Ya no son tan importantes ni los íntimos (como Oscar Parrilli y Carlos Zanini) ni los patagónicos (como Nicolás Fernández y Héctor Icazuriaga) ni los fieles (como los gobernadores K, entre ellos José Alperovich). Cristina aprovechó este 9 de julio para dejar en claro que se independizó de todos ellos. Ya no hay cadenas que la unan con los devidos, los fernández y hasta con los pingüinos. Sus aliados para su segundo mandato son los jóvenes. Esos que comenzó a aglutinar su hijo Máximo hace algunos años y que ahora ocupan lugares en las listas, en los actos, en los palcos y en el Gobierno. Ya no hay respeto por el trabajo territorial ni por las autonomías de los gobernadores ni por los acuerdos preexistentes con antiguos aliados. Llegó la hora de ese grupo de treintañeros entre los que la Presidenta se siente segura, pero con quienes corre el riesgo de dilapidar el poder político que Néstor le legó, forjado de la mano de "viejos" que ya no le importan.









