Después de derrapes como La marroquinería política, El descascaramiento y La elegida y el elegidor, es casi una reacción natural tomar con prevención El kirchnerismo póstumo, la última compilación de los artículos que Jorge Asís (foto) escribe en su portal web (JorgeAsisDigital.com). Sin embargo, aquí reaparece una de las mejores facetas del autor de Flores robadas en los jardines de Quilmes, cuanto menos en lo que refiere a su tarea como comentarista de la realidad. En este libro está el Asís que mira.
Claro que para descubrirlo hay que separar la paja del trigo. Primero, porque pretende disfrazar su prosa como análisis periodístico, citando "fuentes" siempre anónimas, que le informan todo cuánto él necesita para justificar su argumentación. Segundo, porque a veces no puede contenerse y termina panfletario, como cuando sus "informantes" le manifiestan que a la Presidenta le gusta gastarla pero no saber de dónde viene.
Precisamente, el ex embajador menemista no es objetivo ni quiere serlo. Él mismo se presenta en El absurdo previsible de la muerte, a propósito del fallecimiento del ex presidente patagónico. "Confesión de opositor franco: desde hace siete años vivo de Kirchner. Encaro el desafío explicarlo. Para combatirlo mejor". Pero Asís ofrece una suerte de compensación: también se presenta como un opositor a Clarín. Entonces, se ubica como un francotirador que dispara contra ambos frentes. Y a la vez que se declara "neutral", advierte que el mejor escenario es el de las dos facciones aniquiladas.
Con esas advertencias ya se puede filtrar un texto en el que, con la provocación como combustible, Asís plasma lo que ve con la presteza del que ha estado en las dos veredas de la Casa Rosada. Lo suficiente para advertir que el kirchnerismo, dado el miedo que despierta el cegetista Hugo Moyano, logró que hasta los peronistas se hagan gorilas. Mientras, la clase trabajadora pasó de columna vertebral del PJ a prótesis descartable.
Ya que arrancó, no se detiene. Néstor es El furia, Cristina es La Elegida y Moyano es portador sano del virus de Lula. Alberto Fernández es poeta romántico; Carlos Zannini, Ñoño; y Horacio Verbitsky trabaja de humanista influyente. Eduardo Duhalde es piloto de tormentas generadas; Carlos Reutemann, administrador de vacilaciones; y Mario Das Neves es tenor portugués. Felipe Solá milita en el Peronismo Solitario, el gobernador santiagueño Gerardo Zamora es "neo-Juárez" y "radical kash"; Sergio Massa, intendente de Tigre, es "Massita"; y Julio De Vido, pingüino trucho.
Pero este Asís agazapado, que dispara apodos sin solución de continuidad para no escuchar los que le caben a él, también deja flancos. Para el caso, Carlos Saúl Menem es Menem a secas.
También hay mención al alperovichismo y su truncado sueño vicepresidencial. "Otro prócer, que retrocede algún paso, afectado por la epidemia que oculta, es el paisano Alperovich. El gobernador de Tucumán es aquel radical que debió hacerse cargo de la desbandada del peronismo. Pero hoy Alperovich se muestra confidencialmente harto de la ingratitud. Desde el festejo del 25 de Mayo (de 2010), que la fantasía, abruptamente, le disminuye. Como la presión. En un extraño rapto de ingenuidad, Alperovich había trasladado cientos de tucumanos. Para que lo glorificaran, frente a la Basílica de Luján. Pero la senadora Rotkes (sic), esposa del gobernador, pudo captar, según las vertientes, entre El Furia y La Elegida, algún comentario desagradablemente despectivo. 'Este Ruso se cree que por poner carteles puede ser el vice'".
Este Asís que mira es mejor que el Asís que teje conjeturas que, al final, desembocan en callejones sin salida. Y que el Asís que analiza, y que presenta escenarios fatalmente desarticulados con la muerte de Kirchner. Justamente, lo sabroso del libro de Asís está en el principio, ya descrito, y en el final. En medio, todo tendrá sabor a viejo. Por eso, El kirchnerismo póstumo es presentado como el cuarto tomo de la novela del kirchnerismo. Además de pretencioso, el concepto pretende justificar la presentación de una serie de artículos cuyos devaneos se murieron el 27 de octubre de 2010.
El gusto a desactualizado impregna el capítulo tres, El poder y la lona, que versa justamente sobre el período de acciones en baja del kirchnerismo, tras la derrota electoral de 2009. Pero aún en ese contexto, tan lejano ahora que la Presidenta va por la reelección, surgen claves imperecederas cuando Asís se dedica a mirar. "Si Kirchner, como gobernador, con 1.100 millones de dólares en el bolso, no fue capaz en los 90 de diseñar para Santa Cruz ningún proyecto de desarrollo, nadie podía esperar que, como presidente, en los 2000, con cinco años de 'crecimiento a tasas chinas', atenuara, aunque sea un poco, la pobreza". También acierta cuando presenta a tres presidentes como empedernidos fumadores de ideologías: Raúl Alfonsín consumió al radicalismo intransigente y su "patota progresista"; Menem agotó hasta las cenizas al liberalismo clásico de la UCD; "Kirchner prefirió fumarse a las organizaciones humanitarias. Madres y Abuelas".
El Epílogo, se comparta su contenido o no, le dará al libro un cierre circular. Apuntará al título del libro para explicar que no corresponde hablar de postkirchnerismo sino de kirchnerismo póstumo: uno que puede dilatarse. Extenderse. Hasta ganar -incluso- elecciones. Donde La Elegida se elige a sí misma, aclamada por los huérfanos. © LA GACETA
Claro que para descubrirlo hay que separar la paja del trigo. Primero, porque pretende disfrazar su prosa como análisis periodístico, citando "fuentes" siempre anónimas, que le informan todo cuánto él necesita para justificar su argumentación. Segundo, porque a veces no puede contenerse y termina panfletario, como cuando sus "informantes" le manifiestan que a la Presidenta le gusta gastarla pero no saber de dónde viene.
Precisamente, el ex embajador menemista no es objetivo ni quiere serlo. Él mismo se presenta en El absurdo previsible de la muerte, a propósito del fallecimiento del ex presidente patagónico. "Confesión de opositor franco: desde hace siete años vivo de Kirchner. Encaro el desafío explicarlo. Para combatirlo mejor". Pero Asís ofrece una suerte de compensación: también se presenta como un opositor a Clarín. Entonces, se ubica como un francotirador que dispara contra ambos frentes. Y a la vez que se declara "neutral", advierte que el mejor escenario es el de las dos facciones aniquiladas.
Con esas advertencias ya se puede filtrar un texto en el que, con la provocación como combustible, Asís plasma lo que ve con la presteza del que ha estado en las dos veredas de la Casa Rosada. Lo suficiente para advertir que el kirchnerismo, dado el miedo que despierta el cegetista Hugo Moyano, logró que hasta los peronistas se hagan gorilas. Mientras, la clase trabajadora pasó de columna vertebral del PJ a prótesis descartable.
Ya que arrancó, no se detiene. Néstor es El furia, Cristina es La Elegida y Moyano es portador sano del virus de Lula. Alberto Fernández es poeta romántico; Carlos Zannini, Ñoño; y Horacio Verbitsky trabaja de humanista influyente. Eduardo Duhalde es piloto de tormentas generadas; Carlos Reutemann, administrador de vacilaciones; y Mario Das Neves es tenor portugués. Felipe Solá milita en el Peronismo Solitario, el gobernador santiagueño Gerardo Zamora es "neo-Juárez" y "radical kash"; Sergio Massa, intendente de Tigre, es "Massita"; y Julio De Vido, pingüino trucho.
Pero este Asís agazapado, que dispara apodos sin solución de continuidad para no escuchar los que le caben a él, también deja flancos. Para el caso, Carlos Saúl Menem es Menem a secas.
También hay mención al alperovichismo y su truncado sueño vicepresidencial. "Otro prócer, que retrocede algún paso, afectado por la epidemia que oculta, es el paisano Alperovich. El gobernador de Tucumán es aquel radical que debió hacerse cargo de la desbandada del peronismo. Pero hoy Alperovich se muestra confidencialmente harto de la ingratitud. Desde el festejo del 25 de Mayo (de 2010), que la fantasía, abruptamente, le disminuye. Como la presión. En un extraño rapto de ingenuidad, Alperovich había trasladado cientos de tucumanos. Para que lo glorificaran, frente a la Basílica de Luján. Pero la senadora Rotkes (sic), esposa del gobernador, pudo captar, según las vertientes, entre El Furia y La Elegida, algún comentario desagradablemente despectivo. 'Este Ruso se cree que por poner carteles puede ser el vice'".
Este Asís que mira es mejor que el Asís que teje conjeturas que, al final, desembocan en callejones sin salida. Y que el Asís que analiza, y que presenta escenarios fatalmente desarticulados con la muerte de Kirchner. Justamente, lo sabroso del libro de Asís está en el principio, ya descrito, y en el final. En medio, todo tendrá sabor a viejo. Por eso, El kirchnerismo póstumo es presentado como el cuarto tomo de la novela del kirchnerismo. Además de pretencioso, el concepto pretende justificar la presentación de una serie de artículos cuyos devaneos se murieron el 27 de octubre de 2010.
El gusto a desactualizado impregna el capítulo tres, El poder y la lona, que versa justamente sobre el período de acciones en baja del kirchnerismo, tras la derrota electoral de 2009. Pero aún en ese contexto, tan lejano ahora que la Presidenta va por la reelección, surgen claves imperecederas cuando Asís se dedica a mirar. "Si Kirchner, como gobernador, con 1.100 millones de dólares en el bolso, no fue capaz en los 90 de diseñar para Santa Cruz ningún proyecto de desarrollo, nadie podía esperar que, como presidente, en los 2000, con cinco años de 'crecimiento a tasas chinas', atenuara, aunque sea un poco, la pobreza". También acierta cuando presenta a tres presidentes como empedernidos fumadores de ideologías: Raúl Alfonsín consumió al radicalismo intransigente y su "patota progresista"; Menem agotó hasta las cenizas al liberalismo clásico de la UCD; "Kirchner prefirió fumarse a las organizaciones humanitarias. Madres y Abuelas".
El Epílogo, se comparta su contenido o no, le dará al libro un cierre circular. Apuntará al título del libro para explicar que no corresponde hablar de postkirchnerismo sino de kirchnerismo póstumo: uno que puede dilatarse. Extenderse. Hasta ganar -incluso- elecciones. Donde La Elegida se elige a sí misma, aclamada por los huérfanos. © LA GACETA








