30 Enero 2011 Seguir en 
Yo paso por ese lugar todos los días, porque tengo que tomar el colectivo. Esa tarde, dos muchachitos que iban en moto me arrancaron la cadenita y se escaparon. Yo grité; estaba asustadísima y tenía el cuello lastimado. Fui a la comisaría y bueno, todos sabemos cómo son ellos; se toman la cosa muy light. "Siéntese ahí, espere un ratito que le tomamos los datos". Y yo estaba con un ataque de nervios que cualquiera se puede imaginar. Además, me dolía mucho el cuello. A uno de los muchachitos lo agarraron. Cuando fui a Tribunales me dijeron que, después de la feria, me explicarían qué hacer. No entendí muy bien. En realidad, nadie me explicó demasiado. Hace un par de meses dejé de tener consultas con el psiquiatra. Pero, a raíz de todo esto, creo que voy a volver. Cada vez que paso por ese lugar siento pánico, un miedo que me da ganas de volver a mi casa. Es una sensación muy cruel. Ojalá a nadie más le pase.
Aunque el caso quedó esclarecido, Laura S. (pidió, asustada, que no se diera a conocer su identidad) quedó marcada a fuego por el robo que sufrió el lunes. Ella, como la inmensa mayoría de las personas que sufren delitos en la provincia, siente tanto temor como desconcierto luego del traumático episodio. Y, aunque buscó, no encontró en las instituciones del Estado asistencia psicológica ni legal luego del ataque.
Insomnio y taquicardia
El psiquiatra Oscar Fiorio, que se especializa en la asistencia a pacientes que sufrieron delitos, relató que la mayoría -aunque no todas- de las víctimas tienen posibilidades de desarrollar un trastorno de estrés postraumático. "Esto comienza en las primeras horas de producido el evento. Pero más frecuentemente ocurre entre siete y 15 días después, en un período que se denomina de incubación. Entonces, surgen cambios de conducta, insomnio, activación de sensaciones corporales (como taquicardia, vértigo y náuseas). También se evitarán situaciones relacionadas con el evento traumático. Por ejemplo, si la persona sufrió un asalto, evitará a toda costa el lugar donde ocurrió el robo. Y, si pasa por allí, sufrirá fenómenos de ansiedad", detalló Fiorio.
Además, la persona experimentará algo denominado flashback, explicó el psiquiatra. "Son como pantallazos de la situación traumática que ha vivido", dijo. Así, los recuerdos del hecho volverán a la mente como si fueran diapositivas.
"Son todos trastornos muy frecuentes y bastante severos si no se los trata. Incluso, el propio tratamiento es bastante largo, de seis meses a un año, con una chance de recuperación de entre el 50% y el 60%. Las personas que no logran superar la situación pueden quedar con síntomas leves y en algunos casos hasta graves", remarcó.
En ese sentido, aclaró que contar con especialistas dedicados a asistir a las víctimas poco después de los hechos sería de gran ayuda. "A veces, las declaraciones, los careos, los chequeos médicos y otras medidas que se realizan hacen que no sólo se tenga un trauma por el hecho en sí, sino también por el mismo proceso", indicó Fiorio.
Al respecto, el comisario Humberto Ruezga, subdirector de la Dirección de Investigaciones (que tiene en su órbita secciones como Robos y Hurtos, Seguridad Personal y Trata de Personas, entre otras) aclaró que la Policía cuenta con algunas herramientas para contener a víctimas. "La institución tiene un protocolo para casos de abuso sexual. La División Sanidad tiene un grupo de especialistas que trabaja en la contención. Además, contamos con un cuerpo interdisciplinario que asiste a las víctimas de violencia doméstica en calle Don Bosco al 2.900. Distinto es cuando la persona sufrió un robo, donde el personal trata de realizar algún tipo de contención. El jefe de Policía (comisario general Hugo Sánchez) constantemente da la instrucción de que debemos hacerle saber a la gente que estamos a su disposición", dijo Ruezga. A pesar de esto, aclaró que contar con una oficina especializada en este tipo de tareas sería de gran ayuda. "Hay mucha gente que realmente no sabe dónde recurrir, así que el asesoramiento sin dudas puede favorecer a mucha gente", añadió el comisario.
La norma que no rige
El 19 de enero de 2007, se publicó en el Boletín Oficial la ley Nº 7.867, llamada "Programa de asistencia a la víctima de delito".
Esta norma prevé la creación de un cuerpo interdisciplinario de especialistas (psicólogos y abogados, entre otros) para asistencia gratuita; un equipo de guardia para asesoramiento y atención a víctimas; el favorecimiento de la mediación como método de resolución de conflictos; un seguimiento sobre la evolución de la salud de la persona; entre otras medidas.
"La ley está vigente. Pero falta armar la estructura y reglamentarla", explicó el legislador José Alberto Cúneo Vergés (PJ), autor del proyecto. A casi cuatro años de sancionada la ley, los funcionarios están trabajando para redistribuir los recursos del Estado, pues conformar un nuevo equipo de expertos significaría un gasto de varios miles de pesos anuales, algo que desde el Gobierno aseguran que no se puede afrontar. "En unos cuatro meses, andando a buen ritmo, puede estar todo listo. Lo importante de esto es que la persona que fue víctima de determinados delitos reciba un apoyo. Sobre todo, aquellos que tienen escasos recursos", indicó Cúneo Vergés.
Aunque la norma establece que el rango de intervención es para casos de delitos contra la persona, contra la integridad sexual y contra la libertad (previstos en el Código Penal), el legislador aclaró que esto es relativo. "Si hubo lesiones durante un robo, o privación de la libertad, también puede intervenir el equipo", explicó.
La norma establece que su autoridad de aplicación es la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, a cargo de Humberto Rava y Fernando Hevia. "Nosotros recibimos a muchas víctimas de delitos. La amplitud del tema incluye el consumo de ?paco?, casos de violencia doméstica, asaltos, trata de persona, discriminaciones raciales, conflictos sobre territorios reclamados por pueblos originarios, entre otros. Nosotros intervenimos ante situaciones anómalas y mediamos para que participen otros estamentos del Estado", dijo Rava.
En ese sentido, aclaró que la ley Nº 7.867 puede ofrecer muchas soluciones. "Una cosa es tener todo desperdigado y otra un organismo interdisciplinario en el que se concentra el tratamiento de la problemática. Sería un salto de calidad para la atención de este tipo de situaciones", indicó.
Al respecto, Fiorio aclaró que la clave está en la información. "El acompañamiento es muy necesario. Consultar oportunamente, comenzar un tratamiento, ayuda a darse cuenta de qué ocurre cuando se vive un hecho traumático", aseveró.
Y Laura S., desde su terror, le dio la razón. "Es una sensación horrible", reafirmó.
Aunque el caso quedó esclarecido, Laura S. (pidió, asustada, que no se diera a conocer su identidad) quedó marcada a fuego por el robo que sufrió el lunes. Ella, como la inmensa mayoría de las personas que sufren delitos en la provincia, siente tanto temor como desconcierto luego del traumático episodio. Y, aunque buscó, no encontró en las instituciones del Estado asistencia psicológica ni legal luego del ataque.
Insomnio y taquicardia
El psiquiatra Oscar Fiorio, que se especializa en la asistencia a pacientes que sufrieron delitos, relató que la mayoría -aunque no todas- de las víctimas tienen posibilidades de desarrollar un trastorno de estrés postraumático. "Esto comienza en las primeras horas de producido el evento. Pero más frecuentemente ocurre entre siete y 15 días después, en un período que se denomina de incubación. Entonces, surgen cambios de conducta, insomnio, activación de sensaciones corporales (como taquicardia, vértigo y náuseas). También se evitarán situaciones relacionadas con el evento traumático. Por ejemplo, si la persona sufrió un asalto, evitará a toda costa el lugar donde ocurrió el robo. Y, si pasa por allí, sufrirá fenómenos de ansiedad", detalló Fiorio.
Además, la persona experimentará algo denominado flashback, explicó el psiquiatra. "Son como pantallazos de la situación traumática que ha vivido", dijo. Así, los recuerdos del hecho volverán a la mente como si fueran diapositivas.
"Son todos trastornos muy frecuentes y bastante severos si no se los trata. Incluso, el propio tratamiento es bastante largo, de seis meses a un año, con una chance de recuperación de entre el 50% y el 60%. Las personas que no logran superar la situación pueden quedar con síntomas leves y en algunos casos hasta graves", remarcó.
En ese sentido, aclaró que contar con especialistas dedicados a asistir a las víctimas poco después de los hechos sería de gran ayuda. "A veces, las declaraciones, los careos, los chequeos médicos y otras medidas que se realizan hacen que no sólo se tenga un trauma por el hecho en sí, sino también por el mismo proceso", indicó Fiorio.
Al respecto, el comisario Humberto Ruezga, subdirector de la Dirección de Investigaciones (que tiene en su órbita secciones como Robos y Hurtos, Seguridad Personal y Trata de Personas, entre otras) aclaró que la Policía cuenta con algunas herramientas para contener a víctimas. "La institución tiene un protocolo para casos de abuso sexual. La División Sanidad tiene un grupo de especialistas que trabaja en la contención. Además, contamos con un cuerpo interdisciplinario que asiste a las víctimas de violencia doméstica en calle Don Bosco al 2.900. Distinto es cuando la persona sufrió un robo, donde el personal trata de realizar algún tipo de contención. El jefe de Policía (comisario general Hugo Sánchez) constantemente da la instrucción de que debemos hacerle saber a la gente que estamos a su disposición", dijo Ruezga. A pesar de esto, aclaró que contar con una oficina especializada en este tipo de tareas sería de gran ayuda. "Hay mucha gente que realmente no sabe dónde recurrir, así que el asesoramiento sin dudas puede favorecer a mucha gente", añadió el comisario.
La norma que no rige
El 19 de enero de 2007, se publicó en el Boletín Oficial la ley Nº 7.867, llamada "Programa de asistencia a la víctima de delito".
Esta norma prevé la creación de un cuerpo interdisciplinario de especialistas (psicólogos y abogados, entre otros) para asistencia gratuita; un equipo de guardia para asesoramiento y atención a víctimas; el favorecimiento de la mediación como método de resolución de conflictos; un seguimiento sobre la evolución de la salud de la persona; entre otras medidas.
"La ley está vigente. Pero falta armar la estructura y reglamentarla", explicó el legislador José Alberto Cúneo Vergés (PJ), autor del proyecto. A casi cuatro años de sancionada la ley, los funcionarios están trabajando para redistribuir los recursos del Estado, pues conformar un nuevo equipo de expertos significaría un gasto de varios miles de pesos anuales, algo que desde el Gobierno aseguran que no se puede afrontar. "En unos cuatro meses, andando a buen ritmo, puede estar todo listo. Lo importante de esto es que la persona que fue víctima de determinados delitos reciba un apoyo. Sobre todo, aquellos que tienen escasos recursos", indicó Cúneo Vergés.
Aunque la norma establece que el rango de intervención es para casos de delitos contra la persona, contra la integridad sexual y contra la libertad (previstos en el Código Penal), el legislador aclaró que esto es relativo. "Si hubo lesiones durante un robo, o privación de la libertad, también puede intervenir el equipo", explicó.
La norma establece que su autoridad de aplicación es la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, a cargo de Humberto Rava y Fernando Hevia. "Nosotros recibimos a muchas víctimas de delitos. La amplitud del tema incluye el consumo de ?paco?, casos de violencia doméstica, asaltos, trata de persona, discriminaciones raciales, conflictos sobre territorios reclamados por pueblos originarios, entre otros. Nosotros intervenimos ante situaciones anómalas y mediamos para que participen otros estamentos del Estado", dijo Rava.
En ese sentido, aclaró que la ley Nº 7.867 puede ofrecer muchas soluciones. "Una cosa es tener todo desperdigado y otra un organismo interdisciplinario en el que se concentra el tratamiento de la problemática. Sería un salto de calidad para la atención de este tipo de situaciones", indicó.
Al respecto, Fiorio aclaró que la clave está en la información. "El acompañamiento es muy necesario. Consultar oportunamente, comenzar un tratamiento, ayuda a darse cuenta de qué ocurre cuando se vive un hecho traumático", aseveró.
Y Laura S., desde su terror, le dio la razón. "Es una sensación horrible", reafirmó.








