Feria del libro 2011
Con los años, la Feria del Libro de Buenos Aires se convirtió más en un espectáculo de feria que en una exposición de libros. Lo que antes era una invitación a la lectura y a la reflexión, y una puesta en discusión sobre el estado de los libros en la Argentina, pasó a ser una puesta en escena -un reality- meramente mercantil.
08 Mayo 2011 Seguir en 

Por Fabián Soberón
Para LA GACETA - Tucumán
Los escritores estrellas posan frente a la cámara y se sacan fotos como si fuera el escenario de la TV o la mera estrategia de marketing de una empresa editorial. Ahora bien, esto no impide que una parte de los lectores siga conformando ese sector secreto y subterráneo que disfruta de los libros y de las bibliotecas desperdigadas en los múltiples pasillos como si fueran una forma del paraíso. En este sentido, hay dos ferias: la que muestran y venden los medios -los medios que se acoplan a la idea de cultura como mercado- y la otra, más secreta, más individual, la silenciosa feria de los lectores.
En términos generales, los escritores del interior tienen poco espacio para la difusión de sus libros. No hay una política de inclusión. La Feria reproduce el esquema mayor de la cultura nacional, el modo de concebir la cultura que existe desde siempre. El país federal es una utopía. La Feria se llama Feria Internacional de Buenos Aires. Su nombre se refiere a una provincia. Sin embargo, dice ser nacional cuando en realidad es una sencilla sinécdoque: se propone mostrar la literatura nacional aunque sólo exponga una parte. Los escritores del interior -no me agrada esta designación ya que supone que están perdidos en una zona inhóspita y lejana, en el interior de algo que no sabemos muy bien qué es- se abren paso a pesar de los obstáculos que impone el mercado y la voracidad darwiniana de las grandes editoriales. De todos modos, lo que importa es la calidad de las obras.
Creo que más allá de la falta de difusión o de la escasa o nula exposición de las obras, lo que verdaderamente importa es el valor científico o artístico de los libros. Lo demás será borrado por el viento cruel de la historia o, como dijo de manera inmejorable Shakespeare, lo demás es silencio.
Este año, las autoridades de la Feria colocaron los stands de las provincias en un pabellón separado del casco central. Esta decisión -¿consciente?- recluye a las provincias a un rincón y las aleja al público ocasional. La Feria repite el esquema mayor de la política cultural argentina: reina la desigual distribución de la riqueza y de los capitales culturales entre la capital y las provincias. De hecho, hay una actividad que refleja lo que digo. A lo largo de la Feria, se designa un día para cada una de las provincias. ¿Por qué no hay un día dedicado a la Capital?
Los stands avasallantes, los carteles lumínicos, las pantallas digitales pululan en el ámbito multicolor de la Feria. Pero escasean los debates sobre qué entendemos por literatura argentina, o qué pensamos sobre la poesía y la ciencia, o qué lugar tiene la lectura en la sociedad del espectáculo. Reina, imperturbable, la parafernalia mercantil.
¿Es la Feria un espejo deforme y miope de la sociedad contemporánea?
© LA GACETA
Fabián Soberón - Ensayista, novelista y
editor. Participó del panel Literatura,
violencia y política de la Feria del Libro 2011.







