Bono atizó la pasión argentina con un show de vértigo

La banda paseó al públicos por un sinfín de clásicos, lo colmó de elogios y lo enloqueció con la tecnología. Detalles de un espectáculo de otro mundo.

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 31 Marzo 2011
LA PLATA.- Tras la partida discreta de Muse, que había interpretado nueve frenéticas y agónicas canciones durante 45 minutos, una suave melodía ?pequeña serenata nocturna- invadió el sorprendente estadio único de La Plata. Los ayudantes probaron los instrumentos, pasearon por los escenarios, alguien tiró un tiburón inflable en el campo para que flotara sobre la multitud de pie (unas 15.000 personas) y una mano invisible empujó a los 44.000 espectadores sentados en las plateas a hacer la ola. Arriba, en la pantalla giratoria de 360º, un reloj con un segundero enloquecido parecía marcar el tiempo de la urgencia: giraba dos veces más rápido que lo normal.

Cuando el reloj loco llegó a las 23 (en realidad eran las 21.35) la imagen comenzó a quebrarse y desmoronarse. El tiempo se había cumplido. El reloj se convirtió en un diafragma gris cerrado y se escuchó una canción. Humo por todo el escenario. De pronto estaba The Edge y el sonido enérgico de su guitarra; explotó la batería de Larry Mullen y el humo se tiñó de rojo. Apareció Bono y la gente se puso de pie. Era U2, que cantó con fuerza "Even better than the real thing". Mas el primer impacto le llegó a la audiencia con la segunda canción, "I will follow". The Edge tomó posesión del escenario, hizo su primer ademán brusco con la guitarra y Bono, con remera negra y campera y pantalón de cuero, se metió en el bolsillo al público: levantaba las manos y todos las levantaban a su ritmo; saltaba y todos saltaban.

El momento del fraseo loco y salvaje de la guitarra llegó con "Get on your boots". Uno de los puentes del escenario comenzó a moverse y The Edge y Adam Clayton caminaron por el círculo externo, iniciando lo que fue característico en el espectáculo, lleno de movimiento y color: caminatas y juegos con la audiencia.

Para la cuarta canción, mientras Bono cantaba "I was born to be with you", el mundo pasaba por la pantalla giratoria y el escenario se desbordaba en luces de colores y humo; en el quinto tema se combinaban las imágenes de los músicos con las figuras de mujeres bailando y de manos entrelazadas. Ya estaba claro que esa maravilla tecnológica que es el gigantesco escenario llamado "La garra" (que tiene cuatro brazos de los que cuelgan 12 camarógrafos) iba a ser un complemento perfecto para el ambicioso show de los músicos, que mantienen intacto su sonido desde los años 70.

Distancia, afecto, fútbol
"Solos, solos... gracias a Muse por compartir el escenario. Uno de los mejores grupos. Qué privilegio", dijo Bono, en inglés. Agregó en duro castellano: "¡Qué bueno volver!". Y siguió en inglés: "¿por qué este lugar es tan lejano de donde vivimos, en Dublín? ¿Por qué lo sentimos tan cercano? No sé. Pero gracias".

Luego presentó a los miembros de la banda, con un fuerte gancho a la pasión argentina: "En batería, ?La Pulga? Larry Mullen; a su izquierda, el hombre que mete tres al hilo, el ?Pipita? de U2, Adam Clayton; a su derecha, el hombre que no tiene nombre -es como Dios, siempre en el lugar correcto-, el ?Pupi? Zanetti de la banda, The Edge; y no sé qué soy yo... yo sería Carlitos Apache", describió.

Entonces arrancó "I still haven?t found what I?m looking for". La gente se puso de pie. El bajo de Clayton golpeaba el centro de cada pecho, la guitarra sonaba poderosa y melancólica. La multitud cantaba como si fuera un ritual. Y Bono introdujo un juego: terminó la canción entonando "It?s gonna be allright", como Bob Marley.

Siguió un momento de calma ("I can wait... for your love") y al concluir la novena canción Bono se quedó quieto mirando al público. Sonrió. Tiró un beso y estalló "Beautiful day", con el escenario que giraba mientras el cantante levantaba las manos y hacía saltar a la gente. Al final, la segunda sorpresa: terminó la canción con las estrofas de "Blackbird" de los Beatles.

Para interpretar "In a little while" hizo subir a una chica al escenario y la hizo pasear mientras se veían imágenes de la partida del trasbordador espacial y de una estación en órbita. Luego vino "Miss Sarajevo", que terminó con una pregunta en castellano sobre la pantalla giratoria: "¿por qué el mundo es tan cruel con tanta gente?".

Cuando cantaron "Vértigo" la gente seguía los juegos de manos de Bono y la pantalla giraba enloquecida. En "I ?ll go crazy if I don?t go crazy tonight" se alternaban un video de los músicos marcando un ritmo con las imágenes de ellos en el escenario. Y llegó la tercera sorpresa: la canción terminó con frases de "Relax" de Frankie goes to Hollywood. Bono hizo una pequeña pausa. Les habló a las ciudades. "Enciendan sus radios", les dijo. Y se escuchó la poderosa melodía de la guitarra en "Sunday Bloody sunday", que volvió a convertir a la multitud en un animal que se movía y saltaba.

Tres adioses
Luego habló de la liberada activista birmana Aung San Suu Kyi. Entraron personas con velas al escenario. "Desde Buenos Aires... nunca olvidaremos", dijo. "Muchas gracias. Buenas noches", se despidió. Eran las 23.10.

Luego de que el grupo se perdiera en el escenario oscuro, en la pantalla se vio una grabación del Arzobispo sudafricano Desmond Tutu hablando de los que luchan por la paz y contra la discriminación ?"que son los mismos en el mundo"- explicó. Y al terminar la grabación apareció la banda cantando "One", lo cual volvió a sacudir al público, al que le esperaba otro impacto fuerte con el tema 19: "Where the streets have no name". Un video de los músicos se alternaba con una pantalla roja que llegaba hasta el suelo (50 metros) y se dividía mientras Bono saltaba y hacía sacudirse a todos.

Se fueron. Nadie estaba conforme. Un plato volador en dibujo animado apareció en la pantalla. Dos extraterrestres se preguntaban la hora y de pronto el plato aterrizó y el cantante preguntó "What time is in this world?" ("¿Qué hora es en este mundo?"). Para entonces, los espectadores estaban dispuestos a todo. Hasta para cantar, alentados por Bono, "With or without you", como una plegaria. "Gracias por estar. Gracias por apoyar la campaña One. Dios los bendiga", dijo él. Pero no era el final.

Silencio. Bono miró a la gente. Sonrió. Lo aplaudieron. "Gracias por esta hermosa noche. No la olvidaremos. No olvidaremos La Plata, una ciudad donde las calles tampoco tienen nombre", susurró. Y agregó: "piensen en Gustavo Cerati. Amor y respeto. Él oirá nuestra voz esta noche".

Entonces arrancó "Moment of surrender", que culminó con un aplauso intenso, sostenido. Los músicos dejaron los instrumentos, se juntaron, aplaudieron ellos al público, y Bono, antes de partir en una despedida gloriosa (eran las 23.48), arrojó su último elogio, en castellano: "son-lo-más". LA GACETA ©

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios