¿Sabés por qué nos duelen las tripas cuando nos ponemos nerviosos?

Trastornos intestinales podrán tratarse con terapias a nivel neuronal.

14 Diciembre 2011
Aunque su influencia es amplia, hay que ser claros para evitar confusiones: el "segundo cerebro" del que habla Gersohn (ver "Tenemos un...") no es sede de pensamientos conscientes ni de toma de decisiones. Como puede leerse en un artículo publicado por la revista de divulgación "Scientific American", gran parte de la potencia neurológica del "segundo cerebro" se concentra en la ardua tarea diaria de la digestión de los alimentos. Es lo que todos sabemos.

De todos modos, Emeran Mayer, profesor de Fisiología, Psiquiatría y Ciencias del Biocomportamiento de la Universidad de California, expresa en esa publicación que una gran parte de nuestras emociones probablemente se vean influidas por los "nervios de los intestinos".

Los trabajos que ha realizado Mayer con el sistema nervioso localizado en el intestino lo han llevado a postular que, en los próximos años la psiquiatría tendrá que ampliar su alcance para tratar el segundo cerebro además del que llevamos sobre los hombros.

Los sentimientos

Guido Iantorno, jefe de la Unidad de Motilidad Digestiva del Hospital Bonorino Udaondo, de Buenos Aires, explicó que, aunque de modo indirecto, por medio del eje cerebrointestinal el sistema nervioso entérico puede influir en situaciones emocionales y en otros síntomas, como la hipersensibilidad al dolor.

Mediante tomografías computadas pudo comprobarse que, cuando recibían un estímulo en el intestino, en las personas con afecciones funcionales del aparato digestivo reaccionaba un sector del cerebro diferente del que reacciona en las personas sanas. "Esto significa que la corteza cerebral responde de diferente modo si se padece, por ejemplo, el síndrome de colon irritable", explicó Iantorno.

Algunos científicos piensan que en el futuro algunos padecimientos intestinales podrían tratarse con terapias aplicadas a nivel neuronal. De hecho, el síndrome de colon irritable en parte deriva de un exceso de serotonina en el intestino, y no sería disparatado considerarlo una "enfermedad mental" del segundo cerebro.

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