23 Diciembre 2012

CRÓNICAS
SAM NO ES MI TÍO
AILEEN EL KADI Y DIEGO FONSECA (COMPILADORES)
(Alfaguara - Buenos Aires)


¿Cómo viven los latinoamericanos en EEUU? ¿Cómo se construyen los imaginarios? ¿Cómo mutan? ¿Por qué mutan? ¿Los latinos son anacoretas en un desierto de monolingües o son felices ciudadanos en la torre de Babel? ¿Cómo se elabora y cambia el sueño americano? Estas preguntas tienen una variedad de respuestas en la antología de crónicas migrantes editada por Aileen El Kadi y Diego Fonseca. El volumen, heterogéneo, compila textos de autores latinoamericanos que viven o vivieron en diversas ciudades de EEUU.

En el prólogo, los editores enfrentan el problema de la migración y entienden que la relación de los latinoamericanos con EEUU es contradictoria, ambigua, y que implica fascinación y rechazo. Vivimos en el tiempo de las identificaciones y no de las identidades, afirman. La crónica, género poroso, permite dar cuenta de las modificaciones en las perspectivas.

Travesías, de Aileen El Kadi, abre el volumen y cuenta los múltiples desplazamientos territoriales y lingüísticos de la autora. Entre la crónica autobiográfica y la reflexión sobre las identificaciones, El Kadi se cuestiona qué es ser latino en EEUU. Lejos del lugar común, su crónica depara preguntas antes que respuestas.

Hernán Iglesias Illa cuenta el día en el que le dieron la preclara green card, anhelada tarjeta de ciudadanía. Con soltura y maestría, Iglesias rompe el cristal del paraíso y habla de la supuesta conquista como si fuera un día anodino. El tono parsimonioso y desencantado de la crónica dice mucho sobre cómo ha cambiado la mirada de ciertos intelectuales sobre EEUU.

La minuciosa y cambiante vida de un comerciante colombiano en Miami (que pasa de la gloria a la bancarrota) es el objeto de la crónica de Diego Fonseca. Las reflexiones de Fonseca son atinadas y precisas y desembocan en una frase memorable: "todo sueño tiene un anverso odioso y pedestre malamente llamado realidad". Esta frase podría funcionar como clave de bóveda para pensar en qué consiste el sueño americano y cómo los latinos han comprado ese sueño.

Claudia Piñeiro viaja a Miami con el arquetipo repetido que le han entregado las generaciones de argentinos. Piñeiro no sólo confirma sus decepciones sino que cuenta con encanto el horror que vive en el laberinto interior de un país que desconoce.

Eloy Urroz y Daniel Alarcón manifiestan perspectivas opuestas sobre la lengua inglesa: Urroz se siente un anacoreta en el desierto de los monolingües y Alarcón, en cambio, ve una Babel rica y despiadada en el vasto territorio norteamericano. Con humor, Joaquín Botero cuenta cómo vive el sueño americano mientras corta quesos con un cuchillo filoso en una prestigiosa tienda de Nueva York.

Jon Lee Anderson narra su experiencia de juventud en el pequeño poblado de Fresno, en California. En una pequeña fábrica trabajó al lado de obreros que eran en su mayoría mexicanos y cuyo patrón era un azteca que defendía los intereses del dueño yanqui. Al narrar cómo rechazó la explotación más vil, Anderson recuerda su iniciación en la lengua extranjera y en la convivencia con los inmigrantes vapuleados.

Jorge Volpi cierra el volumen con un ensayo sobre la frontera: el autor mexicano recuerda el crimen que dio inicio a la ciudad en Roma y analiza la novela 2666, de Bolaño, para exponer la equívoca y conflictiva visión contemporánea de las fronteras.

Miradas y preguntas

Sam no es mi tío es un libro contradictorio, heteróclito, vivo, que no busca el consenso sino la discusión y el cuestionamiento de las miradas estancadas sobre EEUU. Lejos del manual y de la simplista guía de viaje es un indirecto y maleable mapa generacional. Muestra cómo han variado los imaginarios de los ciudadanos de clase media intelectual respecto de las generaciones anteriores. En ese sentido, el libro es un termómetro, una máquina que mide el tiempo de la migración, de la frontera (lo hace sin ambages y con sugestivas dobleces). Lejos del rechazo al imperio de la generación sesentista, los autores del libro expresan una fascinación imprudente y una mirada desencantada y pragmática a partir de la dura experiencia de vivir en el gran país del norte después del 9/11.

Las diversas miradas sobre el problema, hacen que el lector se pregunte, de nuevo: ¿cuál es la función de la crónica? ¿De qué modo registra los cambios en el complejo proceso de las identificaciones con EEUU? ¿Cómo se construyen los sueños "americanos"?

© LA GACETA

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Por Fabián Soberón

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