06 Febrero 2011 Seguir en 

Es casi imposible ver televisión abierta en Argentina y no toparse con ellos. Ocupan la pantalla por las tardes, haciendo públicos hasta los más íntimos detalles de sus vidas. Los programas que recogen sus cuitas justifican la presencia de estos seres y le asignan importancia pública a sus problemas personales porque se trata de personajes "mediáticos".
Son mediáticos porque aparecen permanentemente en los medios masivos de comunicación, y estos les dan cabida en sus espacios porque? son mediáticos. De esta curiosidad sobre la que las pantallas edifican diariamente una realidad fantástica se ocupa en poco más de 200 páginas Alejandro Seselovsky en Trash.
La elección del título de la investigación (basura, en inglés) ya es una definición por parte del autor, quien a través de nueve entrevistas y una breve crónica trata de echar un poco de luz sobre este fenómeno argentino. Con artificios de estilo a veces demasiado rebuscados pero siempre originales, Seselovsky traza semblanzas de personajes como Adrián El Facha Martel, Luciana Salazar, Carolina Pampita Ardohain, Johnny Allon, Nazarena Vélez, Chiche Gelblung y, por supuesto, Ricardo Fort, emblema indiscutido de esta cultura de la fascinación por las figuras que la televisión impone como fascinantes. No se destacan en nada en especial, no tienen habilidades extraordinarias, no cantan, no bailan, no escriben ni componen música; pero medio país está pendiente de sus devaneos sentimentales, de sus opiniones y, sobre todo, de sus peleas y sus reconciliaciones.
Los retratos (así los define el subtítulo del libro) que pinta el autor resultan interesantes precisamente porque a través de ellos se puede comprobar que poco tienen de interesantes las vidas o las trayectorias profesionales de muchos de los autotitulados "mediáticos". El lector se entera al recorrer estas líneas (si es que no lo vio antes hasta el hartazgo en las pantallas de televisión) que El Facha Martel reparte sus horas entre Facebook y el sector vip de algún boliche; que la boda de Pampita fue una fantasía porque "la gente necesita consumir fantasías así"; que Johnny Allon le propinó un cachetazo a Charly García y que este, después, le hizo fama de "mufa"; o que a Nazarena Vélez la encañonó su novio porque no aceptó una propuesta matrimonial. Y, por supuesto, muchas cosas más.
Seselovsky (docente, escritor y periodista) escribe para la edición local de la revista Rolling Stone (algunos de los capítulos del libro fueron publicados ya en esas páginas). Haciéndole honor a esa condición, le presenta al lector mucha información sobre todas estas criaturas del universo trash; las muestra en acción en su habitat natural, o transcribe crudamente sus pensamientos y sus definiciones sobre sus propias realidades. No hace el autor juicios de valor; no reprueba ni aplaude, no desprecia, no elogia. Le propone al lector material más que suficiente para que sea él quien saque sus propias conclusiones.
Y es lo que pasa con la televisión basura; está ahí. "El que quiera creer que crea, y el que no, su razón tendrá", cantaba la Negra Sosa con palabras de Jorge Drexler. Seselovsky propone en Trash un acercamiento inteligente y desapasionado a un fenómeno ante el que se pueden hacer muchas cosas, menos negarlo. © LA GACETA
Son mediáticos porque aparecen permanentemente en los medios masivos de comunicación, y estos les dan cabida en sus espacios porque? son mediáticos. De esta curiosidad sobre la que las pantallas edifican diariamente una realidad fantástica se ocupa en poco más de 200 páginas Alejandro Seselovsky en Trash.
La elección del título de la investigación (basura, en inglés) ya es una definición por parte del autor, quien a través de nueve entrevistas y una breve crónica trata de echar un poco de luz sobre este fenómeno argentino. Con artificios de estilo a veces demasiado rebuscados pero siempre originales, Seselovsky traza semblanzas de personajes como Adrián El Facha Martel, Luciana Salazar, Carolina Pampita Ardohain, Johnny Allon, Nazarena Vélez, Chiche Gelblung y, por supuesto, Ricardo Fort, emblema indiscutido de esta cultura de la fascinación por las figuras que la televisión impone como fascinantes. No se destacan en nada en especial, no tienen habilidades extraordinarias, no cantan, no bailan, no escriben ni componen música; pero medio país está pendiente de sus devaneos sentimentales, de sus opiniones y, sobre todo, de sus peleas y sus reconciliaciones.
Los retratos (así los define el subtítulo del libro) que pinta el autor resultan interesantes precisamente porque a través de ellos se puede comprobar que poco tienen de interesantes las vidas o las trayectorias profesionales de muchos de los autotitulados "mediáticos". El lector se entera al recorrer estas líneas (si es que no lo vio antes hasta el hartazgo en las pantallas de televisión) que El Facha Martel reparte sus horas entre Facebook y el sector vip de algún boliche; que la boda de Pampita fue una fantasía porque "la gente necesita consumir fantasías así"; que Johnny Allon le propinó un cachetazo a Charly García y que este, después, le hizo fama de "mufa"; o que a Nazarena Vélez la encañonó su novio porque no aceptó una propuesta matrimonial. Y, por supuesto, muchas cosas más.
Seselovsky (docente, escritor y periodista) escribe para la edición local de la revista Rolling Stone (algunos de los capítulos del libro fueron publicados ya en esas páginas). Haciéndole honor a esa condición, le presenta al lector mucha información sobre todas estas criaturas del universo trash; las muestra en acción en su habitat natural, o transcribe crudamente sus pensamientos y sus definiciones sobre sus propias realidades. No hace el autor juicios de valor; no reprueba ni aplaude, no desprecia, no elogia. Le propone al lector material más que suficiente para que sea él quien saque sus propias conclusiones.
Y es lo que pasa con la televisión basura; está ahí. "El que quiera creer que crea, y el que no, su razón tendrá", cantaba la Negra Sosa con palabras de Jorge Drexler. Seselovsky propone en Trash un acercamiento inteligente y desapasionado a un fenómeno ante el que se pueden hacer muchas cosas, menos negarlo. © LA GACETA







