La belleza ha dejado ser una condición necesaria para conseguir la fama y el exito. Hoy, los que triunfan no son los carilindos, sino los talentosos. Las bellas y pulposas o las chicas yogur hoy resultan sosas y triunfan, en cambio, mujeres como Carolina Peleretti, Lola Berthet y Laura Oliva. A fuerza de talento y carisma, los feos han conseguido su propio espacio. Las caras atípicas ganan cada vez más terreno en la televisión. La clave es sacar provecho de esos rasgos.
Feos, rebeldes y sin complejos
Para muchos, la belleza es un concepto esquivo. Cambia según la época. Y en el último tiempo, los cánones de belleza ya no son tan rígidos. Hoy están en pleno avance personas más reales, que ganan en carisma y talento, y que, en lugar de rasgos delicados, imponen estilos con personalidad.
Y, como también sucede con otras disciplinas, este cambio se nota con mayor fuerza en la televisión. Desde hace un tiempo, los protagonistas de los ciclos más exitosos no son ya galanes carilindos de cuerpo musculoso y ojos del color del mar, sino personas maduras, con rasgos bien definidos como Miguel Angel Rodríguez (artífice del éxito de "Son amores") o Fabián Gianola (que triunfa como actor en "Costumbres argentinas" y como conductor en "Televisión registrada").
Hoy, existe una multitud de famosos que pasan su mejor momento y no entran dentro de las convenciones de perfección. Un símbolo de este boom es, sin duda, el presidente Néstor Kirchner (53 años). También viven su momento de máxima gloria el basquetbolista Emanuel Ginóbili (de 25 años) y Carlos Tévez (de 19), estrella de Boca.
Incluso en la televisión las caras atípicas parecen ganar protagonismo. Con su nariz prominente y sus ojeras marcadas, Diego Peretti (de 41 años) está lejos de esa imagen de galán robusto. Sin embargo, su presencia en "Los simuladores" tira de espaldas, y sus rasgos poco agraciados no hacen más que acrecentar su encanto. El mismo Gianola (de 40 años) exhibe una seducción que poco tiene que ver con los clásicos carilindos. Y Eduardo De la Puente (de 40 años), conductor de "Caiga quien caiga", también es muestra de que no hace falta ser un lindo de telenovela para tener fans.
¿Sexo débil?
Si bien nadie puede decir que Lola Berthet (de 25 años), una de las actrices del momento -sobre todo, después de ganar el Martín Fierro en el rubro "Revelación"-, entra dentro de lo que se entiende por belleza, ella sabe sacarle provecho a sus particulares rasgos y compone personajes divertidos y con chispa que de tanto hacer reir se vuelven muy seductores.
A quien tampoco le hizo falta pasar por el quirófano fue a Laura Oliva (de 31 años). Sin tener una gran delantera, ni un perfil de muñeca, logra lucirse al lado de su partenaire de "Grandiosas", la bellísima Karina Mazzocco, considerada toda una femme fatale.
La fórmula poco agraciada pero sensual, se sabe que funciona bien en el mundo de la música. El líder de "La Mosca", Guillermo Novellis (de 43 años), tiene seguidores hasta en España, sin ser precisamente un Adonis. Igual puede decirse del rockero Iván Noble, esposo dela actriz Julieta Ortega, quien fue uno de los protagonistas de la serie "099 Central" y despertó suspiros en la platea femenina, sin tener demasiados atributos físicos.
Es que una cintura chica o pasar el metro ochenta pueden ser una buena carta de presentación. Pero lo fundamental es la actitud. La gente los apoya porque no se la creen. Porque no adoptan ese rictus ulceroso, de cierto orgullo, tan común entre las mujeres y hombres más festejados por su apariencia que por cualquier otra cosa.
Tampoco tienen esa exagerada seriedad que se suele ver arriba de los escenarios. Se los ve más relajados y con menos pedantería que los que se creen perfectos. Y todo eso gana adeptos. Al fin y al cabo, "la belleza es aún más difícil de explicar que la misma felicidad", según lo declaró Simone de Beauvoir.
En la moda, la perfección pierde puntos
Nadie puede negar que el aspecto importa, pero también es cierto que los parámetros de belleza se desplazaron. Hoy, los carilindos resultan sosos. Y triunfan en las pasarelas modelos como Dolores Trull (25 años) o Iván de Pineda (25 años), que le escapan a lo tradicional.
La tendencia no es nueva. Empezó con Mariana Arias (37 años), ahora convertida en actriz. Más pronto de lo que se hubiese pensado, sus rasgos de friso egipcio se impusieron a las respingadas Barbies rubias. La perfección también perdió puntos con la aparición de Carolina Peleritti (31 años). Morocha, pelo corto, nariz grande y muy pulposa, la modelo (ahora convertida en actriz de teatro y televisión) contradecía cada una de las características que mandaban en las tapas de las revistas y, sin embargo, logró ascender al podio de top.
Su participación en unitarios y en la exitosa "Resistiré", la han llevado a ser una de las mujeres más buscadas para roles extraños, como mujeres asesinas o lesbianas. Lo que en un principio podían parecer defectos, se convirtieron en virtudes. Y ya no extraña que hoy los hombres caigan rendidos con los rasgos atípicos de Peleritti y las mujeres la admiren por su aire de chica interesante.
También la publicidad se hace eco de este movimiento. A los musculosos de gimnasio y las chicas con cuerpos de yogur les llegó el reemplazo: la gente normal gana los castings. Existe una tendencia a usar personas más normales para promocionar marcas. La intención es mostrar a alguien que represente la media. Eso es lo que sucede con el exitoso comercial "Canciones" de Quilmes y del último de caldos Knorr.
Los nuevos galanes de la TV
En este mundo que manda a todos al gimnasio, a ser más altos, más lindos, más bronceados, más musculosos, empezaron a aparecer una multitud de famosos que, quien más, quien menos, se parecen al 90 por ciento de los habitantes del planeta. Son representantes de un todo que, de golpe, ganó status. Algo tan superficial y subjetivo como el aspecto físico, parece sujeto a las fluctuaciones estacionales. Pueden tener nariz grande, frente chiquita, cejas que tienden a juntarse, ojos achinados. Pueden no entrar en los parámetros de perfección. Pero son personalidades que se sienten cercanas y se reciben con aplausos. "Cuando me propusieron protagonizar la novela ?El sodero de mi vida?, yo pensé que la historia se iba a convertir en un verdadero fracaso. Sobre todo porque yo no encajo dentro de los cánones establecidos en lo que a belleza física se refiere. Ojo, tampoco soy Quasimodo. Pero pensaba que mi tipo no iba a gustarle a la gente. Sin embargo, no fue así. La novela fue un verdadero éxito y todo el mundo se acuerda de este papel", señala Dady Brieva, conocido por su trabajo como comediante en "Midachi" y también por su rol de conductor en "Agradadytos". Brieva fue uno de los primeros "feos" en imponer su particular estilo en una televisión que, hasta no hace mucho, estaba dominada por los galanes al estilo de Gustavo Bermúdez, Pablo Echarri o Gabriel Corrado. Y, por supuesto, marcó una tendencia que se profundizó con el tiempo.