UN PASEO. Una de las tantas excursiones que pueden realizarse por los Valles, partiendo desde Tafí y visitando todos sus alrededores hasta llegar a Amaicha. Son muchas opciones. LA GACETA / ARCHIVO
18 Julio 2011 Seguir en 
Paisajes que quitan el aliento, una herencia cultural milenaria, tradiciones que perduran y conviven con novedades de la actualidad en perfecta armonía son algunas de las características que le otorgan una particularidad única al circuito de los Valles Calchaquíes.
Un camino que conduce hasta el asombro constante cambia, en un abrir y cerrar de ojos, la humedad y el verde perenne de las yungas por valles encerrados por frondosas montañas y luego, siguiendo hacia el norte, la aridez tan típica de la zona de mayor altura.
El mejor comienzo de un recorrido por los Valles Calchaquíes es Tafí del Valle, ubicado a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar, mágico sitio que no en vano fue llamado "Pueblo de Entrada Espléndida". A medida que se avanza en este circuito el clima también va cambiando y el calor característico del norte se vuelve un mito.
La diversión y apacibilidad se conjugan logrando una atractiva opción para pasar las vacaciones. Una alternativa es El Mollar, villa turística emplazada a los pies del cerro Nuñorco y junto al margen sur del embalse La Angostura. En invierno es refugio de moderada calma si se compara con la temporada estival, cuando concentra una llamativa actividad por ser el sitio preferido de los jóvenes.
Ya en Tafí del Valle, se puede caminar por calles pintorescas o internarse a caballo cerro adentro, disfrutando plenamente de los escenarios naturales. La villa cuenta con importantes hoteles y diversos hospedajes, restaurantes, bares y confiterías en las que sirven exquisiteces para tomar el té, y empresas que ofrecen variadas excursiones por los alrededores.
Además, se puede visitar los puestos de los artesanos que ponen a la venta el resultado de sus labores, hechas como sus ancestros les enseñaron. Tejidos en telar, piezas de cerámica, de cuero y de madera, entre otros materiales, son sumamente valorados por los visitantes.
Y, por supuesto, los célebres quesos, reconocidos en el plano internacional, que se elaboran en estancias de la zona.
Legado histórico
Prácticamente a la misma altura, unos kilómetros más hacia el norte, se encuentra otro sitio imperdible: Amaicha del Valle, conocida por la tradicional Fiesta de La Pachamama, ya que sobrevive allí una de las mayores comunidades indígenas del norte del país.
Ineludibles son también las Ruinas de Quilmes, consideradas entre los más importantes legados prehispánicos en Argentina.
Este circuito parece ser un espectáculo que la naturaleza preparó durante siglos para no dejar de sorprender; los colores de los cerros, el sonido del viento y el privilegio de que no hay sitio alguno donde los ojos no se inunden con inolvidables paisajes lo hacen único.
Un camino que conduce hasta el asombro constante cambia, en un abrir y cerrar de ojos, la humedad y el verde perenne de las yungas por valles encerrados por frondosas montañas y luego, siguiendo hacia el norte, la aridez tan típica de la zona de mayor altura.
El mejor comienzo de un recorrido por los Valles Calchaquíes es Tafí del Valle, ubicado a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar, mágico sitio que no en vano fue llamado "Pueblo de Entrada Espléndida". A medida que se avanza en este circuito el clima también va cambiando y el calor característico del norte se vuelve un mito.
La diversión y apacibilidad se conjugan logrando una atractiva opción para pasar las vacaciones. Una alternativa es El Mollar, villa turística emplazada a los pies del cerro Nuñorco y junto al margen sur del embalse La Angostura. En invierno es refugio de moderada calma si se compara con la temporada estival, cuando concentra una llamativa actividad por ser el sitio preferido de los jóvenes.
Ya en Tafí del Valle, se puede caminar por calles pintorescas o internarse a caballo cerro adentro, disfrutando plenamente de los escenarios naturales. La villa cuenta con importantes hoteles y diversos hospedajes, restaurantes, bares y confiterías en las que sirven exquisiteces para tomar el té, y empresas que ofrecen variadas excursiones por los alrededores.
Además, se puede visitar los puestos de los artesanos que ponen a la venta el resultado de sus labores, hechas como sus ancestros les enseñaron. Tejidos en telar, piezas de cerámica, de cuero y de madera, entre otros materiales, son sumamente valorados por los visitantes.
Y, por supuesto, los célebres quesos, reconocidos en el plano internacional, que se elaboran en estancias de la zona.
Legado histórico
Prácticamente a la misma altura, unos kilómetros más hacia el norte, se encuentra otro sitio imperdible: Amaicha del Valle, conocida por la tradicional Fiesta de La Pachamama, ya que sobrevive allí una de las mayores comunidades indígenas del norte del país.
Ineludibles son también las Ruinas de Quilmes, consideradas entre los más importantes legados prehispánicos en Argentina.
Este circuito parece ser un espectáculo que la naturaleza preparó durante siglos para no dejar de sorprender; los colores de los cerros, el sonido del viento y el privilegio de que no hay sitio alguno donde los ojos no se inunden con inolvidables paisajes lo hacen único.







