Las consecuencias de la anomia boba

Por Horacio Madkur - Prof. Derecho Comercial - Fac. Derecho UNT

18 Noviembre 2012
Carlos S. Nino en su libro "Un país al margen de la ley" caracterizaba a la corrupción como un fenómeno de anomia boba es decir una situación social en donde el incumplimiento normativo en vez de generar beneficios a los sujetos que la practicaban, los llevaba inexorablemente a una peor situación social, en general a una conducta ineficiente. Ejemplificaba que los sujetos que participaban de un caso de corrupción se encuentran ante un horizonte de decisiones que puede ser analizado en la Teoría de Juegos bajo el esquema del "dilema del prisionero" y en otras ocasiones de "free rider".

Para entender esto último imagine el lector una autopista en la que esté prohibido adelantarse a otro por el carril de la izquierda; pero toda ella tiene un congestionamiento: un "colado" tendrá incentivos para usar el carril de la izquierda y avanzar; pero si esta conducta se generaliza, ese carril también se congestiona. Ergo, la "corrupción" generalizada de la Argentina, a la larga no beneficia ni siquiera a los corruptos. Una condición necesaria para la existencia de la corrupción está dada por la "opacidad" de la administración y por la excesiva reglamentación que se somete a los ciudadanos. Basta observar las páginas web de los diversos municipios de la provincia para constatar la falta total de acceso a la información. Esto impide primero conocer la norma, pero concomitante la existencia de una inflación reglamentaria genera todo un mecanismo de incentivos a la "corrupción". Peor aún, esta falta de información y el caos normativo ocasionan que al final de su día, y sin saberlo, un argentino habrá infringido una norma.

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