BUENOS AIRES.- Cristina Fernández habló del dólar en plena época electoral y dijo sin eufemismos que hay que "convencer" a los argentinos para que no apuesten a la divisa. Tiene razón la Presidenta y aunque no ha dicho cómo, el término "convencer" implica que no se ha llegado a mucha gente con la palabra o con los hechos adecuados, lo que tiene más que ver con la política que con la economía, justamente el área de versación que ella más domina.
Lo que los políticos que no tienen incorporado el concepto de "mercado" no logran entender es lo igual que actúan quienes intervienen en ellos a diario y los votantes, cada vez que les toca decidir. En este aspecto, los resultados de la elección porteña de hace 10 días y estas compras de dólares van de la mano.
CFK estuvo el lunes a la Bolsa de Comercio y allí se lució dando a conocer los indicadores que hacen de la Argentina de hoy casi un paraíso económico. Sin embargo, ante tanta maravilla estadística y aún con el disfrute que debería producir un modelo productivo que genera empleo porque privilegia el trabajo nacional, tal su descripción, la Presidenta terminó por admitir con su referencia al dólar que algo está sucediendo en lo profundo, algo que la tiene preocupada: la fuga de capitales y sobre todo la de pequeños minoristas, el llamado "chiquitaje" de la City.
Cómo puede ser, seguramente se ha interrogado ella antes de decirlo, que no se entienda que antes que comprar dólares es mejor invertir en empresas, en la economía real o aún en la desvalida Bolsa porteña, a la que acaba de agrandar a volúmenes de potencia.
Lo que parece ocurrir con la fuga de dólares hacia el colchón o al extranjero no es causa de maniobras de desestabilización, sino consecuencia de decisiones que se toman desde la política, que involucran desde la acción imperativa del Estado, lo jurídico-institucional, el falseamiento estadístico y las formas de convivencia con las demás fuerzas políticas, hasta la falta de reglas estables que, por previsibles, le hagan confortable la vida a todos.
Como le ha pasado al Gobierno en las últimas elecciones de la Capital Federal, si ahora tiene que "convencer" también a quienes compran divisas no es porque, en ambos casos, los ciudadanos no crean en lo que se les muestra, sino porque parecen desconfiar de lo que se les esconde. Desde lo práctico, esa elección ha demostrado que al chiquitaje porteño no le alcanza únicamente con el Plasma para Todos, sino que ante la avidez por ocupar espacios a los codazos y gastar cada día más para no abandonar los sillones de ninguna manera, quienes votan cada dos años y compran dólares todos los días quieren ver fórmulas y modos de entender el futuro que no les hagan pensar "mañana me toca a mí". Aunque a Fito le provoque asco.
Lo que los políticos que no tienen incorporado el concepto de "mercado" no logran entender es lo igual que actúan quienes intervienen en ellos a diario y los votantes, cada vez que les toca decidir. En este aspecto, los resultados de la elección porteña de hace 10 días y estas compras de dólares van de la mano.
CFK estuvo el lunes a la Bolsa de Comercio y allí se lució dando a conocer los indicadores que hacen de la Argentina de hoy casi un paraíso económico. Sin embargo, ante tanta maravilla estadística y aún con el disfrute que debería producir un modelo productivo que genera empleo porque privilegia el trabajo nacional, tal su descripción, la Presidenta terminó por admitir con su referencia al dólar que algo está sucediendo en lo profundo, algo que la tiene preocupada: la fuga de capitales y sobre todo la de pequeños minoristas, el llamado "chiquitaje" de la City.
Cómo puede ser, seguramente se ha interrogado ella antes de decirlo, que no se entienda que antes que comprar dólares es mejor invertir en empresas, en la economía real o aún en la desvalida Bolsa porteña, a la que acaba de agrandar a volúmenes de potencia.
Lo que parece ocurrir con la fuga de dólares hacia el colchón o al extranjero no es causa de maniobras de desestabilización, sino consecuencia de decisiones que se toman desde la política, que involucran desde la acción imperativa del Estado, lo jurídico-institucional, el falseamiento estadístico y las formas de convivencia con las demás fuerzas políticas, hasta la falta de reglas estables que, por previsibles, le hagan confortable la vida a todos.
Como le ha pasado al Gobierno en las últimas elecciones de la Capital Federal, si ahora tiene que "convencer" también a quienes compran divisas no es porque, en ambos casos, los ciudadanos no crean en lo que se les muestra, sino porque parecen desconfiar de lo que se les esconde. Desde lo práctico, esa elección ha demostrado que al chiquitaje porteño no le alcanza únicamente con el Plasma para Todos, sino que ante la avidez por ocupar espacios a los codazos y gastar cada día más para no abandonar los sillones de ninguna manera, quienes votan cada dos años y compran dólares todos los días quieren ver fórmulas y modos de entender el futuro que no les hagan pensar "mañana me toca a mí". Aunque a Fito le provoque asco.








