"Los dolores que quedan son las libertades que faltan"
(Manifiesto liminar de la reforma universitaria de 1918).
Se termina la semana del desamparo. Esta en la que se hizo tan patente todo lo que le falta a la provincia. Al Gobierno. A los tucumanos. Esta en la que, de manera incontrastable, quedó expuesto que el mayor déficit en esta jungla (alguna vez fue el jardín de una república) podría sintetizarse en la idea de la política de la calidad. Porque sólo hay política de la cantidad. Y en exceso.
No fue un informe ni una denuncia sino la muerte: ella vino a desnudar la situación. Y a traer una pregunta. Sigmund Freud sostuvo que la prohibición del asesinato es una de las leyes que funda la cultura: la salida del estado de naturaleza. Luego, si a Iván Sénneke, de 19 años, buena gente, lo fusilaron de rodillas para robarle una mochila, ¿dónde estamos, exactamente?
Esa muerte también trajo una certeza: más cantidad de policías y de autos y de cámaras y de camionetas y de celulares y de motos y de comisarías no es una política de seguridad. Ni lo será.
La cuestión resonó el miércoles en la comisión de Hacienda de la Legislatura. "¿El problema de la inseguridad es presupuestario?", le preguntó el radical Ariel García el ministro de Economía. "Claro que no", contestó Jorge Jiménez.
El tajo
El delito es un problema sumamente complejo. Las comunidades más prósperas lo padecen, lo que demuestra que la presunción más pobreza / más delito, y su viceversa, son absurdos peligrosos. En cambio sí hay, y desde hace décadas, estudios que muestran que el delito recrudece en la medida en que la brecha entre ricos y pobres se agranda.
Ese tajo se mensura según el Coeficiente de Gini, que coloca la igualdad absoluta en el 0 y la más brutal desigualdad en el 1. Ya en 2000, el Instituto Interamericano para el Desarrollo Económico y Social (Indes) enseñaba que se ha probado estadísticamente que según el índice se corre hacia el desigual 1, los ilícitos son más cruentos. Arrancan con el hurto, en 0,1, y van pasando al robo, y al robo a mano armada, al homicidio en ocasión de robo...
Pero, claro, deben ser patrañas cipayas de académicos imperialistas: esta es la patria de la redistribución del riqueza. Y el Indec dice que el Coeficiente de Gini se corre hacia el 0. Así que los delitos son cada vez más violentos porque los delincuentes son golpistas. Gorilas. Y destituyentes.
Hola y adiós
El agravante, a los efectos tucumanos, es que da la impresión de que el Gobierno no tiene la menor idea de qué hacer con la inseguridad, que ya no es un problema sino un drama colectivo. Esa incertidumbre se nota en la confesión del gobernador, que será sentida, sincera y angustiada, pero que resulta más propia de un vecino que del jefe del Ejecutivo. "¿Cómo solucionar esto si lo matan por una mochila?", preguntó él. El pueblo está esperando que conteste. Y con hechos.
Justamente, la marcha del miercoles reunió a miles y miles de personas en la plaza Independencia, quienes marcharon en silencio para decirles a los responsables del Estado que lo que les está pasando a los tucumanos no tiene nombre. Fue un mazazo para el mandatario. "Le cayó mortal", fue el lapsus coloquial de uno de los hombres de poder que lo concurre. Así que, apenas llegado de Europa, se volvió a subir a un avión para irse lejos, lejos, hasta Santa Cruz. Poco tiempo hubo para contar que, de cara a 2015 el plan "A" sigue siendo, como la vocal lo indica, José Alperovich; pero que ya es un hecho que el plan "B", como la consonante denuncia, es Beatriz Rojkés. Y que no vale infartarse si resulta que un ministro que es del interior termina completando esa fórmula alternativa.
Eso sí, antes de irse, el jefe de Estado le envió un mensaje a través de los medios al ministro de Seguridad: está dando la hora atrasada. Porque Mario López Herrera cargó las tintas contra los Tribunales, las excarcelaciones y las reicindencias, y eso ya no se puede hacer. "Yo no voy a criticar a la Justicia", avisó el gobernador. Estaba diciendo que en la Corte hay cada vez más ex colaboradores del Ejecutivo. Cada vez más amigos. Y que no falta mucho para que llegue otro...
Los que se quedan
En Tucumán, mientras tanto, se quedaron los tucumanos a seguir padeciendo la desaparición del control. Porque el Gobierno, por un lado, ha demolido los mecanismos institucionales de contralor: el control político, el administrativo, el parlamentario, el financiero, el judicial. Con ello, el poder desborda en unicatos y la libertad pierde terreno. Eso se traslada de las instituciones a la vida real. Porque, por otra parte, esta gestión falla trágicamente en los controles que debe brindar en beneficio de la comunidad. Los tucumanos ni siquiera son libres de transitar por toda su capital. El padre de Iván se encargó de poner en palabras los dolores de esas libertades que nos faltan.
"Desde que tengo uso de razón -escribió Walter Sénneke-, sostuve e inculqué que uno debe tener un ideal que diera sentido a la vida. Enseñé que los sueños deben seguirse, pelearse y buscarse. Que los caminos de la decencia y la honestidad son largos y empinados, pero que la recompensa al final siempre llega? Estas premisas y otras muy parecidas fueron siempre lo que les transmití y aún transmito a mis hijos. Imagínense cómo hago para sostener estos conceptos con los sobrevivientes, puesto que a la luz de los hechos todos estamos indefensos? Y digo esto, porque tengo la sensación de que el problema no son los malos exclusivamente".
No somos más libres.
Tampoco más dignos.
El mantra
Pero nada de eso no puede medirse en mucho o poco. Entonces, no es admisible para la política de la cantidad, que todo lo explica a partir de magnitudes. El mismísimo discurso oficial lo evidenció esta semana. Las denuncias sobre presuntas irregularidades en la comuna de Colombres, a partir de la supuesta entrega de ayudas sociales a cambio de recibos firmados en blanco, mereció una respuesta sostenida en la lógica de las magnitudes. Para envidia del Gran Khan, el gobernador expresó que su gobierno, el de la provincia más pequeña, en verdad es tan grande que no todo se puede controlar.
Con ese mismo paradigma de lo grandote, durante las elecciones provinciales tampoco se pudo controlar el uso de taxis, vehículos particulares y hasta motocicletas para trasladar electores a votar, lo cual es delito en México y en Brasil. Mucho menos se logró conjurar la entrega de bolsones o, directamente, de dinero en efectivo a los votantes, lo cual es delito en la Argentina.
La inseguridad todo lo abarca. Y desde hace mucho. No es ningún fenómeno: es el elogio de la cronicidad. ¿Cuáles, exactamente, son las expectativas de ganarle al delito aquí, allá, y en todas partes, si hay cada vez más generaciones que conocen, desde que tienen uso de razón, ese mantra maldito que reza "roba, pero hace"?
La no política
La política de la cantidad no es política: es "arreglo". Las ideologías son anécdotas. Mudar de partido es "flexibilidad". Y, sin dar explicaciones, se puede militar en espacios políticos que auspician medidas que colisionan con las más profundas convicciones éticas, morales y religiosas porque, después, todo se "arregla".
Dicho de otro modo, las licitaciones públicas conforman una política de calidad: si no está viciada (qué increible que sea imprescindible hacer esa salvedad), a la licitación la gana la "mejor" oferta. Pero aquí, no se conoce el paradero de ese mecanismo: la última vez que lo vieron, estaba escrito en una constitución. En su lugar, está la contratación directa. Dignísima hija del "arreglo".
El problema de la política del "arreglo" es cuando ocurre lo que le pasó a Iván. Lo que le hicieron a Iván. Lo que no tiene arreglo. Porque entonces queda claro que lo que tampoco hay es política.
(Manifiesto liminar de la reforma universitaria de 1918).
Se termina la semana del desamparo. Esta en la que se hizo tan patente todo lo que le falta a la provincia. Al Gobierno. A los tucumanos. Esta en la que, de manera incontrastable, quedó expuesto que el mayor déficit en esta jungla (alguna vez fue el jardín de una república) podría sintetizarse en la idea de la política de la calidad. Porque sólo hay política de la cantidad. Y en exceso.
No fue un informe ni una denuncia sino la muerte: ella vino a desnudar la situación. Y a traer una pregunta. Sigmund Freud sostuvo que la prohibición del asesinato es una de las leyes que funda la cultura: la salida del estado de naturaleza. Luego, si a Iván Sénneke, de 19 años, buena gente, lo fusilaron de rodillas para robarle una mochila, ¿dónde estamos, exactamente?
Esa muerte también trajo una certeza: más cantidad de policías y de autos y de cámaras y de camionetas y de celulares y de motos y de comisarías no es una política de seguridad. Ni lo será.
La cuestión resonó el miércoles en la comisión de Hacienda de la Legislatura. "¿El problema de la inseguridad es presupuestario?", le preguntó el radical Ariel García el ministro de Economía. "Claro que no", contestó Jorge Jiménez.
El tajo
El delito es un problema sumamente complejo. Las comunidades más prósperas lo padecen, lo que demuestra que la presunción más pobreza / más delito, y su viceversa, son absurdos peligrosos. En cambio sí hay, y desde hace décadas, estudios que muestran que el delito recrudece en la medida en que la brecha entre ricos y pobres se agranda.
Ese tajo se mensura según el Coeficiente de Gini, que coloca la igualdad absoluta en el 0 y la más brutal desigualdad en el 1. Ya en 2000, el Instituto Interamericano para el Desarrollo Económico y Social (Indes) enseñaba que se ha probado estadísticamente que según el índice se corre hacia el desigual 1, los ilícitos son más cruentos. Arrancan con el hurto, en 0,1, y van pasando al robo, y al robo a mano armada, al homicidio en ocasión de robo...
Pero, claro, deben ser patrañas cipayas de académicos imperialistas: esta es la patria de la redistribución del riqueza. Y el Indec dice que el Coeficiente de Gini se corre hacia el 0. Así que los delitos son cada vez más violentos porque los delincuentes son golpistas. Gorilas. Y destituyentes.
Hola y adiós
El agravante, a los efectos tucumanos, es que da la impresión de que el Gobierno no tiene la menor idea de qué hacer con la inseguridad, que ya no es un problema sino un drama colectivo. Esa incertidumbre se nota en la confesión del gobernador, que será sentida, sincera y angustiada, pero que resulta más propia de un vecino que del jefe del Ejecutivo. "¿Cómo solucionar esto si lo matan por una mochila?", preguntó él. El pueblo está esperando que conteste. Y con hechos.
Justamente, la marcha del miercoles reunió a miles y miles de personas en la plaza Independencia, quienes marcharon en silencio para decirles a los responsables del Estado que lo que les está pasando a los tucumanos no tiene nombre. Fue un mazazo para el mandatario. "Le cayó mortal", fue el lapsus coloquial de uno de los hombres de poder que lo concurre. Así que, apenas llegado de Europa, se volvió a subir a un avión para irse lejos, lejos, hasta Santa Cruz. Poco tiempo hubo para contar que, de cara a 2015 el plan "A" sigue siendo, como la vocal lo indica, José Alperovich; pero que ya es un hecho que el plan "B", como la consonante denuncia, es Beatriz Rojkés. Y que no vale infartarse si resulta que un ministro que es del interior termina completando esa fórmula alternativa.
Eso sí, antes de irse, el jefe de Estado le envió un mensaje a través de los medios al ministro de Seguridad: está dando la hora atrasada. Porque Mario López Herrera cargó las tintas contra los Tribunales, las excarcelaciones y las reicindencias, y eso ya no se puede hacer. "Yo no voy a criticar a la Justicia", avisó el gobernador. Estaba diciendo que en la Corte hay cada vez más ex colaboradores del Ejecutivo. Cada vez más amigos. Y que no falta mucho para que llegue otro...
Los que se quedan
En Tucumán, mientras tanto, se quedaron los tucumanos a seguir padeciendo la desaparición del control. Porque el Gobierno, por un lado, ha demolido los mecanismos institucionales de contralor: el control político, el administrativo, el parlamentario, el financiero, el judicial. Con ello, el poder desborda en unicatos y la libertad pierde terreno. Eso se traslada de las instituciones a la vida real. Porque, por otra parte, esta gestión falla trágicamente en los controles que debe brindar en beneficio de la comunidad. Los tucumanos ni siquiera son libres de transitar por toda su capital. El padre de Iván se encargó de poner en palabras los dolores de esas libertades que nos faltan.
"Desde que tengo uso de razón -escribió Walter Sénneke-, sostuve e inculqué que uno debe tener un ideal que diera sentido a la vida. Enseñé que los sueños deben seguirse, pelearse y buscarse. Que los caminos de la decencia y la honestidad son largos y empinados, pero que la recompensa al final siempre llega? Estas premisas y otras muy parecidas fueron siempre lo que les transmití y aún transmito a mis hijos. Imagínense cómo hago para sostener estos conceptos con los sobrevivientes, puesto que a la luz de los hechos todos estamos indefensos? Y digo esto, porque tengo la sensación de que el problema no son los malos exclusivamente".
No somos más libres.
Tampoco más dignos.
El mantra
Pero nada de eso no puede medirse en mucho o poco. Entonces, no es admisible para la política de la cantidad, que todo lo explica a partir de magnitudes. El mismísimo discurso oficial lo evidenció esta semana. Las denuncias sobre presuntas irregularidades en la comuna de Colombres, a partir de la supuesta entrega de ayudas sociales a cambio de recibos firmados en blanco, mereció una respuesta sostenida en la lógica de las magnitudes. Para envidia del Gran Khan, el gobernador expresó que su gobierno, el de la provincia más pequeña, en verdad es tan grande que no todo se puede controlar.
Con ese mismo paradigma de lo grandote, durante las elecciones provinciales tampoco se pudo controlar el uso de taxis, vehículos particulares y hasta motocicletas para trasladar electores a votar, lo cual es delito en México y en Brasil. Mucho menos se logró conjurar la entrega de bolsones o, directamente, de dinero en efectivo a los votantes, lo cual es delito en la Argentina.
La inseguridad todo lo abarca. Y desde hace mucho. No es ningún fenómeno: es el elogio de la cronicidad. ¿Cuáles, exactamente, son las expectativas de ganarle al delito aquí, allá, y en todas partes, si hay cada vez más generaciones que conocen, desde que tienen uso de razón, ese mantra maldito que reza "roba, pero hace"?
La no política
La política de la cantidad no es política: es "arreglo". Las ideologías son anécdotas. Mudar de partido es "flexibilidad". Y, sin dar explicaciones, se puede militar en espacios políticos que auspician medidas que colisionan con las más profundas convicciones éticas, morales y religiosas porque, después, todo se "arregla".
Dicho de otro modo, las licitaciones públicas conforman una política de calidad: si no está viciada (qué increible que sea imprescindible hacer esa salvedad), a la licitación la gana la "mejor" oferta. Pero aquí, no se conoce el paradero de ese mecanismo: la última vez que lo vieron, estaba escrito en una constitución. En su lugar, está la contratación directa. Dignísima hija del "arreglo".
El problema de la política del "arreglo" es cuando ocurre lo que le pasó a Iván. Lo que le hicieron a Iván. Lo que no tiene arreglo. Porque entonces queda claro que lo que tampoco hay es política.




