06 Febrero 2011 Seguir en 

Medio siglo de cartas y pláticas une al médico Isidro Perianes con el economista Manuel Cordomí. Conversaciones donde el profesor emérito de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) descubre "lo que el cirujano lleva adentro" y un intercambio epistolar que pone de relieve los intereses e inquietudes de uno y otro: las experiencias con un corazón artificial que Perianes desarrolló a finales de la década de 1940, la ley de los rendimientos decrecientes, las pinturas rupestres de la cueva de Altamira (España), la restauración del cuadro El sueño de Don Bosco.
Aquella prolongada amistad perdió su mitad galena en marzo del año pasado. Cordomí ha enfrentado la desgracia apurando el folleto Isidro Perianes (1921-2010), que comenzó a escribir en 1993 con la intención de ordenar y rescatar el gran aporte del facultativo tucumano a la cirugía experimental. En agosto, el ensayo de 60 páginas por fin comenzó a rodar su itinerario divulgativo en una edición sencilla del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas (UNT).
La admiración que la obra de Perianes suscita en Cordomí no redunda en adjetivos barrocos ni en recursos literarios: el académico octogenario se limita a una narración puntillosa de investigaciones, proyectos y reflexiones compartidas por escrito y personalmente en las numerosas entrevistas que ambos mantuvieron en Tucumán y en Buenos Aires. En ese clima de parquedad y cautela surge, sin embargo, la semblanza intachable que holgadamente merece el médico modesto, que comienza por el ingenioso corazón artificial que Perianes concibió en sus primeros años de servicio en el Hospital de Clínicas. En ese ámbito, el entonces joven egresado del Colegio Tulio García Fernández y de la Universidad de Buenos Aires conoce al prestigioso cardiólogo Pedro Cossio, a quien expone su proyecto científico. El doctor Cossio se entusiasma y consigue la colaboración de un ingeniero italiano (de apellido Rossi), que trabajaba en el complejo fabril fundado por Torcuato Di Tella. Así integrado, el equipo construye un prototipo para la sustitución parcial del ventrículo izquierdo con el que logra resultados alentadores en la experimentación con animales de laboratorio. "Un croquis hecho por Perianes en 1993 es el único testimonio de que aquella empresa efectivamente ocurrió", apunta Cordomí. En cualquier caso, la experiencia sirve para dimensionar las elevadas inquietudes intelectuales del médico tucumano.
El empleo de sondas con fines quirúrgicos es otra área que fascina a Perianes. En 1949 y en colaboración con Cossio, publica en el Journal of the American Medical Association un artículo trascendente: Surgical treatment of the 'cardiac lung', ligation of the inferior vena cava and/or tricuspide valvulotomy. En aquel trabajo, sus autores presentan un procedimiento quirúrgico original mediante el cual es posible acceder al interior del corazón para practicar una operación a través de una vena periférica con una simple anestesia local y una sonda diseñada a tal efecto. "Todo esto esto ocurría casi medio siglo antes de que este tipo de intervención se generalizara", solía reflexionar Perianes sobre esta innovación. Insaciable en su afán de experimentación, el médico lleva adelante la primera cirugía con corazón abierto ("visión directa") en Argentina, en febrero de 1955. A posteriori, incursiona con excelentes resultados en operaciones con hipotermia profunda.
La experiencia en operaciones de niños le permite hacer contribuciones originales en el diseño de técnicas quirúrgicas y desempeñarse como jefe del Servicio de Cirugía Infantil del Hospital de Clínicas entre 1971 y 1991. El autor del folleto subraya en esta etapa la devoción de Perianes por la labor pionera del célebre médico Alejandro Posadas, fundador del Servicio en 1896.
Casi un desconocido
La trayectoria rutilante nunca hizo mella en el perfil bajo del profesional. Del relato de Cordomí surge una personalidad cavilosa, un salesiano fiel que disfruta de la música clásica. También un hombre rigurosamente metódico, como lo demuestra esta anécdota que se permite el economista: "en ocasión de sus visitas a Tucumán... conversábamos sobre algunos temas de importancia nacional; como sucede con frecuencia, pronto la conversación tomaba rumbos inesperados porque un tema sugiere otro y a este, por asociación de ideas, otro y así sucesivamente. En ese momento era frecuente escuchar a Perianes preguntar '¿y a qué venía todo esto?'... La invitación pasaba por retrotraer la cadena de temas que se habían venido tratando uno por uno y en el orden inverso hasta llegar al tema inicial. Recién entonces se daba por satisfecho con el resultado de esta suerte de auditoría y empezábamos nuevamente".
Hacia el final del folleto, Cordomí recuerda que un domingo de 1999, precisamente el 25 de julio, el matemático Félix E. Herrera difunde en LA GACETA Literaria un artículo titulado El santo del bisturí, donde precisa los detalles de la operación de una lesión pulmonar de su hijo Abel y menciona el empleo de un expansor diseñado por el influyente cirujano Enrique Finochietto. Aquel texto anima a Cordomí a compartir con el doctor Herrera -por vía epistolar- una versión preliminar del trabajo El corazón de Perianes. El redactor de El santo del bisturí le responde que, en el futuro, ese escrito podía servir como base para un comentario en el suplemento literario. Y añade: "con él se concretaría un acto de justicia hacia un comprovinciano que, fuera del ámbito reducido de sus colegas, y no obstante sus importantes logros científicos, es casi un desconocido en Tucumán". El economista y su persistencia -la virtud que mejor lo caracteriza- siguieron al pie de la letra aquella sugerencia y concluyeron un ensayo que contribuye a derribar la barrera que separa al cirujano fuera de serie de su sociedad de origen. En la reivindicación biográfica que imaginó su autor también están previstos esta reseña y este medio.
Cordomí conoció tanto a Perianes como para comprender que su férrea sencillez sólo hubiese consentido un reconocimiento póstumo. © LA GACETA
Aquella prolongada amistad perdió su mitad galena en marzo del año pasado. Cordomí ha enfrentado la desgracia apurando el folleto Isidro Perianes (1921-2010), que comenzó a escribir en 1993 con la intención de ordenar y rescatar el gran aporte del facultativo tucumano a la cirugía experimental. En agosto, el ensayo de 60 páginas por fin comenzó a rodar su itinerario divulgativo en una edición sencilla del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas (UNT).
La admiración que la obra de Perianes suscita en Cordomí no redunda en adjetivos barrocos ni en recursos literarios: el académico octogenario se limita a una narración puntillosa de investigaciones, proyectos y reflexiones compartidas por escrito y personalmente en las numerosas entrevistas que ambos mantuvieron en Tucumán y en Buenos Aires. En ese clima de parquedad y cautela surge, sin embargo, la semblanza intachable que holgadamente merece el médico modesto, que comienza por el ingenioso corazón artificial que Perianes concibió en sus primeros años de servicio en el Hospital de Clínicas. En ese ámbito, el entonces joven egresado del Colegio Tulio García Fernández y de la Universidad de Buenos Aires conoce al prestigioso cardiólogo Pedro Cossio, a quien expone su proyecto científico. El doctor Cossio se entusiasma y consigue la colaboración de un ingeniero italiano (de apellido Rossi), que trabajaba en el complejo fabril fundado por Torcuato Di Tella. Así integrado, el equipo construye un prototipo para la sustitución parcial del ventrículo izquierdo con el que logra resultados alentadores en la experimentación con animales de laboratorio. "Un croquis hecho por Perianes en 1993 es el único testimonio de que aquella empresa efectivamente ocurrió", apunta Cordomí. En cualquier caso, la experiencia sirve para dimensionar las elevadas inquietudes intelectuales del médico tucumano.
El empleo de sondas con fines quirúrgicos es otra área que fascina a Perianes. En 1949 y en colaboración con Cossio, publica en el Journal of the American Medical Association un artículo trascendente: Surgical treatment of the 'cardiac lung', ligation of the inferior vena cava and/or tricuspide valvulotomy. En aquel trabajo, sus autores presentan un procedimiento quirúrgico original mediante el cual es posible acceder al interior del corazón para practicar una operación a través de una vena periférica con una simple anestesia local y una sonda diseñada a tal efecto. "Todo esto esto ocurría casi medio siglo antes de que este tipo de intervención se generalizara", solía reflexionar Perianes sobre esta innovación. Insaciable en su afán de experimentación, el médico lleva adelante la primera cirugía con corazón abierto ("visión directa") en Argentina, en febrero de 1955. A posteriori, incursiona con excelentes resultados en operaciones con hipotermia profunda.
La experiencia en operaciones de niños le permite hacer contribuciones originales en el diseño de técnicas quirúrgicas y desempeñarse como jefe del Servicio de Cirugía Infantil del Hospital de Clínicas entre 1971 y 1991. El autor del folleto subraya en esta etapa la devoción de Perianes por la labor pionera del célebre médico Alejandro Posadas, fundador del Servicio en 1896.
Casi un desconocido
La trayectoria rutilante nunca hizo mella en el perfil bajo del profesional. Del relato de Cordomí surge una personalidad cavilosa, un salesiano fiel que disfruta de la música clásica. También un hombre rigurosamente metódico, como lo demuestra esta anécdota que se permite el economista: "en ocasión de sus visitas a Tucumán... conversábamos sobre algunos temas de importancia nacional; como sucede con frecuencia, pronto la conversación tomaba rumbos inesperados porque un tema sugiere otro y a este, por asociación de ideas, otro y así sucesivamente. En ese momento era frecuente escuchar a Perianes preguntar '¿y a qué venía todo esto?'... La invitación pasaba por retrotraer la cadena de temas que se habían venido tratando uno por uno y en el orden inverso hasta llegar al tema inicial. Recién entonces se daba por satisfecho con el resultado de esta suerte de auditoría y empezábamos nuevamente".
Hacia el final del folleto, Cordomí recuerda que un domingo de 1999, precisamente el 25 de julio, el matemático Félix E. Herrera difunde en LA GACETA Literaria un artículo titulado El santo del bisturí, donde precisa los detalles de la operación de una lesión pulmonar de su hijo Abel y menciona el empleo de un expansor diseñado por el influyente cirujano Enrique Finochietto. Aquel texto anima a Cordomí a compartir con el doctor Herrera -por vía epistolar- una versión preliminar del trabajo El corazón de Perianes. El redactor de El santo del bisturí le responde que, en el futuro, ese escrito podía servir como base para un comentario en el suplemento literario. Y añade: "con él se concretaría un acto de justicia hacia un comprovinciano que, fuera del ámbito reducido de sus colegas, y no obstante sus importantes logros científicos, es casi un desconocido en Tucumán". El economista y su persistencia -la virtud que mejor lo caracteriza- siguieron al pie de la letra aquella sugerencia y concluyeron un ensayo que contribuye a derribar la barrera que separa al cirujano fuera de serie de su sociedad de origen. En la reivindicación biográfica que imaginó su autor también están previstos esta reseña y este medio.
Cordomí conoció tanto a Perianes como para comprender que su férrea sencillez sólo hubiese consentido un reconocimiento póstumo. © LA GACETA







