Don Salim pone marcha atrás en el reloj

El almacenero abrió la despensa más vieja de Chacras al Oeste hace más de 40 años

CON LOS OJOS CELESTES DE SU PADRE LIBANÉS. Don Salim sonríe adentro del almacén que fundó en 1967. LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO CON LOS OJOS CELESTES DE SU PADRE LIBANÉS. Don Salim sonríe adentro del almacén que fundó en 1967. LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO
10 Septiembre 2012
El 103 pasa ruidoso por la calle; atrás, avanza una larga fila de autos cuyos conductores prefieren la transitada Alsina a la desbordada Roca del mediodía. Por las veredas de las casas bajas (algunas con paredes grises por el paso del tiempo) caminan mujeres con bolsas para las compras, un lustrín cuyo cajón está pintado con los colores de San Martín y algunos vecinos viejos, de esos que conocen la historia del barrio. Pero seguramente ninguno la puede contar con tantos detalles como Salim Elías Herrera. A medida que sus palabras fluyen, el asfalto se vuelve tierra, las casas se desintegran, en sus terrenos empiezan a crecer a una velocidad impresionante los árboles frutales de las quintas y desaparece el hollín que enturbia el cielo. El tiempo vuelve atrás y solo queda en pie el almacén que Don Salim atiende desde 1967. Allí existe una norma de casi medio siglo: los chismes no entran, pero tampoco salen.

El almacenero de 81 años es una institución en el barrio Chacras al Oeste (posiblemente pocos de los que viven en la zona sepan el nombre completo del vecindario). Vive junto al almacén que abrió a fines de la década del 60 y al que le dedicó su vida. "Donde ahora están esas casas -recuerda mientras señala la vereda de enfrente de su casa, en Alsina al 3.000- había una quinta que arrendaba mi tío. Él se enteró de que vendían esta propiedad y le dijo a mi mamá que la compre. Solamente había árboles frutales, una habitación y una letrina; hasta encontrabas perdices en este lugar".

En esa habitación, a la que le calcula más de 100 años, Don Salim abrió el almacén "Migfel". "Le puse ese nombre por Miguel, mi suegro, y por Felipe, mi padre. Cuando empecé con el negocio los dos ya habían muerto, pero estoy seguro de que sus almas me ayudaron a progresar", reflexiona desde la silla instalada en el garage de su casa y desde la que ve avanzar la mañana movida del barrio.

Pantano rojo

Don Salim cuenta que durante sus primeros años en la zona debía caminar con su esposa Lilia Elías (falleció hace un año) hasta Roca y Lavalle (unas 15 cuadras) para tomar el colectivo que iba al centro. "Cuando llovía, la Roca, que era un camino de tierra, se convertía en un pantano de barro rojo. Entonces, solo se podía pasar con botas. Eso sí: antes de tomar el ómnibus las dejábamos en lo de algún conocido y nos las volvíamos a poner cuando regresábamos a la casa", cuenta.

Si bien Don Salim se queja porque desde hace varios años se viene haciendo difícil mantener el almacén (a pocas cuadras funcionan dos supermercados), revela la clave para trabajar durante 45 años: "En primer lugar, hemos tenido excelentes vecinos. Además, nos hemos convertido en confidentes de muchos de ellos. Los clientes sabían que no solo podían venir a comprar mercadería, sino también a contarnos sus problemas". Y, como para marcar una diferencia con otros negocios -del rubro o no-, este hijo de padre libanés y de madre siria agrega: "eso sí, acá nunca entraron chismes del barrio; tampoco salió ninguno".

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