20 Noviembre 2011 Seguir en 
La palabra dinero proviene del latín denario, la divisa del imperio romano. Hemos atravesado un largo camino desde entonces. El poder que le asignamos a la moneda en nuestros días es diferente, mucho mayor. En el siglo XIX se convierte en el principal medio de intercambio, con la expansión del sistema de mercado. En las antiguas, la imagen del rey estaba impresa. Hoy la moneda misma se ha convertido en nuestro rey, o peor, en nuestro dios.
El ser humano es frágil y se sabe limitado, necesita tratar de controlar su futuro, el cual se presenta más incierto. Busca aferrarse a lo que considera seguridades cada vez más materiales, en la misma medida que se aleja de un sentido de la trascendencia. En un mundo de relaciones superficiales y donde la competencia se vuelve la forma de relacionarse, ya no se trata de ahorrar con un sentido de progreso sino de sobrevivencia. Ahí es donde el dios dinero reemplaza la salvación eterna. Cuanto más dinero más aparente seguridad.
Cosificaciones
Tener reemplaza a ser. La forma externa, la apariencia se convierte en lo central. Perdida la trascendencia, lo que importa es el hoy. Lo que no permite la seguridad material es una amenaza. Si no se puede obtener lo que garantiza la subsistencia entonces viene la desesperación. Si el dinero es la concentración de las seguridades materiales, cualquier tipo de supuesta amenaza es visto como peligro. Eso explica la desesperación por el dólar.
El dinero representa la cosificación de las relaciones humanas. Necesitamos subsistir, para ello el trabajo es fundamental. Sólo así podemos satisfacer nuestras necesidades, colaborando entre nosotros. Por eso el dinero cosifica los vínculos, vuelve la relación laboral en un objeto que se puede adquirir. Allí está la otra explicación de porqué nos desesperamos por el dólar: se encarece el trabajo.
El ser humano es frágil y se sabe limitado, necesita tratar de controlar su futuro, el cual se presenta más incierto. Busca aferrarse a lo que considera seguridades cada vez más materiales, en la misma medida que se aleja de un sentido de la trascendencia. En un mundo de relaciones superficiales y donde la competencia se vuelve la forma de relacionarse, ya no se trata de ahorrar con un sentido de progreso sino de sobrevivencia. Ahí es donde el dios dinero reemplaza la salvación eterna. Cuanto más dinero más aparente seguridad.
Cosificaciones
Tener reemplaza a ser. La forma externa, la apariencia se convierte en lo central. Perdida la trascendencia, lo que importa es el hoy. Lo que no permite la seguridad material es una amenaza. Si no se puede obtener lo que garantiza la subsistencia entonces viene la desesperación. Si el dinero es la concentración de las seguridades materiales, cualquier tipo de supuesta amenaza es visto como peligro. Eso explica la desesperación por el dólar.
El dinero representa la cosificación de las relaciones humanas. Necesitamos subsistir, para ello el trabajo es fundamental. Sólo así podemos satisfacer nuestras necesidades, colaborando entre nosotros. Por eso el dinero cosifica los vínculos, vuelve la relación laboral en un objeto que se puede adquirir. Allí está la otra explicación de porqué nos desesperamos por el dólar: se encarece el trabajo.
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