"Todos ocultamos algo"
Villa Gessell, ciudad en la que vive el destacado novelista porteño, es el disparador de su última novela. Pero la historia remite a una sociedad chica que puede estar emplazada en cualquier lugar de la Argentina y que sirve para leer al país. "Si una ventaja tiene el pueblo es que permite ver en primer plano conductas que no se comprenden a veces en la lectura de los diarios, la tele, los medios", afirma el autor.
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Por Hernán Carbonel - Para LA GACETA - Salto (Provincia de Buenos Aires)
- Cámara Gesell conjuga aquello de "Pinta tu aldea" con la idea de "Pueblo chico, infierno grande", ¿no?
- Estoy convencido de que la historia colectiva se comprende siempre desde una perspectiva que comprende lo privado, lo íntimo. Digamos, la relación del uno con el todo. Desde este punto de vista, mi novela no es sobre Villa Gesell -territorio disparador de la novela-, sino sobre una Villa que puede ser tanto Bariloche como cualquier otro espacio turístico -o no necesariamente turístico-, una sociedad chica desde la cual leo el país. Si una ventaja tiene el pueblo es que permite ver en primer plano conductas que no se comprenden a veces en la lectura de los diarios, la tele, los medios. Se trata de la dialéctica entre individuo y sociedad. Una acción de bisturí que no ejercen los medios más preocupados por el amarillismo que por la comprensión de las tensiones de la realidad social. Hablo del resentimiento, la frustración, la caída social y también, aunque escasea, la solidaridad.
- El título alude a las salas divididas en dos, con "un espejo unidireccional", que suele utilizar la policía para los interrogatorios. ¿Usted fue un poco eso, el que observaba y oía desde el otro lado, sin que el otro supiera que era oído y observado?
- El título tiene la palabra Gesell, pero no alude a la Villa en que vivo (ni a su fundador), como a la creación de Arnold Lucius Gesell, un médico pediatra norteamericano que en los años 30 inventó esta cámara tan vista hoy en el cine negro. A la cámara, en su origen, Arnold Gesell la empleó para estudiar poscomportamientos de pibes con problemas. Ahora, en lo judicial, se practica el interrogatorio y de este lado se lo puede ver sin que te vean. La intención del título es plantear que hay una comunidad entera que está judicializada. De los 40.000 habitantes de la Villa real hay 400 prontuariados de ambos sexos y todas las edades: chorros, pungas, violadores, dealers, golpeadores, estafadores, etcétera, etcétera. Dudo que esta estadística sea patrimonio del lugar en que vivo, mi "lugar en el mundo". Como escritor, esta perspectiva, la de la cámara Gesell, me permitía ver la realidad desde un lugar de testigo moral. Todos somos interrogados, todos ocultamos algo, todos somos observados, todos somos sospechosos. La sociedad es panóptica. Y como escritor decidí apelar a este enfoque para comprender desde abyecciones a solidaridades. El escritor, lo quiera o no, mira, escucha -sobre todo, escucha- cuenta y juzga. Y debe hacerse cargo de su mirada que, a veces, suele ser no sólo de testimonio sino de denuncia. Es decir, en el afán de encontrar una buena historia, uno se enfrenta con uno y también con los otros.
- Usted cuenta en la novela una multiplicidad de historias y relaciones interpersonales de "la Villa". En página 120 dice "De verdad pasó". ¿Hasta qué punto es realidad y hasta qué punto ficción lo que se cuenta en Cámara Gesell?- La novela es una ficción. Cámara Gesell no es un texto periodístico, sino de narración ficcional. Determinados hechos de la realidad funcionaron como disparadores de la imaginación. La ficción, si una virtud tiene, es que permite ir más allá del mero periodismo, de la crónica. Eso de "esto pasó" no es lo que garantiza la verosimilitud, sino la forma en que uno lo cuenta. Suele ocurrir -por desgracia- que aquello que uno imagina se queda chico comparado con la realidad, no la realidad de la literatura sino la que vivimos. El periodista necesita probar que quien le testimonia ponga el gancho, se identifique y se comprometa. En una sociedad careta y de doble discurso, esto suele implicar que, por miedo o negación, quien testimonia no se quiera comprometer. Desde la escritura de ficción uno cuenta con la libertad de imaginar, aventurar cómo fue un hecho. Y por lo general, si no acierta, le pega en el poste. También, muchas veces, se queda corto. Se dice que la realidad suele superar a la ficción. No siempre es así. Y este es el caso. Mi novela es un reflejo pálido de una realidad bastante más cruda.
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PERFIL
Guillermo Saccomanno nació en Buenos Aires, en 1948, y vive en Villa Gessell. Ganó el Premio Crisis de Narrativa Latinoamericana, el Premio Club de los XIII, el Primer Premio Municipal de Cuento, el Premio Nacional de Novela, el Premio Biblioteca Breve Seix Barral y el Premio Dashiell Hammett. Su último libro es Cámara Gessell. Por el anterior, Un maestro (2011), recibió el Premio Rodolfo Walsh. Es colaborador de Página/12.








