Las muchas maneras en que se marca el dinero

Aunque sea el mismo monto, no se valora el primer sueldo igual que el segundo. Los recursos para hacerles regalos a los hijos no se separan igual que el que se emplea para hacerle un presente al cónyuge.

Por Álvaro José Aurane 20 Noviembre 2011
Que un peso no siempre es un peso resulta, a los efectos nominales del valor de la moneda, algo que no necesita mayores explicaciones para los argentinos del siglo XXI. Entre lo que salió del "corralito" tras el fracaso de la Alianza, y lo que quedó en el "corralón" durante el "gobierno de salvación" del duhaldismo (más la actualidad de un dólar oficial y otro paralelo), huelgan las explicaciones. Lo mismo para los argentinos del siglo XX, que vivieron desde el "Rodrigazo" hasta la hiperinflación del alfonsinismo, pasando por "La Tablita" del procesista José Alfredo Martínez de Hoz.

Pero trascendiendo todas esas estafantes coyunturas, y yendo al valor simbólico del dinero, lo cierto es que, sobre todo en ese contexto, un peso no siempre es el mismo peso. Aunque sea legalmente la misma moneda, no se reserva y ni siquiera se gasta de la misma manera el dinero para el regalo del cumpleaños de los hijos que para el del cónyuge. La plata que se eroga en electrodomésticos a menudo se desembolsa luego de sopesar la relación costo / prestación del producto, cosa que de ninguna manera ocurre con lo destinado a una prenda que alguien adquiere para "gratificarse". El dinero para la compra de alimentos es "distinto" del que va a la educación de los niños: se pagará por "segundas" marcas pero se invertirá en educación "de primera".

Por lo mismo, un dólar no siempre es un dólar, advierte Viviana Zelizer en su último libro: El significado social del dinero. La doctora en Sociología de la Universidad de Columbia, que enseña Sociología en la Universidad de Princeton, sostiene que las personas, continuamente, están creando distintas clase de dinero. Justamente por ello, respecto de esos muchos tipos de dinero, los seres humanos lo identifican, lo clasifican, lo organizan, lo usan, lo segregan, lo producen, lo diseñan, lo guardan y hasta lo decoran, según los múltiples vínculos sociales que van enfrentando.

Aunque esto es visible, no resulta notorio porque se vive desde hace bastante más de un siglo dentro de un paradigma que concibe al dinero como un mero instrumento de intercambio, completamente despersonalizado, desapasionado y hasta desideologizado. "El dinero ?incoloro?, tal como lo presentó Georg Simmel a comienzos del Siglo XX, pintó el mundo contemporáneo con un ?tono parejo, chato y gris?. Todos los maticies significativos fueron eliminados por la lógica cuantitativa, que sólo preguntaba cuánto, pero no qué y cómo", cuestiona la investigadora.

Premodernos y no tanto
A despecho del discurso imperante, el dinero es muchas cosas menos neutral. Por el contrario, es un verdadero objeto de marca: una "cosa" que las personas marcan constantemente. Y lo marcan desde las comunidades primitivas hasta las más desarrolladas.

En cuanto al primer extremo, en El significado social del dinero cita un estudio acerca del efectivo con un "destino especial" entre los miembros de la tribu Luo, de Kenia. Esta comunidad campesina de África Oriental marca como "dinero amargo" ciertas clases de dinero de curso legal, obtenidas por un golpe de fortuna o por la venta de ciertas mercancías como tierra, oro, tabaco o el gallo de la casa. Consecuentemente, limita el uso de esa plata agria.

"Si el dinero obtenido con la venta de la tierra se gasta en ganado, por ejemplo, los luo creen que los animales morirán; o si el dinero del tabaco se invierte en la compra de una novia, la novia morirá en medio de las llamas y del humo", describe un trabajo de Parker Shipton.

En occidente, en tanto, Zelizer advierte que no se "marca" de igual modo U$S 1.000 ganados como sueldo, que U$S 1.000 ganados en juegos de azar, que U$S 1.000 recibidos como herencia, U$S 1.000 prestados por un amigo. Y estas distinciones también registran reveladoras sutilezas: aunque sea el mismo monto, no es igual el primer salario que el segundo.

Pero el dinero no sólo es marcado individualmente. También existen verdaderas marcas sociales, que lejos de ser nuevos fenómenos son arraigadas tendencias. En la Argentina y en Tucumán, por ejemplo, es el caso del salario de la mujer. Aunque la Constitución nacional consagra el principio de "igual remuneración por igual tarea" en el artículo 14 bis, en el país (como casi en todo el mundo) las mujeres, en promedio global, siguen ganando menos que los hombres en el desempeño del mismo puesto de trabajo.

El dispendio de lo dudoso
Según su origen, el dinero también es estigmatizado. La que proviene de actividades criminales, directamente, es plata "sucia". Para que ingrese al circuito legal, previamente, debe ser "lavada". (Ver "Los bolsillos que parecen...")

Esta cuestión se adivina también en los dineros de la corrupción. Ya sea porque es considerada "plata fácil" o por el modo en que incómoda como "plata sucia", esos recursos parecen ser objeto no de atesaromiento sino de inmediato dispendio. El indicio de ello se traduce en eso que vecinalmente se denomina "ostentación": la veloz acumulación de riquezas difíciles de explicar, incluso, legalmente.

De hecho, desprenderse de cualquier dinero cuya procedencia ha generado reparos es toda una estrategia política para acallar polémicas. Para el caso, a principios de este mes se conoció que Ofelia Esther Wilhelm, la madre de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, había obtenido un fallo a favor en una demanda contra la Anses por el reajuste de su pensión. Lo había iniciado en 2008, cuando su hija ya era jefa de Estado, y había logrado un pronunciamiento judicial en un lapso envidiado por miles de jubilados que deben pleitear por décadas contra el Estado para obtener un resultado similar. Al día siguiente, Wilhelm donó los $ 152.000 que recibió en concepto de retroactivo al hospital Noel Sbarra, de La Plata.

Depósito de paradojas
El "marcado" del dinero introduce una nueva perspectiva respecto de las medidas del Banco Central de la República Argentino destinadas a restringir la compra de dólares (y la consecuente fuga de divisas), y lo que, como consecuencia, los economistas han dado en llamar "expectativa de devaluación".

Detrás de los intereses de los grandes capitales, de las teorías conspirativas agitadas por sectores del kirchnerismo contra algunos banqueros, de Susana Giménez que se queja de no poder adquirir un par de miles luego de haber comprado un par de millones, y de los indicadores macroeconómicos, está el pequeño ahorrista argentino. Ese que no quiere arriesgar invirtiendo en títulos o en acciones, ni poner la plata en el banco, y que apela al dólar como reaseguro. O el que busca la moneda norteamericana para cruzar la frontera durante las vacaciones. Es decir, ciudadanos de a pie que marcan ese dinero, precisamente, con buenas expectativas.

Pero el dinero no sólo es depósito de esperanzas: en Tucumán, la Argentina y Occidente es la mebresía para integrar, o no, la sociedad de consumo. Lo cual redunda en una paradoja mortificante: si la gente "vale" (justamente ese verbo) por lo que tiene, entonces, mientras las personas marcan dinero, también es el dinero el que tiene marcados a los seres humanos.

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