“Hubo un momento antiargentino”: Alberto Rojo reflexionó sobre la supuesta campaña contra el país

El tucumano distinguido con el Doctorado Honoris Causa de la UNT comentó sobre el supuesto esfuerzo coordinado por denostar a la Argentina, dando cuenta de hechos particulares que pueden confundirse con sentires generalizados si se orquestan bajo un coordinador anónimo: las redes, las fracturas y el algoritmo.

Enzo Fernández celebrando el gol contra Inglaterra en las Semifinales del Mundial.
Enzo Fernández celebrando el gol contra Inglaterra en las Semifinales del Mundial. (Imagen Web)
Por Luisina Acosta 28 Julio 2026

Resumen para apurados

  • El físico tucumano Alberto Rojo afirmó recientemente en Argentina que existió una campaña difamatoria contra el país coordinada mediante algoritmos y redes sociales.
  • El científico distinguido por la UNT explicó cómo hechos aislados se masifican en plataformas digitales, generando la falsa sensación de un sentimiento antiargentino general.
  • El análisis invita a reflexionar sobre la manipulación de la opinión pública global y el impacto de los algoritmos en la percepción de la identidad nacional en el futuro.
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Aunque la victoria de España fue una noticia relevante en la agencia de medios y redes sociales, la derrota de Argentina fue más trascendental aún. La caída del combinado nacional fue música para los oídos de los españoles y de fanáticos de muchos otros países. La música recorrió África, el resto de Europa, Norteamérica y hasta bordeó los límites del territorio albiceleste, en la propia Sudamérica. Para muchos, la canción bien podría llamarse "La campaña antiargentina".

“No hubo un director de orquesta, pero hubo una música común”, afirmó Alberto Rojo, físico cuántico, destacado músico, divulgador y comunicador científico. Para el especialista hubo un ambiente confrontativo en el que hubo masividad, no así estrategia. “Distinguiría entre una campaña organizada y un clima anti argentino. No creo que haya existido una mesa de coordinación donde distintos actores internacionales se pusieran de acuerdo para atacar a la Argentina”, expresó.

FÍSICO Y MÚSICO RECONOCIDO. Alberto Rojo vive en Estados Unidos y es doctor Honoris Causa por la UNT. FÍSICO Y MÚSICO RECONOCIDO. Alberto Rojo vive en Estados Unidos y es doctor Honoris Causa por la UNT.

La confluencia de discursos y la lupa internacional

“Sí creo que, durante el Mundial, se produjo una confluencia de discursos, acusaciones y condenas que, tomadas en conjunto, configuraron objetivamente una especie de campaña antiargentina”, comentó el tucumano que vive en Estados Unidos y recibió hace poco el doctorado Honoris Causa de la UNT. El plazo entre el partido de Egipto, la semifinal con Inglaterra y el broche con España fue un recorrido en el que reverberaron sentires, se mezclaron actores, se confundieron consignas políticas, tradiciones populares y futbolísticas. Todo en un mismo medio.

Rojo recordó la columna de The Athletic, difundida por el New York Times, que sostuvo sin rodeos en su título que los jugadores argentinos se habían deshonrado por su conducta durante la final. El artículo se aleja de un análisis meramente futbolístico y se inmiscuye en campos que no implican una pelota: “España representa, en muchos sentidos, la contracultura de Argentina. Es un equipo sistemático; organizado, lógico y preciso en su juego. Si España mantiene la calma, Argentina se desata”. Casi como un texto de historia social y política, se denuncia el rechazo a la coronación española que resultó particularmente desagradable. La bandera de “Las Malvinas son Argentinas” también generó condenas y denuncias.

El artículo de The Athletic que afirmó que Argentina se El artículo de The Athletic que afirmó que Argentina se Imagen: captura

Múltiples actores sin un plan centralizado

“No diría que la campaña es una invención completa. Existió como fenómeno comunicacional. Lo que me parece exagerado es suponer que todo eso respondía a un plan centralizado o, más importante todavía, que tenía un fundamento sólido y común”, detalló el experto. Medios internacionales, celebridades, dirigentes políticos, exjugadores, periodistas, gobiernos, militantes digitales y millones de usuarios de redes sociales, todos ellos participaron pero no en un acuerdo común. “Algunos respondían al comportamiento de los jugadores; otros hablaban de racismo; otros cuestionaban a Milei; otros reaccionaban a la cuestión de Malvinas; y muchos simplemente participaban de una rivalidad futbolística”, advirtió el físico cuántico.

Sin embargo, el divulgador señaló que hubo un medio compartido, un crisol en el que se mezclaron aquellos enfrentamientos. “Las redes sociales hicieron que todas esas intervenciones parecieran partes de una misma acusación. El poder no estuvo solamente en cada actor individual, sino en la suma y en la repetición. Una declaración aislada puede ser irrelevante; veinte declaraciones reproducidas simultáneamente producen la impresión de que ‘el mundo’ está emitiendo un veredicto contra la Argentina”, explicó el especialista.

La sed de antagonismo en las plataformas digitales

El experto mencionó el caso del actor Javier Bardem, donde se tergiversaron sus declaraciones sobre el presidente Javier Milei, se confundieron y extendieron a la selección argentina. “Es un buen ejemplo de cómo una declaración compleja entra en las redes, pierde sus matices y reaparece convertida en una consigna mucho más extrema”, mencionó el músico.

“No creo que haya habido un interés único. Hubo una combinación de intereses políticos, rivalidades nacionales, críticas deportivas, prejuicios culturales y búsqueda de visibilidad”, señaló. Sin embargo subrayó que una actitud fue unánime, un “interés más general y profundo”. “Vivimos en una época con una enorme sed de conflicto. Una discusión razonable acerca de si algunos jugadores se comportaron mal produce poca circulación. La afirmación de que ‘los argentinos son racistas’, ‘la Argentina no sabe perder’ o ‘el mundo odia a la Argentina’ genera millones de reacciones”, reconoció Rojo.

Viejos estereotipos, nuevas dinámicas

“El conflicto ya no es solamente una consecuencia de las redes: es su materia prima. Las plataformas ganan atención cuando las personas se indignan, se sienten humilladas o salen a defender su identidad”, agregó el experto. Y es en las grietas, en las particularidades donde este tipo de medios virtuales logran amalgamar. “Esos episodios independientes terminaron fusionándose. Se puede criticar el comportamiento concreto de determinados futbolistas o discutir seriamente la existencia de racismo en la sociedad argentina. Lo que no tiene sustento es convertir esos asuntos distintos en una condena moral general de todo un país”, subrayó. 

Hay fenómenos que se actualizaron con las redes. Rojo señaló que los estereotipos nacionales no son nuevos pero sí la lógica del algoritmo. Lo novedoso “es la velocidad con que esos estereotipos se organizan y adquieren apariencia de consenso mundial”. “Antes, una opinión publicada en Madrid o Nueva York permanecía relativamente separada de las demás. Hoy aparece en una misma pantalla junto con un video recortado, una declaración de un actor, una pelea entre jugadores, una bandera, un comentario político y miles de insultos anónimos. El usuario percibe todo eso como un único acontecimiento”, señaló.

Una campaña emergente sin núcleo sólido

El físico remarcó que tanto una frase falsa como una información comprobada conviven y circulan en un mismo formato, donde el enojo es ponderado y elegido. “El resultado es una suerte de coordinación sin coordinador”, sentenció. Es en este nuevo terreno donde la oposición generalizada puede sobrevivir, porque existe en la medida en que estos algoritmos le dan forma. “No estamos ante una conspiración clásica, sino ante algo más contemporáneo: una campaña emergente, formada espontáneamente por actores que persiguen objetivos diferentes pero cuyos mensajes son reunidos por las redes dentro de un mismo relato”, explicó Rojo. 

Así, el especialista concluyó que existió la oposición pero también el disfraz, el malestar que necesitaba sonar a odio. “Sí hubo un momento antiargentino. Pero fue un fenómeno sobredimensionado, alimentado por la lógica del conflicto y construido alrededor de una serie de hechos que no alcanzan para sostener su acusación central. Hubo muchos puntos de irritación, pero no hubo un núcleo sólido que justificara una condena general de la Argentina”, completó el Honoris Causa de la UNT.

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