¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Siempre surgirán muchas de esas inquisitorias y distintas interpretaciones sobre el motivo de su formulación. Según quien escuche la pregunta -o quién la realice- cambiarán el sentido y la lectura que se haga sobre la aparición de estas dos palabras encerradas entre signos.
Una demostración de que no todos interpretan por igual una pregunta (y que siempre, según el interlocutor, creen que se realiza por diferentes motivos) emerge del caso de la extracción de áridos del Río Muerto, en el Parque Sierras de San Javier. ¿Por qué se realizó una nota periodística sobre ello? La explicación de nuestro diario es que vecinos de la zona denunciaron a través de LAGACETA.com una extracción presuntamente abusiva y dañina de ripio, lo que motivó una visita al lugar y la consecuente redacción de una serie de artículos. Pero las autoridades del Gobierno provincial no lo entendieron así. Afirman que la pregunta sobre por qué se quitan tantos áridos del Río Muerto surgió a partir de intereses cruzados entre particulares, que involucran internas entre dependencias del Poder Ejecutivo Provincial. Estas rencillas llevaron a que, hasta aquí, nadie diera la cara para explicar si esto está bien o está todo mal. Algunos empresarios, por su parte, elucubraron que por detrás existe un motivo económico: la extracción de materiales líticos es un negocio absolutamente rentable y el que se saca de la reserva natural cerreña es el de mejor calidad y, por ende, el más caro. Para las cuatro compañías autorizadas a explotar la veta de San Javier sería un verdadero problema que los permisos se revocaran. Eso significaría un encarecimiento importante en los costos de construcción de las empresas privadas que utilizan esos áridos para encarar las obras públicas que les adjudicó el Estado y las que ellas mismas impulsan.
¿Por qué tanto interés en un cauce sin agua? Otra vez, aparecen varias respuestas para esa pregunta maldita. Una dice que por allí corre mucho líquido en la época de lluvias y la depredación del bosque de Las Yungas puede derivar en que nada contenga la potencia de un río caudaloso ante la inexistencia de árboles que amortigüen su paso. Si eso sucede, los que sufrirán son los que viven en el piedemonte. Otra razón es que no deja de ser una reserva natural, que se conformó como tal para ser protegida. No hay otro interés oculto detrás de la atención periodística que se puso sobre lo que realizan las máquinas en medio del cerro. Sí los hay desde el punto de vista político-económico: son muchos y diversos.
En otros ámbitos, la pregunta incómoda también fluye y tampoco se encuentran respuestas claras. ¿Por qué uno de los grupos empresarios más fuertes de Tucumán tiene vedada la adquisición de dólares? En la City tucumana no se habla más que de eso desde antes de que se acabara el año viejo. La circular del Banco Central de la República Argentina es clara y contundente: el presidente y el vice de la firma no podrán comprar divisas en todo el territorio nacional. Otra vez, ¿por qué? El vocero del propio BCRA informó que no se abundará en el caso, aunque explicó que se trata de un sumario que realiza la institución en diferentes compañías para conocer si se omitió información sobre la importación o exportación de productos que involucran billetes verdes. La penalización también obedecería a actividades de "blanqueo" de dinero. Pese a ello, la empresa tucumana investigada podría afrontar sólo un problema administrativo, según explicaron otros operadores cambiarios.
Con las estadísticas oficiales surge nuevamente la inquisitoria molesta. ¿Por qué miente el Indec o se dice que lo hace? ¿Hay mala intención de la prensa o de las consultoras privadas o de los economistas? ¿Alguien se encargó de desprestigiar, gratuitamente, al que supo ser un respetado internacionalmente Indec? ¿Los precios realmente subieron un 10,9% durante 2010? En todos los casos, no y sí. No hay campaña contra el organismo estadístico más que la que hizo el propio Gobierno kirchnerista desde que Néstor llegó al poder. La inflación no fue del diez y pico, porque lo demuestran todos los economistas privados (los que están más cerca y los que están más lejos del oficialismo), porque lo comprueban los valores de los productos en las góndolas y porque lo siente la sociedad en sus bolsillos. Sí hubo, por otra parte, una decisión planificada de desvirtuar las estadísticas oficiales. A esa acción la encaró el propio kirchnerismo para no pagar deuda pública a precios altos, ya que gran parte está atada al índice de inflación del país. También lo hizo para que la sociedad no tuviera temor a vivir una corrida de precios como en épocas pasadas y para que los trabajadores no exigieran incrementos salariales exorbitantes, que alimenten la peligrosa rueda de la muerte económica que conforman la puja de ingresos.
Siempre habrá muchos por qué e igual cantidad de interpretaciones respecto de esas preguntas. La clave para desentrañar cuál debe ser la lectura correcta está en el bolsillo de unos, en los hechos que visualizan todos, y en la veracidad de lo que se dice, de lo que se hace y de lo que se escucha.







