"ESTOY FELIZ". María Teresa ya sabe que su mal tiene nombre y terapia.
17 Enero 2012 Seguir en 

Hay personas que se quejan de todo. Otras, que aprenden a convivir con el insoportable dolor físico. Este es el caso de María Teresa Azán. Tiene 43 años, es comerciante. Desde los 20 su cuerpo es martillado día y noche por dolores intensos y difusos, náuseas y migrañas punzantes que la atormentan todo el año.
"A los 21 tuve una crisis terrible de migraña. Me desmayé. Llamé a emergencias. Mi presión, como siempre, estaba normal (120/80). Me inyectaron calmantes. Esta historia se repitió cientos de veces. Conozco todas las guardias hospitalarias y privadas. Deambulé por todos los neurólogos de Tucumán... Todos me pedían resonancias, tomografías y no me encontraban nada. Tomaba la medicación, me hacía efecto unos días y después volvían los dolores insoportables. Llegué a provocarme vómitos para ver si me aliviaba... Después comenzaron a relacionar mi malestar con un problema de hígado. Hice dieta y tratamiento para ver si me aliviaba el dolor. Fue inútil. Durante 22 años estuve dando vueltas por los consultorios de médicos alópatas y homeópatas", narró María Teresa a LA GACETA.
Hace cinco meses un cardiólogo la derivó al reumatólogo Alberto Spindler. "¡Por fin recibí un diagnóstico! Alguien me confirmaba lo que íntimamente sentía dentro mío: estoy enferma y alguien tendrá que descubrir qué tengo. Sentí un gran alivio cuando el doctor me dijo que tenía fibromialgia y me explicó de qué se trataba. Llegué con un cuadro agudo de dolor y con edema generalizado. Los primeros fármacos me hicieron efecto unos días. Hace más de un mes me cambió todos los remedios y creo que dio en la tecla. ¡Me siento muy bien! Estoy inmensamente feliz, como cuando tenía 15 años. Espero que esta vez no regresen los dolores, las migrañas ni la fatiga crónica que debía enfrentar para llevar una vida muy activa al frente del negocio. Creo que mi forma de pensar y de actuar no condice para nada con la forma en que responde o funciona mi organismo... A esta cuestión la tengo muy clara", puntualiza la mujer, que está casada y tiene dos hijos: uno de 19 y otro de 18 años.
María Teresa Azán reconoció que ahora puede decir que no se siente enferma. "Vivía enferma las 24 horas, ahora volví a la normalidad. Los medicamentos me bajaron totalmente el edema. Siento que me hacen bien. Ojalá que esta vez mi sufrimiento tenga punto final", anheló.
"A los 21 tuve una crisis terrible de migraña. Me desmayé. Llamé a emergencias. Mi presión, como siempre, estaba normal (120/80). Me inyectaron calmantes. Esta historia se repitió cientos de veces. Conozco todas las guardias hospitalarias y privadas. Deambulé por todos los neurólogos de Tucumán... Todos me pedían resonancias, tomografías y no me encontraban nada. Tomaba la medicación, me hacía efecto unos días y después volvían los dolores insoportables. Llegué a provocarme vómitos para ver si me aliviaba... Después comenzaron a relacionar mi malestar con un problema de hígado. Hice dieta y tratamiento para ver si me aliviaba el dolor. Fue inútil. Durante 22 años estuve dando vueltas por los consultorios de médicos alópatas y homeópatas", narró María Teresa a LA GACETA.
Hace cinco meses un cardiólogo la derivó al reumatólogo Alberto Spindler. "¡Por fin recibí un diagnóstico! Alguien me confirmaba lo que íntimamente sentía dentro mío: estoy enferma y alguien tendrá que descubrir qué tengo. Sentí un gran alivio cuando el doctor me dijo que tenía fibromialgia y me explicó de qué se trataba. Llegué con un cuadro agudo de dolor y con edema generalizado. Los primeros fármacos me hicieron efecto unos días. Hace más de un mes me cambió todos los remedios y creo que dio en la tecla. ¡Me siento muy bien! Estoy inmensamente feliz, como cuando tenía 15 años. Espero que esta vez no regresen los dolores, las migrañas ni la fatiga crónica que debía enfrentar para llevar una vida muy activa al frente del negocio. Creo que mi forma de pensar y de actuar no condice para nada con la forma en que responde o funciona mi organismo... A esta cuestión la tengo muy clara", puntualiza la mujer, que está casada y tiene dos hijos: uno de 19 y otro de 18 años.
María Teresa Azán reconoció que ahora puede decir que no se siente enferma. "Vivía enferma las 24 horas, ahora volví a la normalidad. Los medicamentos me bajaron totalmente el edema. Siento que me hacen bien. Ojalá que esta vez mi sufrimiento tenga punto final", anheló.
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