Vargas Llosa y su padre

Porta orgulloso el apellido materno: Llosa. Unico hijo de Ernesto Vargas Maldonado y de Dora Llosa Ureta, divorciados al poco tiempo de su nacimiento, creyó hasta los diez años, cuando se reconcilió con su madre, que su padre había fallecido.

CONFESIÓN. El Nobel peruano dijo que la vida con su padre fue una pesadilla. CONFESIÓN. El Nobel peruano dijo que la vida con su padre fue una pesadilla.
30 Abril 2011
Por Carmen Perilli
Para LA GACETA - Tucumán

Mario Vargas Llosa es un avezado constructor de su propio mito de autor, un gesto acentuado entre los escritores del denominado Boom. Me llamaron la atención algunas coberturas nacionales de la visita del escritor, que celebran haber escuchado el secreto de su relación con el padre. Sorprende esta afirmación ya que demuestra que se leyó poco o nada al escritor y al periodista, que se caracteriza por una creativa impudicia autobiográfica.
La historia del rencor que lo vincula al progenitor se reitera desde sus primeras ficciones. En La ciudad y los perros, Alberto cae al Leoncio Prado para hacerse hombre. En Conversación en la catedral, la vida del protagonista se narra desde la obsesión por un padre corrupto y perverso relacionado con el dictador. En La tía Julia y el escribidor, el padre es el antagonista en la vida y la escritura. Se opone a su carrera y a su relación amorosa. 
Pero es en El pez en el agua, su autobiografía, en el capítulo inicial -"Ese señor que era mi papá"- donde el padre adquiere ribetes de villano: "Ernesto J. Vargas, pese a su blanca piel, sus ojos claros y su apuesta figura, pertenecía -o sintió que siempre pertenecía, lo que es lo mismo- a una familia socialmente inferior a la de su mujer".
Lo muestra lleno de "los tortuosos rencores y complejos de los que están llenos los peruanos", entre el mundo blanco y el  indio. La vida con el padre acaba con "la visión candorosa" inculcada por la madre. Y agrega: "Y es probable que sin el desprecio de mi progenitor por la literatura, nunca hubiera perseverado yo de manera tan obstinada".

La frontera

No es el primer escritor enfrentado al Padre. Una fuerte declaración: la literatura nace como modo de decepcionar  al padre. En innumerables reportajes, Vargas Llosa ha reiterado su rechazo a la figura masculina. En una nota de 2007 en El País -La sombra del padre-, conmueve: "Tuve una relación desastrosa con mi padre, y los años que viví con él, entre los once y los dieciséis, fueron una verdadera pesadilla? Probablemente desde esa época se me ocurrió pensar que una buena relación con el padre debe dejar en quienes la viven algo positivo en el carácter, tal vez eso que llaman buena entraña".
Toda historia de vida se narra como novela, como señala Marthe Robert. Elegimos los personajes y fabulamos una narración que compense las faltas. Vargas Llosa, consciente del papel de los demonios familiares, en el mundo novelesco elige crear su propia fábula familiar, en la que el padre representa lo negativo.  Siempre nos queda la duda sobre dónde comienza la ficción, dónde termina la realidad.
© LA GACETA

Carmen Perilli - Doctora en Letras, 
profesora de Literatura hispanoamericana
de la Universidad Nacional de Tucumán.

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