Poemas y sonetos indelebles

12 Junio 2011
Poesía
El otro, el mismo
JORGE LUIS BORGES

El otro, el mismo incluye sus poemas más recordados, algunos de los cuales coinciden cronológicamente con los que intercaló en El hacedor. Borges poeta alcanza la madurez en La noche cíclica, Poema conjetural, Página para recordar al coronel Suárez vencedor en Junín, Mateo XXV, 30.
En La noche cíclica, Borges combina la insólita erudición y la alusión a su ingrata intimidad. Vencido por el insomnio  recorre las calles de Palermo donde vivió en su infancia, calles que melancólicamente "repiten los pretéritos nombres de mi sangre". Las dos primeras estrofas recuerdan por su belleza metálica ciertos poemas de Fernando Herrera y de Quevedo, aunque lamento que Borges, en la tercera estrofa, haya sustituido "el filólogo Nietzche" por "David Hume de Edimburgo".
En Poema conjetural, después de referirse al Purgatorio de Dante, traduce uno de sus versos, fuggendo a piede e'ensanguinando il piano, con este otro verso, que huyendo a pie y ensangrentando el llano. A su vez, el penúltimo verso de Mateo XXV, 30, Has gastado los años y te han gastado, es una paráfrasis de I wasted time and now doth time waste me. (Shakespeare, Ricardo II, acto V, escena V). Las citas de Borges intentan pasar desapercibidas, no como las de Eliot, ostensibles por no decir ostentosas.
En cuanto a los monólogos de Borges, provienen de sus lecturas de Browning y de Whitman. Si Borges busca la concisión, concentrándose en el momento culminante -"Qué importa el tiempo sucesivo si en él / hubo una plenitud, un éxtasis, una tarde"-, Browning, en cambio, necesita agregar imágenes que enriquezcan la escena barroca como ocurre, por ejemplo, con la  prolongada agonía del protagonista en El obispo encarga su sepulcro en la iglesia de Santa Práxedes en Roma. La enumeración caótica que ocupa la casi totalidad de Mateo XXV, 30 es un eco lejano de sus lecturas de Whitman. Whitman celebra la vida dirigiéndose a un vasto número de camaradas dispersos. Borges se dirige a sí mismo, buscando, a través de los nombres, recuperar la felicidad perdida.
Pienso que Borges tiene insospechadas semejanzas con Cavafy. Ambos juegan con esa máquina del tiempo que es la memoria, escapando de la monotonía reductora creada por su propia inteligencia.
No puedo dejar de mencionar dos sonetos admirables, Una brújula y Spinoza, donde se aprecia la delicada musicalidad del poeta.
© LA GACETA

Eduardo Paz Leston

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