Hace 23 años, el ex presidente Raúl Alfonsín protagonizaba el más crudo cruce verbal entre un gobierno y la Sociedad Rural. Hoy su hijo Ricardo presenta en la misma exposición el plan agropecuario de su eventual futuro gobierno, con el beneplácito de quienes abuchearon públicamente a su padre.
Catorce años después, Rafael Delpech, tan silbado como Alfonsín en 1988, fue el último secretario de Agricultura que se animó a dar un discurso oficial en la ceremonia de Palermo. Hoy integra el grupo de ex secretarios que presentó una propuesta para el sector que fue bien recibida por los mismos que lo repudiaron en 2002.
Ricardo Alfonsín y Delpech no son los únicos que pueden dar fe de que en política nada es permanente y que más que el arte de lo posible, pareciera ser el de lo increíble. Duhalde fue ayer uno de los más aplaudidos en el palco a pesar de haber sido el reinstalador de las retenciones.
Sin ir más lejos, el propio Hugo Biolcati dejó de lado los añejos enconos de los estancieros con Sarmiento, quien apenas reconocía en ellos "la voz de una aristocracia con olor a bosta". En el arte de lo increíble, los que fueron enemigos irreconciliables pueden terminar aliados ante la aparición de un tercer protagonista. Eso ocurrió el 11 de marzo de 2008, cuando el kirchnerismo cometió la peor de sus torpezas al lanzar la famosa resolución 125. El resultado se vio de inmediato con la constitución de la Mesa de Enlace, seguida por el voto "no positivo" de quien hasta entonces representaba la cuña del kirchnerismo en la UCR y, posteriormente, en la derrota electoral de junio de 2009.
Ese cambio de posiciones en la siempre inquieta coctelera política local estuvo presente en el discurso de Biolcati, que como ninguno de los pronunciados en las exposiciones precedentes estuvo focalizado en las elecciones. Los sucesores de Biolcati deberán estar atentos a las mutaciones de la política argentina. Si Alfonsín, Duhalde y Buzzi pudieron, kirchnerismo mediante, pasar del rechazo a la apología entre los miembros de la Sociedad Rural, el futuro puede deparar las sorpresas menos esperadas.
Catorce años después, Rafael Delpech, tan silbado como Alfonsín en 1988, fue el último secretario de Agricultura que se animó a dar un discurso oficial en la ceremonia de Palermo. Hoy integra el grupo de ex secretarios que presentó una propuesta para el sector que fue bien recibida por los mismos que lo repudiaron en 2002.
Ricardo Alfonsín y Delpech no son los únicos que pueden dar fe de que en política nada es permanente y que más que el arte de lo posible, pareciera ser el de lo increíble. Duhalde fue ayer uno de los más aplaudidos en el palco a pesar de haber sido el reinstalador de las retenciones.
Sin ir más lejos, el propio Hugo Biolcati dejó de lado los añejos enconos de los estancieros con Sarmiento, quien apenas reconocía en ellos "la voz de una aristocracia con olor a bosta". En el arte de lo increíble, los que fueron enemigos irreconciliables pueden terminar aliados ante la aparición de un tercer protagonista. Eso ocurrió el 11 de marzo de 2008, cuando el kirchnerismo cometió la peor de sus torpezas al lanzar la famosa resolución 125. El resultado se vio de inmediato con la constitución de la Mesa de Enlace, seguida por el voto "no positivo" de quien hasta entonces representaba la cuña del kirchnerismo en la UCR y, posteriormente, en la derrota electoral de junio de 2009.
Ese cambio de posiciones en la siempre inquieta coctelera política local estuvo presente en el discurso de Biolcati, que como ninguno de los pronunciados en las exposiciones precedentes estuvo focalizado en las elecciones. Los sucesores de Biolcati deberán estar atentos a las mutaciones de la política argentina. Si Alfonsín, Duhalde y Buzzi pudieron, kirchnerismo mediante, pasar del rechazo a la apología entre los miembros de la Sociedad Rural, el futuro puede deparar las sorpresas menos esperadas.








