Dilema para una gestión bajo la sombra de Lula

La Presidenta da señales de ser menos tolerante que su antecesor ante los escándalos.

08 Julio 2011
BRASILIA.- Dilma Rousseff asumió la Presidencia del Brasil el 1 de enero, con la sombra del exitoso Luiz Inácio Lula da Silva sobre sus hombros. En seis meses, dos ministros que ocupaban cargos estratégicos debieron renunciar en medio de escándalos de corrupción, junto a varios funcionarios de segundo rango.

El 7 de junio, el jefe de la Casa Civil (el Gabinete), Antonio Palocci, mencionado como el hombre más poderoso del Gobierno, cayó a causa de denuncias sobre su súbito enriquecimiento patrimonial. Ahora fue el turno del ministro de Transporte, Alfredo Nascimento, por una trama de pedidos de coimas a empresas contratistas del Estado, en una de las carteras que más presupuesto tiene.

En los hechos, desde la salida traumática de Palocci, el Gobierno izquierdista ha estado paralizado y en un constante estado deliberativo con la decena de socios de la alianza oficial. La renuncia relativamente rápida de Nascimento (se mantuvo en su cargo menos de una semana, tras las primeras denuncias periodísticas de los hechos) podría ser interpretada como una señal de que Rousseff es menos tolerante respecto a la corrupción que Lula, su predecesor y mentor político, quien permitió que los funcionarios se mantuvieran en sus puestos por mucho más tiempo tras acusaciones de ese tipo.

"La situación de Nascimento no tenía solución, pero toda ruptura representa riesgos a la conducción de la coalición. La Presidente tendrá que mostrar sensibilidad para alcanzar una concertación que no será trivial, y al mismo tiempo mandar un mensaje claro a la sociedad, de que su Gobierno no aceptará este tipo de comportamiento de sus funcionarios", afirmó el analista político André Cézar, de CAC Consultores. (Especial-Télam-Reuters-DPA)

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