11 Abril 2012 Seguir en 
Hasta anoche, todo era hermetismo. Nadie quería decir ni una palabra sobre el hecho. Tal vez porque la víctima es la secretaria de un funcionario de tercera línea del Gobierno provincial. Sin embargo, fuentes policiales y judiciales admitieron a LA GACETA que en los últimos dos días sólo se habló del robo, aunque en voz baja, porque la víctima del engaño no quiso efectuar la denuncia policial.
Todo comenzó el miércoles de la semana pasada. Ocurrió como en las películas que tienen un guión sobre el golpe perfecto, pero en este caso fue real. Alrededor de las 10.30, la secretaria llegó a la sucursal del Banco Francés ubicada en San Martín 622. Entró con un sobre de papel madera en el que llevaba el dinero en efectivo.
Debido a la proximidad del fin de semana largo por la Semana Santa, había mucha actividad bancaria. Con el sobre en la mano, la secretaria pasó la puerta de vidrio, avanzó cinco pasos hasta cruzar la zona de los cajeros automáticos y caminó en dirección a la escalera que la llevaría al primer piso, donde están los empleados de los denominados cajeros humanos y dos aparatos automáticos más. Allí había una fila formada por clientes que se armaban de paciencia a la espera del turno correspondiente.
La secretaria se puso en la hilera, pero en ese instante apareció otra mujer que preguntó muy cordial y en voz baja: "¿quiénes están para hacer depósitos?"... La secretaria respondió con un movimiento de cabeza afirmativo. De inmediato, la mujer (se desenvolvía como si fuese empleada del banco), le indicó que debía acompañarla a un box del local, situado en el primer piso, para poder hacer el trámite financiero correspondiente de un modo más privado, sin tantas miradas de extraños testigos del salón.
No dudó ni un segundo y avanzó detrás de la mujer, que le indicó dónde debía tomar asiento para estar más cómodo (adentro de una oficina gerencial, cuyo ocupante había faltado ese día). "Permítame el dinero que quiere depositar... -le dijo la mujer-, ya le traigo los formularios para que firme". Esas simples palabras fueron suficiente para un perfecto y efectivo "cuento del tío" sucedido dentro de un banco. La secretaria sacó el dinero (al parecer más de $ 50.000 en billetes $ 100, según trascendidos), y lo entregó a la mujer, que no volvió más.
A pesar de que la víctima optó por no hacer ninguna denuncia, la Policía estaba al tanto del caso a los pocos minutos de haber ocurrido. Según trascendió también habría intervenido una fiscalía para intentar develar a los responsables. A partir de la línea de investigación no se descarta que puedan adoptarse medidas que involucren también a un sector del personal del banco para determinar si tuvieron o no participación.
Todo comenzó el miércoles de la semana pasada. Ocurrió como en las películas que tienen un guión sobre el golpe perfecto, pero en este caso fue real. Alrededor de las 10.30, la secretaria llegó a la sucursal del Banco Francés ubicada en San Martín 622. Entró con un sobre de papel madera en el que llevaba el dinero en efectivo.
Debido a la proximidad del fin de semana largo por la Semana Santa, había mucha actividad bancaria. Con el sobre en la mano, la secretaria pasó la puerta de vidrio, avanzó cinco pasos hasta cruzar la zona de los cajeros automáticos y caminó en dirección a la escalera que la llevaría al primer piso, donde están los empleados de los denominados cajeros humanos y dos aparatos automáticos más. Allí había una fila formada por clientes que se armaban de paciencia a la espera del turno correspondiente.
La secretaria se puso en la hilera, pero en ese instante apareció otra mujer que preguntó muy cordial y en voz baja: "¿quiénes están para hacer depósitos?"... La secretaria respondió con un movimiento de cabeza afirmativo. De inmediato, la mujer (se desenvolvía como si fuese empleada del banco), le indicó que debía acompañarla a un box del local, situado en el primer piso, para poder hacer el trámite financiero correspondiente de un modo más privado, sin tantas miradas de extraños testigos del salón.
No dudó ni un segundo y avanzó detrás de la mujer, que le indicó dónde debía tomar asiento para estar más cómodo (adentro de una oficina gerencial, cuyo ocupante había faltado ese día). "Permítame el dinero que quiere depositar... -le dijo la mujer-, ya le traigo los formularios para que firme". Esas simples palabras fueron suficiente para un perfecto y efectivo "cuento del tío" sucedido dentro de un banco. La secretaria sacó el dinero (al parecer más de $ 50.000 en billetes $ 100, según trascendidos), y lo entregó a la mujer, que no volvió más.
A pesar de que la víctima optó por no hacer ninguna denuncia, la Policía estaba al tanto del caso a los pocos minutos de haber ocurrido. Según trascendió también habría intervenido una fiscalía para intentar develar a los responsables. A partir de la línea de investigación no se descarta que puedan adoptarse medidas que involucren también a un sector del personal del banco para determinar si tuvieron o no participación.







