Días de furia y de excesos jaquean al corazón

Comer hasta reventar, beber sin límites, desvelarse, emocionarse o enfurecerse durante un partido de fútbol... Desde el viernes a la noche hasta el domingo sobran las transgresiones. El resultado aparece los lunes, temprano, en las emergencias médicas: es el día con más intervenciones debido a males cardiovasculares y ataques coronarios. Historias de impotencia y desfibriladores.

Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 31 Julio 2011
Viernes a la noche: salida de hombres, mucho alcohol, cigarro, música y comida. Sábado: el casamiento del "Pelado"; a comer y a tomar de todo. Domingo: gran asado familiar al mediodía, en la previa del partido en el que San Martín se jugaba todo para no descender. Los planes -ficticios, pero bien podrían haber sido reales- pintaban un fin de semana para el infarto. Literalmente.

Ese paréntesis de excesos, nervios y transgresiones que se abre los fines de semana suele poner en jaque a muchos corazones. Al día siguiente, tempranito, llega la hora de pasar factura. Basta con hojear las fichas médicas de los servicios de emergencia: el lunes a la mañana es la peor jornada para el bobo; es el momento con más intervenciones a causa de ataques cardiovasculares.

El 107 no para de sonar. Acostumbrados a vivir a pura adrenalina, médicos y enfermeros saben que el lunes es día de furia. Deberán echar mano al desfibrilador y poner el cuerpo para las maniobras de reaminación cardiopulmonar hasta 50 veces. Los males cardiovasculares representan el 20% del total de las emergencias (30 casos en promedio por día), destacó el cardiólogo Juan Palavecino, vicedirector de la institución.

Desmedidos

"La falta de tiempo y el trabajo desmedido de lunes a viernes lleva a la gente a querer hacer todo junto el fin de semana. A veces se sobrepasan; las consecuencias de esta carga emocional y de las transgresiones en la comida, la sal, las grasas, el alcohol y el cigarrillo se ven después en las salas de emergencia", detalló.

Por supuesto que no se trata de situaciones caprichosas. Antes del infarto no sólo cuentan los excesos; entran en juego todos los achaques de la vida moderna: el sedentarismo, el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad. Las transgresiones de fin de semana, en realidad, vienen a ser la famosa "gotita" que rebalsa el vaso.

Los dolores de pecho parecen multiplicarse los lunes, un día que además es el menos querido de la semana porque vuelven el estrés, el trabajo, los horarios. En algunos pacientes es sólo un malestar. Otros casos son más graves: hay quienes llegan desarmados en los brazos de alguien, tan al límite que en pocos segundos se les va la vida. Los médicos se sumergen en la titánica tarea de hacer renacer los latidos. La mayoría de las veces lo logran. Sin embargo, son esos pocos episodios en los que se apaga un corazón los que ellos más recuerdan.

Sus memorias están llenas de historias al límite. La mayoría de las atenciones a infartados ocurre en las casas, en el momento en que los pacientes se despiertan. Pero también hay casos insólitos. Por ejemplo, citan que una vez, el año pasado, una decena de taxistas pidieron ayuda desesperados en la Dirección de Emergencias. Un chofer había quedado encorvado sobre el volante, con su auto en medio de la calle. Después de los bocinazos y de los gritos de los automovilistas, alguien tuvo la gentileza de acercarse y descubrir que estaba morado. Había sufrido un ataque cardíaco masivo. Ya no se podía hacer nada.

Muchos de los relatos que aparecen detrás de los malestares, dolores o anginas de pecho y accidentes cardiovasculares son similares cada lunes, temprano. ¿Cómo fueron sus últimas horas?, preguntan los médicos: abusos en comidas y bebidas, situaciones tensionantes en el asado familiar o durante un partido de fútbol y hasta una sobreexigencia sexual.

No es que todo estos factores se combinan mágicamente para provocar un ataque. El cardiólogo y deportólogo Cristian Klyver explica que ante cualquier emoción extrema se genera una descarga de sustancias estimulantes que producen aumentos de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, lo cual compromete seriamente el corazón de quien tiene factores de riesgo. Si se suman las sobreexigencias a las que se somete el cuerpo el cóctel puede ser fatal.

Los males cardiovasculares son la segunda causa de muerte en el país y no es casual que los lunes haya hasta 20 veces más fallecimientos y ataques coronarios. Es cierto, el corazón generalmente no duele, pero se enferma. Y no de amor precisamente. Las estadísticas poco tienen que ver con la pasión, aunque este sentimiento sea también un gran protagonista del fin de semana.

Evaluación a hinchas fanáticos tucumanos

Un equipo realizó un trabajo de campo para probar las reacciones de los hinchas de fútbol cuando juega el equipo de sus amores. En casa, mirando el partido por TV, sufren más. Al estrés emocional del partido se le suman la comilona, el alcohol y el tabaco: un cóctel peligroso.

1- La previa del partido, típica del fin de semana. El estudio realizado probó que quienes se quedan en casa a ver a su equipo siempre suman una comilona, alcohol y cigarrillos.

2- La tensión que puede generar el partido comienza dos horas antes. En esos instantes los hinchas están ansiosos y ponen en juego todas sus emociones.

3- Llegó el momento: el árbitro da inicio al encuentro. En los primeros minutos suelen reprimirse algo las pasiones, pero si al equipo le va mal empiezan los problemas.

4- Con el correr de los minutos los hinchas se vuelven árbitros y se acuerdan de la familia de los jugadores. Hay ira, gritos y angustia. Presión arterial y frecuencia cardíaca: al máximo.

5- Se acabó la disputa. Queda la angustia por la derrota o la euforia del triunfo. En ambos casos, después de dos horas comienzan a bajar la presión y la frecuencia cardíaca.

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