En el Centro Cultural Eugenio Flavio Virla, anoche sólo faltó el café. Fue como esos encuentros de amigos que recuerdan anécdotas y comparten diagnósticos. No faltó el humor; esas chanzas de antiguos compañeros de ruta que comparten una misma pasión: la economía. Como la de Juan Carlos de Pablo a Víctor Elías, pidiéndole ayer, en público, que se sacara la clásica gorra del economista tucumano ("es un sello personal; no por la falta de pelo", dijo quien la renueva desde 1969 cuando se doctoró en Chicago y aún conserva la original). Este, a su vez, durante la presentación recordó el paso de De Pablo -a quien conoce desde hace casi medio siglo- por la Dirección de Precios ("juró no volver", ironizó). De Pablo también repartió más ironías cuando exclamó, ante un auditorio poblado de economistas, académicos y hombres de negocios, que el Gobierno "intentó que la UNT, junto con otras cuatro universidades, bendijera las barbaridades del Indec". "Eso que parece una barbaridad (el modo de medir la inflación) es una barbaridad le dijeron las universidades y hay que felicitarlas", afirmó. Claro que en la otra punta de la mesa estaba Juan Mario Jorrat, que integró aquel comité que debía evaluar las estadísticas oficiales y sólo atinó a sonreír. Así arrancó el Foro de Economía, organizado para festejar los 64 años del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNT (Inveco), hoy dirigido por Ana María Cerro. Y en ese encuentro, Jorrat y otro invitado, el economista senior de FIEL, Abel Viglione, mostraron las pruebas que muestran que la Argentina está en recesión.
"Estamos en recesión y no sabemos cuánto puede durar", sentenció en su análisis Jorrat. Sin abandonar el sentido del humor, el experto indicó que no hay mal que dure cien años. Y este mal económico no lo será, acotó al explicar que el promedio de las recesiones en el país ha sido de 14 meses.
Jorrat volvió sobre el problema de los precios. Por el lado externo, indicó que hay un rebote interesante que puede ser favorable para la actividad económica argentina. Claro que el problema sigue siendo doméstico, el choque entre las estadísticas oficiales y las de las consultoras privadas. En este diagnóstico, el experto subrayó que en tiempos de recesiones esa inflación suele desacelerarse. "La caída del consumo frenará el incremento de los precios", expuso. Pero también alertó de que hay que observar la otra cara de la moneda, la base monetaria. En este aspecto, recordó que al 30 de mayo pasado el dinero emitido por el Banco Central creció en torno de un 32% interanual. "Es demasiado", indicó. Y acotó: "si el nivel de actividad económica está cayendo, es posible que la inflación interanual sea del 30%. No hay claridad acerca de la política monetaria ni del control del gasto".
Luego de Jorrat fue el turno de Viglione que tituló su charla "Argentina: esperando el desenlace". Desde el principio, el economista de FIEL marcó su diferencia con el diagnóstico oficial. "El mundo no se nos cayó encima", dijo. Desde esa perspectiva, no cree que, si hay crisis, esta sea de magnitud. "Pero la situación obliga a tomar algún tipo de determinación que puede significar costos políticos y económicos", relató. Viglione está seguro de que los controles cambiarios llegaron para quedarse. Tanto como aquel día que, siendo profesor de Análisis Matemático II, le puso un seis de nota al que hoy impulsa el cepo, el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. "Aprobó" la materia, señaló ante una consulta del auditorio.
Viglione trató de demostrar, con números, que en el poder del subsidio estatal subyace la base política y electoral de la gestión de Cristina Fernández. Pero también un posible problema si cae el salario real o sube el desempleo. "En 2006, el 21% de la población dependía del Estado. Hoy es el 32%, casi 14 millones de personas", argumento.
Sentados alrededor de la mesa, los amigos coinciden en su diagnóstico: el final sigue abierto y dependerá de las medidas que adopte el gobierno para corregir el rumbo económico, con menos intervención en el mercado.
"Estamos en recesión y no sabemos cuánto puede durar", sentenció en su análisis Jorrat. Sin abandonar el sentido del humor, el experto indicó que no hay mal que dure cien años. Y este mal económico no lo será, acotó al explicar que el promedio de las recesiones en el país ha sido de 14 meses.
Jorrat volvió sobre el problema de los precios. Por el lado externo, indicó que hay un rebote interesante que puede ser favorable para la actividad económica argentina. Claro que el problema sigue siendo doméstico, el choque entre las estadísticas oficiales y las de las consultoras privadas. En este diagnóstico, el experto subrayó que en tiempos de recesiones esa inflación suele desacelerarse. "La caída del consumo frenará el incremento de los precios", expuso. Pero también alertó de que hay que observar la otra cara de la moneda, la base monetaria. En este aspecto, recordó que al 30 de mayo pasado el dinero emitido por el Banco Central creció en torno de un 32% interanual. "Es demasiado", indicó. Y acotó: "si el nivel de actividad económica está cayendo, es posible que la inflación interanual sea del 30%. No hay claridad acerca de la política monetaria ni del control del gasto".
Luego de Jorrat fue el turno de Viglione que tituló su charla "Argentina: esperando el desenlace". Desde el principio, el economista de FIEL marcó su diferencia con el diagnóstico oficial. "El mundo no se nos cayó encima", dijo. Desde esa perspectiva, no cree que, si hay crisis, esta sea de magnitud. "Pero la situación obliga a tomar algún tipo de determinación que puede significar costos políticos y económicos", relató. Viglione está seguro de que los controles cambiarios llegaron para quedarse. Tanto como aquel día que, siendo profesor de Análisis Matemático II, le puso un seis de nota al que hoy impulsa el cepo, el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. "Aprobó" la materia, señaló ante una consulta del auditorio.
Viglione trató de demostrar, con números, que en el poder del subsidio estatal subyace la base política y electoral de la gestión de Cristina Fernández. Pero también un posible problema si cae el salario real o sube el desempleo. "En 2006, el 21% de la población dependía del Estado. Hoy es el 32%, casi 14 millones de personas", argumento.
Sentados alrededor de la mesa, los amigos coinciden en su diagnóstico: el final sigue abierto y dependerá de las medidas que adopte el gobierno para corregir el rumbo económico, con menos intervención en el mercado.
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