24 Julio 2011 Seguir en 
B UENOS AIRES.- En el gobierno del Brasil hay una preocupación que ya no se intenta ocultar ni disimular. La pauta inflacionaria anual del 4,5% para 2011, fijada el año pasado, fue rápidamente desbordada: a mitad de año oscila entre el 6,5 y el 7% y se evalúan las medidas a tomar para que el problema no tome dimensiones aún mayores. Para colmo, el índice de precios al consumidor amplio llegó en junio al 0,15%. Si bien marcó una considerable caída respecto del 0,47% de mayo, superó las expectativas de los analistas económicos del país vecino, entre los que algunos anticiparon la posibilidad de una deflación que la realidad se encargó de echar por tierra. La referencia a cómo se preocupan en el gabinete de la presidenta Dilma Rousseff por cifras que por estos lares serían una meta deseable, apunta a algo más que poner en evidencia lo descolocada que está la Argentina en materia de política de precios. A diferencia de los altos niveles de inflación que nuestro país mostraba en el pasado, esta vez ni siquiera existe el consuelo del mal de muchos, ya que el resto de los países de la región está lejos de acompañar la "tensión de precios" fogoneada desde la Casa Rosada, el Palacio de Hacienda y el Banco Central.
"La inflación es una lacra", sostuvo meses atrás el neoliberal uruguayo José Mujica. "Hay que ser un guerrero contra la inflación", agregó el monetarista brasileño Lula da Silva, quien fue mucho más allá al advertir que con ella "quien pierde no es Dilma, sino el que vive de un salario". Si al Gobierno argentino esas consideraciones le resultan ajenas, no está de más recordar que son idénticas a las que sostenía hace un siglo Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista y traductor al castellano de El Capital.
Detrás de la preocupación de la rancia derecha del PT subyace un dilema que, además de provocar desvelos en Brasilia, debería encender señales de alerta en Buenos Aires. ¿Qué medidas tomará Brasil en el mediano y largo plazo para contener una inflación a la que el propio Lula le declaró la guerra? ¿Cuenta el Brasil de 2011 con el mismo margen de maniobra para crecer con estabilidad de precios como en los últimos años? Y la pregunta más inquietante: ¿en qué medida afectarán las eventuales medidas antiinflacionarias al comercio exterior y, más precisamente, al intercambio con la Argentina y su actividad económica?
Crecimiento y estabilidad
El ingreso de capitales y una capacidad ociosa considerable le permitió a Brasil, durante los ocho años de la administración de Lula, congeniar un crecimiento económico con estabilidad de precios. Pudo apreciar al real a valores superiores a los de hace once años sin que ello afecte su competitividad. Prueba de ello son los intentos del Gobierno argentino por reducir el saldo comercial bilateral desfavorable. Junto a los ingresos por las exportaciones del complejo sojero, esa realidad brasileña fue la gran aliada con la que contó la Argentina en los últimos años para contener al dólar. No debe pasarse por alto que, más allá de los discursos en defensa de un "tipo de cambio competitivo", la apreciación del peso ante la moneda estadounidense se mantiene ininterrumpidamente desde el segundo semestre de 2002.
Pero hay más de un elemento para prever que ese contexto no tiene muchas chances de prolongarse en el tiempo. Brasil ya no cuenta con los "colchones" que le permitieron crecer sin inflación. La consultora Economía & Regiones los identificó: "elevado desempleo y margen para dejar apreciar su moneda". "Sin embargo, en la actualidad Brasil está en pleno empleo y no puede dejar apreciar más al real frente al dólar, lo cual convierte a las elevadas tasas de crecimiento y los bajos niveles de inflación en dos objetivos que comienzan a ser contradictorios entre sí", añadió.
La realidad se encargó rápidamente de corroborar el análisis: el martes se supo que el desempleo en Brasil cayó al 6,2%, el mínimo desde que se cuentan con registros oficiales. Y el síntoma de la apreciación del real se notó por esos lares en el flanco menos esperado: el fútbol. Los clubes brasileños consideran que la apreciación del real ante el euro y la libra (un 35% en tres años) es un obstáculo para la exportación de jugadores.
"La inflación es una lacra", sostuvo meses atrás el neoliberal uruguayo José Mujica. "Hay que ser un guerrero contra la inflación", agregó el monetarista brasileño Lula da Silva, quien fue mucho más allá al advertir que con ella "quien pierde no es Dilma, sino el que vive de un salario". Si al Gobierno argentino esas consideraciones le resultan ajenas, no está de más recordar que son idénticas a las que sostenía hace un siglo Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista y traductor al castellano de El Capital.
Detrás de la preocupación de la rancia derecha del PT subyace un dilema que, además de provocar desvelos en Brasilia, debería encender señales de alerta en Buenos Aires. ¿Qué medidas tomará Brasil en el mediano y largo plazo para contener una inflación a la que el propio Lula le declaró la guerra? ¿Cuenta el Brasil de 2011 con el mismo margen de maniobra para crecer con estabilidad de precios como en los últimos años? Y la pregunta más inquietante: ¿en qué medida afectarán las eventuales medidas antiinflacionarias al comercio exterior y, más precisamente, al intercambio con la Argentina y su actividad económica?
Crecimiento y estabilidad
El ingreso de capitales y una capacidad ociosa considerable le permitió a Brasil, durante los ocho años de la administración de Lula, congeniar un crecimiento económico con estabilidad de precios. Pudo apreciar al real a valores superiores a los de hace once años sin que ello afecte su competitividad. Prueba de ello son los intentos del Gobierno argentino por reducir el saldo comercial bilateral desfavorable. Junto a los ingresos por las exportaciones del complejo sojero, esa realidad brasileña fue la gran aliada con la que contó la Argentina en los últimos años para contener al dólar. No debe pasarse por alto que, más allá de los discursos en defensa de un "tipo de cambio competitivo", la apreciación del peso ante la moneda estadounidense se mantiene ininterrumpidamente desde el segundo semestre de 2002.
Pero hay más de un elemento para prever que ese contexto no tiene muchas chances de prolongarse en el tiempo. Brasil ya no cuenta con los "colchones" que le permitieron crecer sin inflación. La consultora Economía & Regiones los identificó: "elevado desempleo y margen para dejar apreciar su moneda". "Sin embargo, en la actualidad Brasil está en pleno empleo y no puede dejar apreciar más al real frente al dólar, lo cual convierte a las elevadas tasas de crecimiento y los bajos niveles de inflación en dos objetivos que comienzan a ser contradictorios entre sí", añadió.
La realidad se encargó rápidamente de corroborar el análisis: el martes se supo que el desempleo en Brasil cayó al 6,2%, el mínimo desde que se cuentan con registros oficiales. Y el síntoma de la apreciación del real se notó por esos lares en el flanco menos esperado: el fútbol. Los clubes brasileños consideran que la apreciación del real ante el euro y la libra (un 35% en tres años) es un obstáculo para la exportación de jugadores.







