30 Abril 2011 Seguir en 

Para ciertos sectores de opinión, Ernesto Sabato, consagrado como “prócer cultural”, habría excedido su propio tiempo, se habría convertido, en vida, en monumento y estatua de sí mismo. Los que hoy ocupan (o se atribuyen) en el campo intelectual argentino una posición de “vanguardia”, difícilmente lo admitirían como antecedente de sus propias obras, y menos aún estarían dispuestos a verlo como un miembro supérstite de esa clase de artistas: los que rompen o desvían los cánones vigentes para buscar nuevas formas de expresión.
Sin embargo, el ingreso de Sabato en la literatura ocurre bajo el signo de la ruptura y la rebelión. Hoy como ayer, la escritura de Ernesto Sabato, nacida bajo el signo de la vanguardia, sigue exhortando a las recientes generaciones para que no se conformen con nada menos que con la totalidad de la experiencia vital, con nada menos que con “la fidelidad a lo que cada uno cree su destino” (La resistencia, pág. 136). Es una invitación a la nictalopía: la capacidad de ver en la tiniebla, de encontrar una senda en ella, de avanzar a pesar de los obstáculos, de descubrir sus secretas riquezas.
Es, también, una exhortación al pensamiento utópico. No casualmente Antes del fin termina con estas palabras, escritas a los 87 años: “....el obstáculo no impide la historia,....el hombre sólo cabe en la utopía. Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”.
María Rosa Lojo ? Escritora, doctora en Letras de la Universidad de Buenos Aires. Autora de Sabato, en busca del original perdido.
* Vea la nota completa en el número especial de LA GACETA Literaria del lunes próximo.
NOTICIAS RELACIONADAS







