La Sinfónica puso en marcha la maquinaria romántica

Ricardo Sbrocco debutó como director de la Orquesta de la UNT y Oscar Buriek se lució con Mendelssohn.

HACER LA MÚSICA. La mirada de Sbrocco también es parte de la géstica.
HACER LA MÚSICA. La mirada de Sbrocco también es parte de la géstica.
Digno de su día, el viernes a la noche sonó contundente el Himno Nacional Argentino, interpretado por orquesta, coro y público. Luego, un video mostró los momentos felices y los avatares en 100 años de historia del teatro Alberdi, en la apertura de la temporada sinfónica de la UNT.

Como marca el protocolo, Ricardo Sbrocco se puso el frac negro -con moño negro-, empuñó la batuta por primera vez al frente de la orquesta y dio inicio al concierto con música amable, acorde con la circunstancia festiva.

"Il signor Bruschino" fue el primero en llegar a la sala, con una orquesta muy numerosa, en la divertida y extravagante obertura que Gioachino Rossini compuso en 1913.

Muy bellas, se dieron a escuchar después cuatro "Antiguas arias y danzas", en las que Ottorino Respighi echó a volar la influencia de su admiración por los músicos barrocos italianos a los que él tanto había estudiado.

Para cerrar la primera parte, la orquesta hizo el "Brindis", de la zarzuela "Marina", tal como el 15 de mayo 1912 se escuchó en el concierto que inauguraba el teatro Alberdi, en pleno fervor cultural. El tenor Alejandro Alonso y el bajo Marcelo Oppedisano, junto al Coro Universitario (dirigido por Juan Pablo Cadierno) entonaron un alegre pasaje de la zarzuela en dos actos que ideó el navarro Emilio Arrieta en 1855.

Manos que suenan
La originalidad, la emoción y el instinto del romanticismo llegaron claramente en la segunda parte, en las manos de un elegante Oscar Buriek que, en total acuerdo con Sbrocco, trajo a Félix Mendelssohn, uno de los referentes en la tradición de música clásica. Para demostrar esto pintaron el color orquestal del Concierto N° 1 para piano y orquesta en Sol menor opus 25.

El público, que ocupó más de dos tercios del teatro, guardó respetuoso silencio y tuvo la inusual delicadeza de no dar a conocer ringtones. E ignoró los problemas técnicos de la sala, que sí sobrellevan los músicos y los coreutas en los ensayos.

Muchos dedos
Después de los efusivos aplausos y de los saludos detrás del telón, el director debutante, ya relajado, habló del concierto. "Eran obras muy transparentes, dificultosas porque cualquier pequeño error se nota. Los músicos trabajaron bien y con ganas desde el primer ensayo. El solista tocó muy bien. Él conoce a fondo la obra porque ya la interpretó y requiere muchos dedos (como se dice en la jerga), lo que él domina", afirmó.

También salieron conformes con la tarea de Sbrocco los trabajadores de la orquesta, según contó la violista Claudia Seu: "hubo buena onda de entrada. Veremos qué pasa más adelante".

"Me siento bien; sabía este concierto; tuve que repasarlo", contó Buriek, que tocó la obra con toda seguridad y sin partitura.  ¿Por qué eligieron el número uno de Mendelssohn?  "Porque tiene chispa, es fresco y les gusta mucho a los músicos, que se divierten tocándolo. Además, yo me siento muy bien tocando con Ricardo. Es un músico talentoso y muy preciso. Sabe lo que quiere y eso es esencial en el proceso de hacer música. Esa condición nos permite tocar distendidos y seguros lo que nos gusta", definió el pianista.

Todo frac debe llevarse con white tie (corbata blanca), según la regla del protocolo, y el maestro Sbrocco la rompió. "El moño blanco se me perdió hace un tiempo. Y justo ayer, por suerte, reapareció este, negro, que se me había perdido hace años -confesó-. Es el que usé cuando debuté con el Coro Estable (allá por 1986)". Fue debut con amuleto, y funcionó.

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