maíz o al poroto con perspectivas de mayor riesgo, en relación con el rendimiento que genera la soja.
La extensión total sembrada en la temporada 2011-2012 fue de 23.320 hectáreas en la provincia. Esa cifra ya había significado una caída de un 9% respecto de la anterior campaña, a raíz de la sequía de entonces, según datos de la Estación Experimental Agroindustrial (Eeaoc) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Ahora, la disminución del área sembrada por soja se cuadruplicaría, advirtió la Sociedad Rural de Tucumán. El rendimiento promedio en Tucumán fue un bajísimo 1.230 kilogramos por hectárea; lo que implicó una pérdida de entre el 60% y el 65% de producción. La sequía había provocado pérdidas durante el ciclo de cultivo; ahora, en el sector prevén una baja aún más relevante ante el actual déficit climatológico para el campo. Pero, el panorama climático, no es homogéneo en todo el país; en las principales zonas productoras las perspectivas son realmente alentadoras, a tal punto que el Ministerio de Agricultura calculó la cosecha de soja de la actual campaña podría finalizar en un récord de entre 55 y 58 millones de toneladas. Así, en medio de esta diversidad agrícola, toma fuerza el reclamo que han comenzado a expresar la dirigencia ruralista de la provincia, respecto de la situación de quebranto que una gran cantidad de agricultores enfrenta desde el año pasado, a tal punto que las dificultades financieras resultantes impidieron el cumplimiento de contratos para renovar agroquímicos o combustibles, entre otras obligaciones.
Estas luces de advertencias deberían ser también un llamado de atención para el Gobierno local y las áreas de competencias, toda vez que una nueva disminución del rendimiento económico del espacio sojero -es el principal afectado hasta ahora- impactará de lleno en la economía provincial. Frente a un ciclo agrícola de flojo desempeño como el que se decantó en 2012 para Tucumán (además del declive sojero, hubo una baja en el citrus y un menor ingreso por los bajos precios del azúcar) y ante estas perspectivas críticas para 2013 correspondería una actitud de entendimiento y de apoyo por parte de los poderes públicos, a través de medidas de estímulos o de iniciativas que quiten presiones que puedan agregar incertidumbre.
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