El "nuevo" texto de Shakespeare

Por más de tres siglos se ha discutido si el gran dramaturgo inglés es el autor de Doble mentira, obra cuyo protagonista es un personaje de El Quijote. ¿Cervantes y Shakespeare, los dos mayores genios de la literatura universal, estuvieron unidos por ese personaje? ¿Fue la traición de una joven la que inspiró el texto y gran parte de la obra del autor de Hamlet? ¿Fue allí donde vislumbró el mundo de deseo y envidia en el que hoy vivimos?

13 Marzo 2011
Por Carlos María Alsina
Para LA GACETA - Tucumán

Durante más de 300 años, los estudiosos de la obra shakesperiana han debatido si La historia de Cardenio o Los amantes preocupados, representada dos veces en 1613, en el Globe Theater, aún en vida de Shakespeare y puesta en escena más de cien años después, en 1727, en el Drury Lane Theatre de Londres, por iniciativa del empresario y dramaturgo Lewis Theobald, bajo el título de Double Falshood (Doble mentira) pertenecía sólo al genial Bardo o se trataba de un texto escrito por su colaborador John Fletcher. Ambos firmaron juntos diversos textos durante la vejez de Shakespeare, quien escribió, en soledad, su última gran obra, La Tempestad, en 1612 y falleció en 1616.
Lo interesante es que este texto teatral toma a Cardenio, un personaje de Don Quijote de Cervantes, como una figura de su trama teatral. ¿Shakespeare y Cervantes, los dos más grandes genios de la literatura universal, unidos por esta relación creativa?

Huellas y cenizas

La novela Don Quijote llegó a Inglaterra en 1612, siete años después de su publicación en España, con traducción al inglés de John Shelton. Es posible, entonces, que Shakespeare la haya leído. Un incendio destruyó el Globe Theater, pocos meses después del estreno del Cardenio y se perdió el manuscrito entre tantas otros textos. 40 años más tarde, en 1653, un estudioso de la creación shakesperiana afirmó haber visto un manuscrito titulado Cardenio con firma de Shakespeare y Fletcher. En 1727, Lewis Theobald la representó sólo dos veces afirmando que poseía tres copias del texto original pero los estudiosos no lo tomaron en serio y la comedia fue olvidada. Un nuevo incendio, en 1808, redujo a cenizas el Covent Garden, en donde se guardaban numerosos textos del teatro isabelino de los cuales llegaron muy pocos a nuestras manos: unos 200 entre los 3.000 que, se calcula, existían.
Brean Hammond, docente de literatura de la Universidad de  Nottingham, ha estudiado por diez años el texto en cuestión comparándolo con otras obras del Bardo. El uso de los versos, la terminología, la invención de nuevas palabras le hace afirmar "sin ninguna duda" que se trata de una obra de Shakespeare aunque con cortes y algunos cambios efectuados por Theobald. Esta opinión autorizada convenció a Richard Proudfoot, director de la colección oficial shakesperiana, Arden, a publicar Doble mentira, en la próxima edición de las obras completas del genial inglés.
La trama es característica de muchos textos shakesperianos: representa los avatares amorosos de cuatro personajes: el noble Henríquez que ama a la humilde Violante pero seduce a Leonora, la prometida esposa de su mejor amigo Julio quien, sintiéndose traicionado, ejecuta un plan para impedir el casamiento de Henríquez con Leonora, matrimonio fogoneado por el padre de la muchacha. Esta, desesperada y enamorada de Julio, amenaza con suicidarse. Entre golpes de escena y travestimientos varios, los amantes preocupados logran reunirse.

La marca de la traición

Es notable la obsesión de Shakespeare por la traición. Tal vez porque, según señalan algunos de sus biógrafos más notables, un hecho marcó dolorosamente su vida: en 1597 conoció a Mary Fitton, una muchacha de la corte de la Reina Isabel I, de 19 años, quien vivía su sexualidad sin demasiadas culpas. William tenía 34 años y era amante, dada su condición bisexual, de un noble inglés, Lord Herbert, al parecer más joven que el dramaturgo y, según dicen, muy apuesto. Shakespeare pidió a su compañero que le sirviera de intermediario para obtener los favores de la joven, cuestión que Herbert realizó. Shakespeare obtuvo lo que deseaba pero esto no impidió que, algún tiempo después, Lord Herbert se quedara con Mary Fitton.
El genial dramaturgo sufrió, entonces, una doble traición que lo acosó casi hasta el final de su vida. No es casual que sus más grandes obras fueran escritas luego de esta doble desilusión amorosa: Hamlet, la tragedia de la duda, en 1601; Troilo y Crésida, lo máximo de su teatro de humor en donde se reflexiona sobre la estructura fugaz del deseo, en 1602; Medida por medida y Otelo, la tragedia de los celos, en 1604; Rey Lear, la tragedia de la locura, en 1605; y en el mismo año, Macbeth, el drama de la furia y la ambición, para citar sólo algunas.
Tal vez fueron distintos momentos por los que pasó el autor quien, como todos sus personajes, padecía de insomnio, problema que se agravó en esos años. No es de extrañar que su reescritura de Romeo y Julieta fuera del 1597, año que conoció a Mary Fitton, de quien, se dice, sería la misteriosa "Dama Morena" de sus Sonetos.

Perdón postrero

Recién en la última obra que le pertenece totalmente, La Tempestad, de 1612, doce años después del gran golpe afectivo que sufrió, logra poner su corazón en paz, perdona a quienes lo traicionaron y se retira a su pueblo natal. Por ello, quizás, La Tempestad reflexiona sobre el perdón. Próspero perdona a su hermano Antonio e intercede para que su hija, Miranda (hay quienes sostienen que ese nombre lo tomó Shakespeare del personaje de "Siripo", uno de los primeros textos de la literatura teatral del Río de la Plata), se case con Fernando y todo termine bien. Próspero rompe su bastón y su manto mágico y se retira a la soledad de sus libros. Lo mismo hace Shakespeare. No escribe más, salvo prestar su nombre para firmar algunos textos con Fletcher o colaborar con él en algunas escenas. Tampoco parece casual que el tiempo que Próspero tiene encarcelados a los espíritus de la isla bajo su poder mágico sean, exactamente, doce años. El tiempo que tardó Shakespeare en perdonar. En sus últimos años fue cuidado por su hija Judith del mismo modo que Próspero es acompañado en la solitaria isla por su hija Miranda.

Lo que otros ojos aman

Es plausible pensar que Doble mentira, escrita también en 1612, sea uno de sus últimos textos en donde afronta la temática del deseo mimético resumido en su genial y terrible frase: "Estamos condenados a amar lo que otros ojos aman". O esta otra: "Amar por lo que escuchamos". Basta que alguien desee a una persona, a una cosa o a una posición de poder, para que, inmediatamente, esa persona, esa cosa o ese poder comiencen a ser deseadas por otros. Un mecanismo terrible que lleva, en un instante, de la concordia a la discordia y viceversa. Basta leer La violación de Lucrecia, en donde Tarquino - que ni siquiera conoce a Lucrecia, la esposa de Colatino -, al escuchar las alabanzas de éste hacia su mujer, decide regresar a Roma para poseerla.
Es que Colatino ha cometido el error de expresar ante todos los generales romanos que no hay mujer más virtuosa en toda la ciudad que su esposa. En la versión clásica, Tarquino ya ha visto a Lucrecia. La conoce. En la versión de Shakespeare sólo ha sentido hablar de ella. Jamás la ha visto. En todas las obras del dramaturgo inglés hay un mediador que potencia el deseo. Quizás por ese motivo se  llaman "Medios" a los intermediarios de información y propaganda que exasperan el deseo de consumir o de opinar en tal o cual dirección. Son constructores de deseos.
Shakespeare escribió en la época en la cual el capitalismo comenzaba a predominar como sistema de producción. El dinero empezaba a tener una importancia excluyente. Poseía más valor lo que más escaseaba, cuestión que se mantiene hasta nuestros días: el oro vale tanto porque hay poco; si lo encontráramos tirado por la calle no tendría ese valor. Lamentablemente un esquema similar suelen aplicarse en las relaciones humanas: "Vale más" quién no está del todo disponible. "Vale menos" quién rápidamente lo está. Troilo y Crésida, entre tantas otras obras de Shakespeare, es, quizás, el ejemplo más acabado de este macabro sistema de relaciones: la ley del mercado en los afectos.
Shakespeare es actual, es contemporáneo, porque supo intuir y desentrañar la matriz del momento histórico que aún vivimos y que tiene su origen hace 400 años.
Nos recuerda que no habitamos en el paraíso y que el deseo y la envidia no son cosas de otro mundo. Por ello Doble mentira, o doble traición, nos conmueve como una ominosa presencia cercana. Tal vez Don Quijote hubiera reaccionado.

© LA GACETA

Carlos María Alsina - Dramaturgo, director y docente teatral. Es autor de más de 40 obras que se han representado en una decena de países de Europa y América latina.

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