Las costumbres de las musulmanas en Tucumán

En nuestra provincia hay unas 150.000 mujeres de ese origen, con distintos grados de práctica religiosa.

DOS ESTILOS. Liliana es más “occidental” y Leyla sigue más estrictamente la cultura musulmana. DOS ESTILOS. Liliana es más “occidental” y Leyla sigue más estrictamente la cultura musulmana.
07 Septiembre 2003
Hasan mira a su madre que lo sostiene en brazos y señala con el dedo al cielo. ¡Allahu Akbar! (¡Alá es el más grande!), exclama, repitiendo lo que escucha tantas veces en casa. Es que los musulmanes rezan 5 veces al día. Su madre ríe orgullosa. Ella es una de las pocas musulmanas de Tucumán que usan el hiyab (pañuelo) para cubrirse la cabeza. También lo hacen su hija, Batul, de 12 años, y su hermana. "Pero no es una obligación. De hecho, la mayoría no lo usa", dice Leyla Younes de Aid, hija de inmigrantes sirios que se establecieron hace años en Monteros. Leyla no sólo es la esposa del sheij de la mezquita El Mártir; también enseña cultura islámica e idioma árabe, coordina actividades benéficas, es técnica en Ceremonial y Protocolo y estudia Escribanía en la Facultad de Derecho de la UNT.
En Tucumán hay unas 150.000 mujeres de origen musulmán; entre las que practican la religión la mayoría estudia o tiene un profesión. Hoy, en oportunidad del Día de la Mujer en el Islam, LA GACETA reunió a dos de ellas -con distintos grados de compromiso religioso- para saber cómo se sienten en el mundo occidental.

Menú saludable
Liliana Tefaha de Chabán es médica -casada con un colega musulmán- y docente de la Facultad de Medicina de la UNT. Nadie se entera de su religión hasta la hora de compartir una comida, cuando debe dar alguna explicación. "Nuestro menú es muy sano y saludable. No sólo no comemos cerdo, sino tampoco animales silvestres como corzuelas, conejos, quirquinchos o ranas, reptiles ni mariscos. Sí, en cambio, aves, carne vacuna y pescado (sin columna vertebral y con escamas)", dice. Leyla agrega que el animal debe estar faenado de acuerdo con el rito islámico, en nombre de Dios. "Y en Tucumán hay una sola carnicería donde podemos comprarla; el carnicero es musulmán", añadió. Además de la dieta, los musulmanes se levantan temprano y casi no tienen vida nocturna; y les está prohibido beber alcohol.

Trabajo, la dote, los chicos
Aunque marcan sus diferencias, confiesan que jamás se han sentido discriminadas. Mientras Leyla cubre sus brazos (en invierno y verano) y no deja su pañuelo, Liliana viste un sobrio tailleur. "Contariamente a lo que se piensa, el Islam contempla de manera primordial y relevante la posición de la mujer. Ella puede estudiar y trabajar, sin estar obligada a aportar al hogar. Según el Corán, todo lo que la mujer herede u obtenga como fruto de su trabajo es para ella, porque el hombre tiene a su cargo el sostén del hogar", explica.
"También la costumbre de la dote está mal interpretada", aclaran. "En realidad, es un obsequio que recibe la mujer en ocasión de su casamiento. Puede ser dinero o algún valor material (joyas o propiedades). Pero es sólo para ella, no para su padre. Le sirve como garantía ante la posibilidad de separación o para no quedar desamparada en caso de que muera su esposo. En los países islámicos es muy común que ella pida joyas; aquí, en Tucumán, puede ser dinero", cuenta.

Nadar contra la corriente
Pero sin duda lo más difícil para una mujer musulmana es la educación de sus hijos. "Es como nadar contra la corriente, en una sociedad donde la mayoría tiene costumbres diferentes", se lamenta Leyla. "Es difícil cuando por ejemplo los compañeros de los chicos salen en grupo y quieren ir a bailar y volver a las 6 de la mañana. Yo le digo a mi hija, que tiene 15 años, que hay cosas que no porque sean comunes son correctas -dice Liliana-. Pero creo que el tema no pasa sólo por ser musulmán, sino por la edad y por lo que está bien o no. Con mi hija discutimos y ella termina aceptando. Sabe que hay veces que el ?no? es innegociable".

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