El 9 de julio fue acto patrio para Cristina y para José. No fue una ceremonia ni para los tucumanos ni para los próceres ni para el genérico argentinos. La presidenta de la Nación necesitaba un chapuzón más de popular y el gobernador precisaba cumplir una vez más con las exigencias de pertenecer.
Cualquier mandatario provincial -se llame Alperovich, Julio Miranda o Ramón Ortega- siempre prefiere que no vengan estos invitados. Desde el día del anuncio hasta el segundo final en el que el Tango 01 deja de pisar suelo tucumano todos están con el pulso acelerado. Ese el momento para respirar aliviado y hacer la evaluación de la jornada.
Alperovich, por lo general, tuvo un muy bien 10 como anfitrión salvo aquel primer 9 de Julio y el de la tribuna que se desplomó. Ayer la tensión no era menor. Un cuarto de plaza tomado por la impericia gubernativa era como un arsenal a merced de cualquiera. Un fósforo hubiera bastado para incendiar el 9 de Julio. Los autoconvocados se portaron correctamente y las autoridades del Gobierno también respetaron los pactos preexistentes a la visita de la Presidenta. Mañana todo volverá a comenzar. La escena del izamiento de la Bandera en este 9 de Julio con las carpas del descontento como parte del escenario volvieron a mostrar la impericia de más de un funcionario provincial.
El acto del Hipódromo tuvo todo lo que quería el oficialismo: gente, color, sol, vivas, emoción, banderas y el mensaje de "Gracias Cristina; estamos con vos y te vamos a votar en octubre". Alperovich, por su parte, recibió el mensaje de que no hubo incidentes y de que una multitud pobló el acto. Cuando habló hizo un resumen de los logros de su gestión y lanzó zalamerías para Cristina.
En las gradas, con la obligación de vivar, estaban los propios, los que son fiscalizados con lupa por el Gobierno y aquellos de los cuales se desconfía. Por eso una tribuna estuvo copada por los acoples oficialistas donde el joven Guillermo Gassenbauer es el gran mimado y Armando Cortalezzi, el gran beneficiado. La otra tribuna estuvo poblada por el interior. Allí fueron a parar las huestes de intendentes y delegados comunales que el senador Sergio Mansilla y el ministro Osvaldo Jaldo manejan con su puño. Los otros, terceros en discordia, representan la Capital. El engripado intendente Domingo Amaya y el diputado nacional Germán Alfaro hicieron esfuerzos para que después no les recriminen nada. Para cualquiera de estos tres grandes grupos, el 9 de Julio fue cumplir con José y/o con Cristina, pero para ellos no significó ningún beneficio, menos cuando restan 48 días para los comicios provinciales.
La comitiva anfitriona del Gobierno provincial sólo estuvo preocupada porque la Presidenta pasara un buen momento durante su estada. Los enviados nacionales tenían la atención dispersa. Con un ojo miraban los festejos del 9 de Julio y con el otro, las encuestas y los aprestos de la elección en la que hoy Daniel Filmus y Mauricio Macri hacen la gran apuesta.
Hubo un punto de disidencia entre lo que piensan el gobernador y la Presidenta. Ella le habló a todo el país reivindicando los comicios del 14 de agosto. Exageró mucho porque incluso le dijo a todos que debían ir a votar para elegir candidatos. Esa fue la esencia con la que se amasó las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias; pero lo cierto es que los candidatos fueron elegidos a dedo por los partidos y sólo se les dará un aval con el voto de ese día.
Por el contrario, Alperovich prometió votos para el 23 de octubre. Es lógico, sabe que el 14 tiene que hacer buen papel, pero su preocupación está en los comicios en los que será re-reelecto gobernador. Las nacionales están lejos para él.
Cristina necesita dar un mensaje interno en los comicios del 14. Quiere demostrarle a Hugo Moyano que no hace falta el 23, que con los jóvenes y la nueva sangre alcanza. Por eso después de que Alperovich prometió llenar las urnas el 23 de octubre, un funcionario nacional -dicen que fue Florencio Randazzo- le advirtió que los gobernadores deben jugar muy fuerte el 14 y ese día llenar las urnas para que el 23 todo sea más fácil.
Cristina no se olvida de los jóvenes. Ese sector por el que los K trabajaron desde el primer momento, pero que, en verdad, los sorprendió el día de la muerte de Néstor. En aquel momento se hicieron presentes. La apuesta es muy fuerte, el riesgo que no deberían correr en ese discurso es soslayar la corrupción que explota en varios puntos y que no pueden darse el lujo ni de confundir, ni de engañar, ni de tapar a los jóvenes que necesitan ser la bisagra transformadora -y no continuadora- de este mal endémico de la democracia argentina.
Para los que estuvieron en la calle, en el Hipódromo y a la vuelta del calor oficial este encuentro en Tucumán fue cálido, emotivo, entusiasta, abrazador y abrasador. Fue seductor, apasionado, regalón, prometedor y por sobre todo político.
Para los que lo vieron por televisión o lo miraron desde lejos se trató de un 9 de Julio incómodo, exclusivo para los alineados, con aroma a campaña, sin creatividad, sin ideas, distante.
Curiosamente, en ninguno de los dos casos fue un día patrio. Y también quedó en claro que este 9 de Julio no fue para todos; y muchos menos para todos juntos, como en algún momento se soñó cuando se sembró la semilla de 1816.
Perdidos en el espacio
La llegada de un aniversario patrio suelen ser como la aproximación del fin de año. Invitan a una especie de introspección. Si bien no son los típicos balances de diciembre en los que más de uno revisa lo que hizo y se traza objetivos para el año que viene, en estas circunstancias se revisan más las acciones públicas. Se corporeizan las figuras del pasado y se proyectan las ilusiones colectivas del presente. Son en estos momentos donde toman fuerza las ideas de Belgrano, de Moreno; y se mira pensando qué sería de ellos en este presente. Tucumán, además, tiene un compromiso con el futuro. En 2016 celebrará el bicentenario de la Declaración de la Independencia, y los ojos del mundo estarán puestos en esta pequeñísima provincia. El 28 de agosto se elegirán las personas encargadas de trabajar en los próximos años para ese gran acontecimiento. Tal vez -lo más seguro- no sean las que comanden o presidan los festejos de 2016, al menos si se sigue respetando la Constitución vigente. Sin embargo van a tener en sus manos todos los proyectos y la ilusión de un festejo fundador, revitalizador. Lamentablemente, si uno revisa los afiches y las propuestas -muy magras, todas- de los candidatos ninguna habla de 2016, por el contrario, todos parecen muy preocupados por mirar hacia atrás o por inventar eslogan cortos y pegadizos, y no por construir un futuro que obligadamente los tendrá como protagonistas.
Cualquier mandatario provincial -se llame Alperovich, Julio Miranda o Ramón Ortega- siempre prefiere que no vengan estos invitados. Desde el día del anuncio hasta el segundo final en el que el Tango 01 deja de pisar suelo tucumano todos están con el pulso acelerado. Ese el momento para respirar aliviado y hacer la evaluación de la jornada.
Alperovich, por lo general, tuvo un muy bien 10 como anfitrión salvo aquel primer 9 de Julio y el de la tribuna que se desplomó. Ayer la tensión no era menor. Un cuarto de plaza tomado por la impericia gubernativa era como un arsenal a merced de cualquiera. Un fósforo hubiera bastado para incendiar el 9 de Julio. Los autoconvocados se portaron correctamente y las autoridades del Gobierno también respetaron los pactos preexistentes a la visita de la Presidenta. Mañana todo volverá a comenzar. La escena del izamiento de la Bandera en este 9 de Julio con las carpas del descontento como parte del escenario volvieron a mostrar la impericia de más de un funcionario provincial.
El acto del Hipódromo tuvo todo lo que quería el oficialismo: gente, color, sol, vivas, emoción, banderas y el mensaje de "Gracias Cristina; estamos con vos y te vamos a votar en octubre". Alperovich, por su parte, recibió el mensaje de que no hubo incidentes y de que una multitud pobló el acto. Cuando habló hizo un resumen de los logros de su gestión y lanzó zalamerías para Cristina.
En las gradas, con la obligación de vivar, estaban los propios, los que son fiscalizados con lupa por el Gobierno y aquellos de los cuales se desconfía. Por eso una tribuna estuvo copada por los acoples oficialistas donde el joven Guillermo Gassenbauer es el gran mimado y Armando Cortalezzi, el gran beneficiado. La otra tribuna estuvo poblada por el interior. Allí fueron a parar las huestes de intendentes y delegados comunales que el senador Sergio Mansilla y el ministro Osvaldo Jaldo manejan con su puño. Los otros, terceros en discordia, representan la Capital. El engripado intendente Domingo Amaya y el diputado nacional Germán Alfaro hicieron esfuerzos para que después no les recriminen nada. Para cualquiera de estos tres grandes grupos, el 9 de Julio fue cumplir con José y/o con Cristina, pero para ellos no significó ningún beneficio, menos cuando restan 48 días para los comicios provinciales.
La comitiva anfitriona del Gobierno provincial sólo estuvo preocupada porque la Presidenta pasara un buen momento durante su estada. Los enviados nacionales tenían la atención dispersa. Con un ojo miraban los festejos del 9 de Julio y con el otro, las encuestas y los aprestos de la elección en la que hoy Daniel Filmus y Mauricio Macri hacen la gran apuesta.
Hubo un punto de disidencia entre lo que piensan el gobernador y la Presidenta. Ella le habló a todo el país reivindicando los comicios del 14 de agosto. Exageró mucho porque incluso le dijo a todos que debían ir a votar para elegir candidatos. Esa fue la esencia con la que se amasó las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias; pero lo cierto es que los candidatos fueron elegidos a dedo por los partidos y sólo se les dará un aval con el voto de ese día.
Por el contrario, Alperovich prometió votos para el 23 de octubre. Es lógico, sabe que el 14 tiene que hacer buen papel, pero su preocupación está en los comicios en los que será re-reelecto gobernador. Las nacionales están lejos para él.
Cristina necesita dar un mensaje interno en los comicios del 14. Quiere demostrarle a Hugo Moyano que no hace falta el 23, que con los jóvenes y la nueva sangre alcanza. Por eso después de que Alperovich prometió llenar las urnas el 23 de octubre, un funcionario nacional -dicen que fue Florencio Randazzo- le advirtió que los gobernadores deben jugar muy fuerte el 14 y ese día llenar las urnas para que el 23 todo sea más fácil.
Cristina no se olvida de los jóvenes. Ese sector por el que los K trabajaron desde el primer momento, pero que, en verdad, los sorprendió el día de la muerte de Néstor. En aquel momento se hicieron presentes. La apuesta es muy fuerte, el riesgo que no deberían correr en ese discurso es soslayar la corrupción que explota en varios puntos y que no pueden darse el lujo ni de confundir, ni de engañar, ni de tapar a los jóvenes que necesitan ser la bisagra transformadora -y no continuadora- de este mal endémico de la democracia argentina.
Para los que estuvieron en la calle, en el Hipódromo y a la vuelta del calor oficial este encuentro en Tucumán fue cálido, emotivo, entusiasta, abrazador y abrasador. Fue seductor, apasionado, regalón, prometedor y por sobre todo político.
Para los que lo vieron por televisión o lo miraron desde lejos se trató de un 9 de Julio incómodo, exclusivo para los alineados, con aroma a campaña, sin creatividad, sin ideas, distante.
Curiosamente, en ninguno de los dos casos fue un día patrio. Y también quedó en claro que este 9 de Julio no fue para todos; y muchos menos para todos juntos, como en algún momento se soñó cuando se sembró la semilla de 1816.
Perdidos en el espacio
La llegada de un aniversario patrio suelen ser como la aproximación del fin de año. Invitan a una especie de introspección. Si bien no son los típicos balances de diciembre en los que más de uno revisa lo que hizo y se traza objetivos para el año que viene, en estas circunstancias se revisan más las acciones públicas. Se corporeizan las figuras del pasado y se proyectan las ilusiones colectivas del presente. Son en estos momentos donde toman fuerza las ideas de Belgrano, de Moreno; y se mira pensando qué sería de ellos en este presente. Tucumán, además, tiene un compromiso con el futuro. En 2016 celebrará el bicentenario de la Declaración de la Independencia, y los ojos del mundo estarán puestos en esta pequeñísima provincia. El 28 de agosto se elegirán las personas encargadas de trabajar en los próximos años para ese gran acontecimiento. Tal vez -lo más seguro- no sean las que comanden o presidan los festejos de 2016, al menos si se sigue respetando la Constitución vigente. Sin embargo van a tener en sus manos todos los proyectos y la ilusión de un festejo fundador, revitalizador. Lamentablemente, si uno revisa los afiches y las propuestas -muy magras, todas- de los candidatos ninguna habla de 2016, por el contrario, todos parecen muy preocupados por mirar hacia atrás o por inventar eslogan cortos y pegadizos, y no por construir un futuro que obligadamente los tendrá como protagonistas.







