En Santa Ana, la muerte y la desocupación marcan la historia de los obreros golondrina

Unos 25 trabajadores rurales fallecieron desde 2000 y 1.500 personas emigran cada año.

17 Marzo 2011
CONCEPCIÓN.- La muerte accidental de dos trabajadores golondrina de Santa Ana, acaecida el 18 de marzo pasado en una finca de Chilecito (La Rioja), reavivó en ese pueblo la demanda de creación de fuentes laborales.

Unas 1.500 personas, según informes extraoficiales, están obligadas todos los años a emigrar a otras provincias en busca de trabajo. Es uno de los pueblos del interior con el mayor índice de emigrantes temporarios. La mayoría, contratados con falsas promesas, debe enfrentar condiciones laborales infrahumanas. Lo más lamentable, según se refirió, es que desde hace tiempo no todos los golondrinas regresan con vida.

Desde 2000 hasta la actualidad unos 25 obreros rurales perecieron en distintas circunstancias. El 14 de marzo, Juan Esteban Uñate (de 19 años) y Pedro Marcial (de 34) fueron a trabajar en la cosecha de uva en una finca del paraje riojano El Retamo, en Chilecito. El viernes 18, alrededor de las 17, descansaban debajo de un galpón precario cuando se desplomó parte del techo. Juan y Pedro murieron en el acto. Resultaron gravemente heridos César Alberto Cejas (27 años) y José Marcelo Graneros (18), también de Santa Ana. Ambos continúan internados y se recuperan de las heridas. "Nuestros hijos nos deben abandonar porque aquí no hay nada que hacer. Y para colmo es como si fueran a una guerra: no se sabe si volverán. Juan Esteban se fue porque decía que quería ayudarnos. Ahora no lo volveremos a ver nunca más", dijo Miriam Díaz, madre de la víctima fatal. "Nos enteramos de la tragedia por la televisión. Desde La Rioja no recibimos ninguna comunicación de los contratistas. En realidad, hasta ahora, nadie dio la cara para explicarnos lo sucedido. Sólo sé que el galpón que se cayó era muy precario y en él descansaban unas 50 personas", apuntó Juan Uñate, el padre. "El golpe que recibimos fue terrible. Pero esperamos que lleve al Gobierno a pensar en nuestro pueblo, abandonado desde que cerró el ingenio. Aquí vivimos una tragedia interminable ante la falta de trabajo" añadió el hombre.

A pesar de que el gobernador de La Rioja, Luis Beder Herrera, dijo a través de los medios que la muerte de los golondrinas será investigada hasta las últimas consecuencias, los Uñate aseguran que hasta el momento ninguna medida se tomó contra el propietario de la finca. "En estos días volvieron a salir otros ómnibus al mismo lugar. Es como si nada hubiera pasado. De todos modos sigo confiado en que se hará justicia", indicó el padre.

"Ellos se fueron porque querían ganarse unos pesos. Nunca pensaron en lo que les podía pasar. Marcial murió y José Marcelo, mi otro sobrino, está muy herido. Creo que estas cosas no sucederían si aquí hubiera trabajo", dijo Mercedes del Carmen Graneros, tía de las víctimas.

Por su parte, Lidia Ávila se refirió al drama que enfrenta, tras resultar herido en el accidente de La Rioja su esposo Alberto Cejas. "Ahora estoy con mi hija Judith amparada por mis parientes. Mi esposo se fue a la cosecha de uva porque aquí no encontraba trabajo y ya no teníamos ni para comer. Pero la desgracia no nos da tregua. Se accidentó y tiene un pie complicado", dijo la mujer. "Necesito ayuda. Vivo en una habitación pequeña, sin baños y sin recursos para sobrevivir", imploró.

La muerte de los dos golondrinas reflotó el recuerdo de otra tremenda tragedia que sacudió al pueblo: fue en 2000 cuando fallecieron 12 personas en La Cuesta de La Cébila, al volcar el camión que los transportaba a una finca de La Rioja. "Las cosechas de citrus y la zafra azucarera contienen en gran medida el alto índice de desocupación de esa localidad. El drama se acentúa entre noviembre y marzo, cuando se tiene que ir la gente", explicó, por último, el comisionado comunal Alberto Páez. (C)

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