Ese país en donde la locura es normalidad

Juan Manuel Asis
Por Juan Manuel Asis 26 Junio 2011
La Argentina es un país donde lo anormal forma parte de la rutina diaria y, lo que es peor, se acepta. "Como el agua y el aire, la locura nos acompaña", dice Miguel Wiñazki para aludir a ese país furibundo y desmesurado que retrata con pinceladas de sucesos recientes: violencia callejera, crispación política, desbordes sociales, saqueos, corralito económico, asesinatos y las salideras bancarias. Para eso se circunscribe a los últimos 10 años, desde aquellos cacerolazos que tumbaron a Fernando de la Rúa hasta la muerte de Néstor Kirchner.
Expone un país desquiciado con ejemplos bien narrados: los últimos días del ex presidente radical que sucumbió por su ineptitud para manejar el poder; la asunción en medio de saqueos y crisis económica de Eduardo Duhalde; la masacre de Cromañón que se llevó a Aníbal Ibarra; los ataques a jóvenes por "ser lindas"; la muerte inaudita del joven Matías Berardi -aquel que pudo escapar de sus captores y que fue nuevamente apresado por la poca solidaridad de la gente que no movió un dedo cuando lo escuchó pedir ayuda-; el aberrante ataque a Carolina Píparo y la muerte de su bebé, Isidro; los increíbles suicidios de adolescentes en Rosario de la Frontera; y la violencia política que tiene al kirchnerismo como gran culpable.
Wiñazki justifica su texto cuando alude a la locura de la juventud que se inmola, sin miedo al peligro, entre bengalas (Cromañón); o cuando afirma que nos han robado la solidaridad: "ni siquiera somos culpables por no ser solidarios" (por Berardi); o cuando sostiene que en nuestro país la violencia política y social se retroalimentan, "tal vez el pecado del kirchnerismo sea ignorarlo".
Justamente, el escritor destina varios capítulos a analizar cómo se relacionó el Gobierno con otros sectores de poder y, especialmente, cuando sus intereses no coincidían. Caso concreto: la pelea con el campo que derivó en una violencia social y política que dividió al país.
En esa rueda de locura nacional incorpora la pelea con el diario Clarín, la ocupación de escuelas por parte de los estudiantes y el rol del sindicalismo de la mano de Hugo Moyano como un factor de poder a través de sus negociados políticos. La muerte de Mariano Ferreyra -militante del PO- se integra como parte de esa desmesura y de la agresión incontenible.
"La confusión es uno de los rostros fantasmales de la locura", acota. El fallecimiento de Kirchner se presenta como un corolario de tanta locura. Siempre se señaló que el patagónico sintió la muerte del Ferreyra y que esa inexplicable desaparición, en medio de tanto desatino, junto a otras preocupaciones y descuido de su salud lo llevaron a la tumba.
Al margen, Wiñazki aporta una perlita de un informante, cuyo nombre no revela, sobre la personalidad en vida de Kirchner: "Su forma de actuar no es ideológica, sólo apunta a la consolidación del poder más allá del tiempo. Para él, el poder es la guita, quien maneja la caja tiene el poder". © LA GACETA

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