"Uno de los problemas más graves que tiene la provincia es el sistema de aportes. Aunque se lo conceptúe como del 100%, no es real porque los colegios privados deben asumir las cargas de obra social y jubilación. Las cuotas que se cobra a los alumnos en el caso de los parroquiales son ínfimas y no alcanzan para cubrir la erogación de las cargas sociales. Además, los gastos de funcionamiento son altísimos", afirma la secretaria general de Sadop (docentes privados), Teresa de Ramayo.
"El aporte que hace la escuela privada es muy importante porque el Estado se desentiende del mantenimiento de los edificios. Solo paga salarios pelados", remarca. Sin embargo, hace falta que se revise el sistema de aportes, porque genera muchas desigualdades, sobre todo con las escuelas que han crecido mucho en los últimos años y que ya no necesitan tanto el aporte porque se pueden sostener con las cuotas que cobran a los alumnos", advierte la dirigente.
Las desigualdades vienen de la época en que las escuelas fueron trasladadas de la Nación a la Provincia.
"El Estado aún no reconoce el rol social de algunos colegios privados. No se cubren todas las horas, faltan materias como inglés o tutoría y el gabinete psicopedagógico. Los sueldos de los conserjes han sido congelados en agosto de 2005 y no se tuvo en cuenta el crecimiento vegetativo", enumera Ramayo.
El contexto social
Stella Maris Gutiérrez, secretaria gremial de Sadop, destaca el hecho de que no se tiene en cuenta el contexto social de muchas escuelas parroquiales o que pertenecen a fundaciones como "Solidaridad y Paz". "Hay una gran heterogeneidad en la escuela privada que no se está advirtiendo", añade.
También es diferente el perfil del docente de estos colegios parroquiales que no van por Junta de Clasificación. Generalmente es un proyecto de excelencia, donde el profesor tiene una dedicación y un compromiso muy especial.









