21 Octubre 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La figura de Muammar Kadafi era lo único que mantenía unida contra una causa común a sectores tan dispares como los rebeldes de Bengasi, los bereberes de las montañas de Nafusa, los Hermanos Musulmanes, los intelectuales en el exilio, los milicianos de Misrata, y que además convocaba la ayuda de la OTAN para derrocarlo.
El escenario, tras su muerte, por ahora es una incógnita. La situación puede mejorar o empeorar de acuerdo a cómo se comporten los herederos del poder en la vapuleada Libia, coinciden los analistas de política internacional.
"Entre los seis millones de libios hay miles de personas que en seguida han aprendido a expresarse sin miedo después de 42 años de dictadura... Pero hay también miles de personas que nunca han ejercido su derecho al voto, nunca han aceptado la derrota frente a un rival en las urnas y nunca han formado un Gobierno de coalición. Tienen armas, han aprendido a usarlas y no querrán deshacerse de ellas", escribió Francisco Peregil, desde Libia, para el diario El País.
Las rivalidades quedaron expuestas tras la caída de Sirte y Bani Walid. La población de Misrata siente que, sin su aporte, no se hubiera derrotado a Kadafi.
Cientos de personas murieron en Misrata mientras defendían la ciudad, durante dos meses, contra 18.000 soldados kadafistas, mientras que Bengasi fue liberado por la OTAN. En Trípoli, la capital, muchos ciudadanos sienten como una afrenta la presencia apabullante de milicianos de Misrata, añade Peregil.
Por ahora, el gobierno está a cargo del Consejo Nacional de Transición, pero a partir de que se declare la "liberación oficial" del país, se deberá formar un Gobierno provisional en el plazo de 30 días, una tarea que hasta ahora ha sido imposible de pactar.
Además, los vencedores de la guerra tendrán que aprender a respetar a quienes sigan expresándose a favor de Kadafi. Hasta ahora, la victoria ha ido acompañada de represalias y venganzas.
"Tahuerga, a media hora en coche de Misrata, es un ejemplo claro de eso. La mayoría de sus 30.000 habitantes eran negros descendientes de esclavos. La mayoría, también, eran partidarios de Kadafi. Muchos trabajaban en Misrata, conocían a sus vecinos. Pero en Misrata aseguran que los de Tahuerga violaron a las mujeres de Misrata. Ahora, en Tahuerga solo se ven casas quemadas y saqueadas. Sus habitantes tuvieron que huir y no se les permite el regreso", consigna el periodista.
Otros analistas señalan que el país entrará ahora en un proceso de reislamización, con un papel importante de la Hermandad Musulmana.
El ensayista y escritor español Santiago Alba, autor de "Túnez, la revolución", consignó que Libia sufrió un proceso de destrucción mucho mayor que el de Egipto y Túnez, donde también fueron derrocados sus gobernantes. "En Libia no existen instituciones ni sociedad civil articulada y la transición empieza después de una guerra civil", dijo en un artículo publicado por Página 12.
Según dijo, no hay que descartar que haya divisiones internas en el Consejo Nacional de Transición. La más inmediata puede ser la tensión, ya declaraad, entre el sector más político y liberal y el sector militar e islamista. "A su vez, habría pugnas entre los islamistas de la Hermandad Musulmana y los salafistas. Esto puede ser una fuente de inestabilidad", opinó.
Alba está convencido de que Libia se incorpora a una ola de "islamismo democrático", como lo están haciendo en Túnez y Egipto. "Son partidos con discursos equivalentes a los demócrata-cristianos europeos y que por tanto se ubican dentro de un marco financiero global capitalista. Aunque ganen, no podrán responder a las demandas sociales frente a los problemas de desempleo y desigualdad", dijo.
Con esta postura coincide en parte el analista Ignacio Gutiérrez de Terán, del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos de la Universidad Autónoma de Madrid, también citado por Página 12. "El sistema que estableció Khadafi era el de un ?no Estado?. Con el ejército desmantelado y las instituciones extinguidas se deberá crear un nuevo sistema político", dijo. (Especial)
El escenario, tras su muerte, por ahora es una incógnita. La situación puede mejorar o empeorar de acuerdo a cómo se comporten los herederos del poder en la vapuleada Libia, coinciden los analistas de política internacional.
"Entre los seis millones de libios hay miles de personas que en seguida han aprendido a expresarse sin miedo después de 42 años de dictadura... Pero hay también miles de personas que nunca han ejercido su derecho al voto, nunca han aceptado la derrota frente a un rival en las urnas y nunca han formado un Gobierno de coalición. Tienen armas, han aprendido a usarlas y no querrán deshacerse de ellas", escribió Francisco Peregil, desde Libia, para el diario El País.
Las rivalidades quedaron expuestas tras la caída de Sirte y Bani Walid. La población de Misrata siente que, sin su aporte, no se hubiera derrotado a Kadafi.
Cientos de personas murieron en Misrata mientras defendían la ciudad, durante dos meses, contra 18.000 soldados kadafistas, mientras que Bengasi fue liberado por la OTAN. En Trípoli, la capital, muchos ciudadanos sienten como una afrenta la presencia apabullante de milicianos de Misrata, añade Peregil.
Por ahora, el gobierno está a cargo del Consejo Nacional de Transición, pero a partir de que se declare la "liberación oficial" del país, se deberá formar un Gobierno provisional en el plazo de 30 días, una tarea que hasta ahora ha sido imposible de pactar.
Además, los vencedores de la guerra tendrán que aprender a respetar a quienes sigan expresándose a favor de Kadafi. Hasta ahora, la victoria ha ido acompañada de represalias y venganzas.
"Tahuerga, a media hora en coche de Misrata, es un ejemplo claro de eso. La mayoría de sus 30.000 habitantes eran negros descendientes de esclavos. La mayoría, también, eran partidarios de Kadafi. Muchos trabajaban en Misrata, conocían a sus vecinos. Pero en Misrata aseguran que los de Tahuerga violaron a las mujeres de Misrata. Ahora, en Tahuerga solo se ven casas quemadas y saqueadas. Sus habitantes tuvieron que huir y no se les permite el regreso", consigna el periodista.
Otros analistas señalan que el país entrará ahora en un proceso de reislamización, con un papel importante de la Hermandad Musulmana.
El ensayista y escritor español Santiago Alba, autor de "Túnez, la revolución", consignó que Libia sufrió un proceso de destrucción mucho mayor que el de Egipto y Túnez, donde también fueron derrocados sus gobernantes. "En Libia no existen instituciones ni sociedad civil articulada y la transición empieza después de una guerra civil", dijo en un artículo publicado por Página 12.
Según dijo, no hay que descartar que haya divisiones internas en el Consejo Nacional de Transición. La más inmediata puede ser la tensión, ya declaraad, entre el sector más político y liberal y el sector militar e islamista. "A su vez, habría pugnas entre los islamistas de la Hermandad Musulmana y los salafistas. Esto puede ser una fuente de inestabilidad", opinó.
Alba está convencido de que Libia se incorpora a una ola de "islamismo democrático", como lo están haciendo en Túnez y Egipto. "Son partidos con discursos equivalentes a los demócrata-cristianos europeos y que por tanto se ubican dentro de un marco financiero global capitalista. Aunque ganen, no podrán responder a las demandas sociales frente a los problemas de desempleo y desigualdad", dijo.
Con esta postura coincide en parte el analista Ignacio Gutiérrez de Terán, del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos de la Universidad Autónoma de Madrid, también citado por Página 12. "El sistema que estableció Khadafi era el de un ?no Estado?. Con el ejército desmantelado y las instituciones extinguidas se deberá crear un nuevo sistema político", dijo. (Especial)







