17 Junio 2012 Seguir en 
La respuesta económica no pudo ni puede explicar por qué las son felices las personas, en particular, ni las sociedades de algunos países, en general. Por eso, desde la década del 80, primero en Europa y luego en el resto del mundo, académicos e investigadores estudian qué factores hacen a la felicidad de los pueblos. Una cuestión de neta actualidad nacional: en la última Encuesta Mundial de Valores, la Argentina ocupa el puesto número 20 en ese ránking feliz.
"Las personas sí aspiran a un desarrollo económico alto: en general, quien tiene sus necesidades económicas resueltas se encuentra, en promedio, más feliz que quien no las tiene. Pero este no es el único factor. Una de las situaciones más determinantes son las relaciones personales: estar bien en la familia, con la pareja, contenida por el grupo de referencia, o sea por los amigos, y con buena salud. Y también sentirse satisfecho con el empleo, como fuente de creación y realización personal". La que lo explica es la investigadora principal para Argentina de la Encuesta Mundial de Valores, y miembro de su comité científico, Marita Carballo. La socióloga acaba de ser designada miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Politicas.
- ¿Por qué la felicidad importa desde una perspectiva sociológica?
- La felicidad me interesa, como tema, desde que me puse a estudiar en profundidad la influencia de la cultura en el desarrollo social, político y económico de naciones, regiones y sociedades. - ¿Felicidad es sinónimo de bienestar?- De alguna manera, sí. La felicidad sería algo así como la satisfacción con la vida de uno, vinculada más que con el placer inmediato, con una evaluación del presente y una proyección del futuro.
- ¿Por qué en los 80 la sociología pone la mira en la felicidad?
- Esta iniciativa surge en ese momento en Europa porque había un grupo de académicos que se preguntaba si la Europa unificada era una Europa posible, en términos de si la cultura y los valores de los distintos países eran compatibles. La Argentina entró en esos estudios a partir de entonces.
- ¿Es posible pensar en un concepto de felicidad ante semejante diversidad?
- La diversidad es muy grande, pero vemos en los datos que hay cuestiones que son bastante consensuales, sin importar tanto el lugar en que uno se encuentre en la sociedad. Y es el tema de las relaciones humanas y del sentido de la vida. Todos necesitamos una buena salud, relaciones que nos contengan y con las que podamos sentir amor y compartir, y un lugar de trabajo donde nos sintamos seguros y podamos realizarnos. También se relaciona mucho con la felicidad la sensación de libertad: sentirse artífice del propio destino y poder expresarse en todos los ámbitos con libertad. Por eso se asocia la felicidad con democracia. - ¿Y el caso argentino? - Ocupar el puesto número 20 en el ránking de felicidad de las naciones es alto. Vemos en el contexto de las regiones que Latinoamérica tiene un nivel de felicidad superior al que uno, a priori, podría imaginar, dado su nivel de desarrollo económico. Lo analizamos en profundidad, dado que Latinoamérica es muy desigual y hay una inseguridad alta. Sin embargo, las relaciones personales y familiares son tan fuertes que hacen que relativizan otros problemas. - ¿Con qué periodicidad se realiza la encuesta?- Cada cinco años. Y vemos que la felicidad va en aumento en el país y la región. Lo asociamos con las democracias en la región y con un mejor posicionamiento económico en estos momentos, con los vaivenes que todos conocemos. - ¿Influyen las redes sociales? - La Argentina tiene en general, en todos los sectores etarios, mucho interés por participar en redes como Facebook. Pero está muy relacionado con el nivel socioeconómico y vemos que los sectores bajos de la población, que son un porcentaje muy representativo en la Argentina, no acceden o acceden muy poco a estas tecnologías.
- En las muestras, ¿cuánto pesa el imaginario porteño?
- Con las muestras somos muy cuidados. Los trabajos de la Encuesta Mundial de Valores se proyectan con mucho tiempo, los cuestionarios son largos, las entrevistas son personales, a personas de 17 años o más, y tampoco hay apuro en hacerlo todo en un día. Los campos pueden demorar dos meses. En consecuencia, la participación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene que ver estrictamente con su peso poblacional respecto de todo el país, que es muy bajo. Es muy interesante analizar las comparaciones, porque la gente tiende a ser más feliz en ciudades pequeñas que en los grandes centros urbanos. En los pueblos, el contacto es cara a cara y la relación es mayor.
"Las personas sí aspiran a un desarrollo económico alto: en general, quien tiene sus necesidades económicas resueltas se encuentra, en promedio, más feliz que quien no las tiene. Pero este no es el único factor. Una de las situaciones más determinantes son las relaciones personales: estar bien en la familia, con la pareja, contenida por el grupo de referencia, o sea por los amigos, y con buena salud. Y también sentirse satisfecho con el empleo, como fuente de creación y realización personal". La que lo explica es la investigadora principal para Argentina de la Encuesta Mundial de Valores, y miembro de su comité científico, Marita Carballo. La socióloga acaba de ser designada miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Politicas.
- ¿Por qué la felicidad importa desde una perspectiva sociológica?
- La felicidad me interesa, como tema, desde que me puse a estudiar en profundidad la influencia de la cultura en el desarrollo social, político y económico de naciones, regiones y sociedades. - ¿Felicidad es sinónimo de bienestar?- De alguna manera, sí. La felicidad sería algo así como la satisfacción con la vida de uno, vinculada más que con el placer inmediato, con una evaluación del presente y una proyección del futuro.
- ¿Por qué en los 80 la sociología pone la mira en la felicidad?
- Esta iniciativa surge en ese momento en Europa porque había un grupo de académicos que se preguntaba si la Europa unificada era una Europa posible, en términos de si la cultura y los valores de los distintos países eran compatibles. La Argentina entró en esos estudios a partir de entonces.
- ¿Es posible pensar en un concepto de felicidad ante semejante diversidad?
- La diversidad es muy grande, pero vemos en los datos que hay cuestiones que son bastante consensuales, sin importar tanto el lugar en que uno se encuentre en la sociedad. Y es el tema de las relaciones humanas y del sentido de la vida. Todos necesitamos una buena salud, relaciones que nos contengan y con las que podamos sentir amor y compartir, y un lugar de trabajo donde nos sintamos seguros y podamos realizarnos. También se relaciona mucho con la felicidad la sensación de libertad: sentirse artífice del propio destino y poder expresarse en todos los ámbitos con libertad. Por eso se asocia la felicidad con democracia. - ¿Y el caso argentino? - Ocupar el puesto número 20 en el ránking de felicidad de las naciones es alto. Vemos en el contexto de las regiones que Latinoamérica tiene un nivel de felicidad superior al que uno, a priori, podría imaginar, dado su nivel de desarrollo económico. Lo analizamos en profundidad, dado que Latinoamérica es muy desigual y hay una inseguridad alta. Sin embargo, las relaciones personales y familiares son tan fuertes que hacen que relativizan otros problemas. - ¿Con qué periodicidad se realiza la encuesta?- Cada cinco años. Y vemos que la felicidad va en aumento en el país y la región. Lo asociamos con las democracias en la región y con un mejor posicionamiento económico en estos momentos, con los vaivenes que todos conocemos. - ¿Influyen las redes sociales? - La Argentina tiene en general, en todos los sectores etarios, mucho interés por participar en redes como Facebook. Pero está muy relacionado con el nivel socioeconómico y vemos que los sectores bajos de la población, que son un porcentaje muy representativo en la Argentina, no acceden o acceden muy poco a estas tecnologías.
- En las muestras, ¿cuánto pesa el imaginario porteño?
- Con las muestras somos muy cuidados. Los trabajos de la Encuesta Mundial de Valores se proyectan con mucho tiempo, los cuestionarios son largos, las entrevistas son personales, a personas de 17 años o más, y tampoco hay apuro en hacerlo todo en un día. Los campos pueden demorar dos meses. En consecuencia, la participación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene que ver estrictamente con su peso poblacional respecto de todo el país, que es muy bajo. Es muy interesante analizar las comparaciones, porque la gente tiende a ser más feliz en ciudades pequeñas que en los grandes centros urbanos. En los pueblos, el contacto es cara a cara y la relación es mayor.
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