El general José María Paz fue uno de los oficiales que vio más de cerca a Belgrano en sus campañas. En sus famosas "Memorias póstumas", Paz se detiene a evocar su carácter. Aunque lo considera patriota a carta cabal y de una entereza moral "a toda prueba", apunta que "a estas cualidades eminentes reunía cierta ligereza de carácter para juzgar a los hombres con quienes trataba, lo que le produjo equivocaciones notables". En ese sentido, "las primeras impresiones tenían en él una influencia poderosa". Por eso "se dejaba alucinar con mucha facilidad, y hemos visto oficiales, y aún individuos de tropa, que no eran más que charlatanes, que le merecieron un gran concepto de valientes y arrojados". En cuanto a su valor personal, "en lo crítico del combate, su actitud era concentrada, silenciosa, y parecían suspensas sus facultades". Se limitaba a escuchar y aceptaba las sugerencias razonables, "pero cuando hablaba, era siempre en el sentido de avanzar sobre el enemigo". Para Paz, "su valor era más bien cívico que guerrero", como el de aquellos senadores romanos "que perecían impávidos sentados en sus curules".