TALENTOSOS. González Jazey y Annelisse Skovmand, pura inspiración. LA GACETA / FOTO DE RICARDO REINOSO
Pablo González Jazey recuerda que su primera profesora de guitarra le enseñaba solamente los acordes de zambas y chacareras. "Un día, en mi casa encontré un disco de Los Beatles, de mi viejo. Se lo robé y lo puse en un Ken Brown, a la siesta, y me volví loco. Cuando le dije a la profe de hacer temas de Los Beatles me sacó vendiendo almanaques. Entonces me fui a Casa Verdi, que estaba en el centro, donde tenían una partitura de Los Beatles -recordó-. La compré, y cuando la abrí no entendía nada. Entonces me dispuse a aprender ese lenguaje que era nuevo para mí. Ahí lo conocí a José Luis Conde. El se rió un poco de mi propósito, pero me enseñó. Y a la par de Lennon y McCartney me hacía conocer los clásicos, tocando obras de Carulli, de Giuliani. De golpe, ya me gustaban también. Nunca abandoné a Los Beatles, pero incorporé todo lo demás".
A la pasión por la guitarra, González Jazey la reafirmó cuando escuchó a Carlos Podazza y el inolvidable dúo que formaba con Rubens Sacher. "Iba a escucharlo a Carlos en cuanto recital podía, verlo pasar de un estilo a otro... ¡qué buen gusto tiene! Nunca estudié en su academia, pero era como si hubiera sido mi maestro", reconoció. Hoy se dará el gusto de tocar con Podazza, en la Casa del Bicentenario de Yerba Buena. Será un repertorio de autores tucumanos o vinculados con la provincia.
La música se comparte
Desde niña, cuando vivía en Florida (EEUU), Annelisse Skovmand quiso ser cantante lírica. Sus amiguitos la miraban como a un bicho raro. Ella estudió canto e hizo realidad sus sueños. Por entonces, poco conocía de la música argentina: algo de Piazzolla y de Gardel. Pero no le importaba, porque cantaba óperas en Boston. Hasta que un día conoció a quien sería su pareja: Pablo González Jazey, que le hizo escuchar a Mercedes Sosa. Cuenta que fue como abrir la puerta a un mundo nuevo.
Años después, en guitarreadas tucumanas de sobremesa, quedó asombrada. "Fue al ver cómo la música está tan viva y tan presente aquí en el quehacer cotidiano y es compartida de una forma tan natural -comentó-. Cuando vi bailar la zamba, en una muestra que hubo en el centro cultural Virla, me emocioné hasta las lágrimas. Y la otra cosa que me impacta mucho de la música argentina es la letra, la poesía. Me acuerdo cuando escuché por primera vez 'Guitarra dímelo tú' (de Yupanqui). Es profunda, muy universal y a la vez tiene color local".
Cumbias en partituras
González Jazey siempre buscó un puente entre lo popular y lo clásico. En Estados Unidos estudiaba en el Instituto Clásico y a dos cuadras estaba la famosa Berkeley, donde es todo música popular. "Tocan hasta las cumbias de los Wawancó, pero todo está escrito en partituras. Así que eso también es académico. Pero, por otro lado, si uno toca exactamente lo que dice la partitura todo suena muy chato. Lo popular y lo clásico necesitan esos raptos de inspiración que le ponen matices diferentes a las obras. Siempre recuerdo algunos vibratos que hacía Yupanqui en la guitarra, o una nota sucia puesta tan bien en ese lugar, que es irremplazable por otra nota".
En las canciones, el guitarrista cree en lo que decían Schubert y Schumann: la letra manda. "El virtuosismo del acompañamiento es pasar desapercibido y resaltar lo que está diciendo el cantante -explicó-. Con Annelisse hicimos un disco con obras de Guastavino y de Ginastera, que son autores académicos, pero les dimos un sabor más popular. Después incorporamos al pianista Manuel Arroyo y formamos el grupo Rosa Incaica, con un sondo diferente".
Ahora el grupo prepara la grabación de un disco en vivo con un cuarteto de cuerdas y varias figuras invitadas, como Juan Falú, Teresa Parodi, Raúl Carnota y Lucho Hoyos. Allí harán un homenaje al Chango Farías Gómez, temas de autores tucumanos, como Néstor Soria, Pepe Núñez, Juan Falú, y -curiosamente- una zamba de AstorPiazzolla, titulada "Aire de la zamba niña", con letra de Pocha Barros.
A la pasión por la guitarra, González Jazey la reafirmó cuando escuchó a Carlos Podazza y el inolvidable dúo que formaba con Rubens Sacher. "Iba a escucharlo a Carlos en cuanto recital podía, verlo pasar de un estilo a otro... ¡qué buen gusto tiene! Nunca estudié en su academia, pero era como si hubiera sido mi maestro", reconoció. Hoy se dará el gusto de tocar con Podazza, en la Casa del Bicentenario de Yerba Buena. Será un repertorio de autores tucumanos o vinculados con la provincia.
La música se comparte
Desde niña, cuando vivía en Florida (EEUU), Annelisse Skovmand quiso ser cantante lírica. Sus amiguitos la miraban como a un bicho raro. Ella estudió canto e hizo realidad sus sueños. Por entonces, poco conocía de la música argentina: algo de Piazzolla y de Gardel. Pero no le importaba, porque cantaba óperas en Boston. Hasta que un día conoció a quien sería su pareja: Pablo González Jazey, que le hizo escuchar a Mercedes Sosa. Cuenta que fue como abrir la puerta a un mundo nuevo.
Años después, en guitarreadas tucumanas de sobremesa, quedó asombrada. "Fue al ver cómo la música está tan viva y tan presente aquí en el quehacer cotidiano y es compartida de una forma tan natural -comentó-. Cuando vi bailar la zamba, en una muestra que hubo en el centro cultural Virla, me emocioné hasta las lágrimas. Y la otra cosa que me impacta mucho de la música argentina es la letra, la poesía. Me acuerdo cuando escuché por primera vez 'Guitarra dímelo tú' (de Yupanqui). Es profunda, muy universal y a la vez tiene color local".
Cumbias en partituras
González Jazey siempre buscó un puente entre lo popular y lo clásico. En Estados Unidos estudiaba en el Instituto Clásico y a dos cuadras estaba la famosa Berkeley, donde es todo música popular. "Tocan hasta las cumbias de los Wawancó, pero todo está escrito en partituras. Así que eso también es académico. Pero, por otro lado, si uno toca exactamente lo que dice la partitura todo suena muy chato. Lo popular y lo clásico necesitan esos raptos de inspiración que le ponen matices diferentes a las obras. Siempre recuerdo algunos vibratos que hacía Yupanqui en la guitarra, o una nota sucia puesta tan bien en ese lugar, que es irremplazable por otra nota".
En las canciones, el guitarrista cree en lo que decían Schubert y Schumann: la letra manda. "El virtuosismo del acompañamiento es pasar desapercibido y resaltar lo que está diciendo el cantante -explicó-. Con Annelisse hicimos un disco con obras de Guastavino y de Ginastera, que son autores académicos, pero les dimos un sabor más popular. Después incorporamos al pianista Manuel Arroyo y formamos el grupo Rosa Incaica, con un sondo diferente".
Ahora el grupo prepara la grabación de un disco en vivo con un cuarteto de cuerdas y varias figuras invitadas, como Juan Falú, Teresa Parodi, Raúl Carnota y Lucho Hoyos. Allí harán un homenaje al Chango Farías Gómez, temas de autores tucumanos, como Néstor Soria, Pepe Núñez, Juan Falú, y -curiosamente- una zamba de AstorPiazzolla, titulada "Aire de la zamba niña", con letra de Pocha Barros.








