05 Enero 2011 Seguir en 
El verano tucumano es tan sofocante que aplasta no sólo a los tucumanos que se quedan en la provincia durante enero y febrero, sino también las manifestaciones culturales, en particular las del Estado. Una parte importante de la población carece de recursos económicos para pasear en otras geografías e incluso en la misma provincia. Salvo algunos recitales o puestas teatrales en bares o pequeñas salas, no tiene otras opciones de esparcimiento artístico en San Miguel de Tucumán.
Tradicionalmente, en esta época, la Provincia otorga las vacaciones a sus cuerpos artísticos estables y planteles técnicos, y otro tanto, ocurre con la Universidad Nacional de Tucumán que entra en receso durante enero. En ambos casos, sólo funcionan los talleres culturales, como única alternativa de recreación, que no tiene que ver exactamente con espectáculos.
Hasta hace unos años, la inactividad se justificaba en la ausencia de refrigeración en las salas principales, lo cual hacía insoportable la asistencia a un espectáculo como consecuencia de las elevadas temperaturas. Sin embargo, esta situación cambió cuando se instalaron equipos de aire acondicionado en el teatro San Martín, en la sala Orestes Caviglia -dependientes de la Provincia- y en dos salas de la UNT: el teatro Alberdi y el Centro Cultural Virla. De manera que la ciudad cuenta desde hace, por lo menos, tres años, con cuatro salas aptas para que no se interrumpa la actividad cultural.
En otra oportunidad, hemos señalado que si existiese la intención o la voluntad de no privar a la comunidad de espectáculos, tanto la UNT como la Provincia, podrían licenciar sólo la mitad de su personal, tanto artístico como técnico, y mantener una programación estival. Hasta el momento no se ha anunciado actividad oficial en materia de espectáculos a desarrollarse no sólo en la capital, tampoco en los lugares turísticos como San Pedro de Colalao o Tafí del Valle.
A diferencia de lo que sucede hace muchos años en Buenos Aires, Córdoba o Rosario, espacios públicos como los parques 9 de Julio, el Avellaneda y el Guillermina, donde la gente concurre masivamente, muy pocas veces son usados para brindar espectáculos gratuitos, no sólo durante el verano. Hace varios años, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán abordó iniciativas como el "Teatro en la calle" que se desarrolló durante las gestiones de Rubén Chebaia y de Raúl Martínez Aráoz, por impulso de la actriz Norah Castaldo, y que quedaron en la memoria de los barrios. Se cumplía con la doble función de entretener y educar. Un ciclo de esa naturaleza sería ideal para esta época: se llevaría el teatro a amplios sectores de la población que nunca tuvieron acceso a este arte y que probablemente tampoco irían a una sala a ver una obra.
Durante los fines de semana, el dique Celestino Gelsi es invadido por miles de personas. Sería oportuno que su anfiteatro fuera empleado para poner en contacto a la gente con manifestaciones de la música, el teatro, las artes plásticas, la literatura o la danza. Algo parecido podría organizarse en San Javier, al pie del Cristo Bendicente, de Juan Carlos Iramain. Las direcciones de Cultura de los municipios del interior podrían diseñar su propia actividad cultural.
Las autoridades viene repitiendo desde hace unos años que el objetivo es promocionar turísticamente Tucumán todo el año, pero sin embargo, no tiene demasiadas propuestas -salvo las de grupos independientes- para ofrecerle al visitante en materia cultural en enero, especialmente en la capital. Si el deseo es que Tucumán deje de ser un lugar de paso se debería diseñar un política dirigida no sólo al visitante sino también al comprovinciano que los contenga los doce meses del año.
Tradicionalmente, en esta época, la Provincia otorga las vacaciones a sus cuerpos artísticos estables y planteles técnicos, y otro tanto, ocurre con la Universidad Nacional de Tucumán que entra en receso durante enero. En ambos casos, sólo funcionan los talleres culturales, como única alternativa de recreación, que no tiene que ver exactamente con espectáculos.
Hasta hace unos años, la inactividad se justificaba en la ausencia de refrigeración en las salas principales, lo cual hacía insoportable la asistencia a un espectáculo como consecuencia de las elevadas temperaturas. Sin embargo, esta situación cambió cuando se instalaron equipos de aire acondicionado en el teatro San Martín, en la sala Orestes Caviglia -dependientes de la Provincia- y en dos salas de la UNT: el teatro Alberdi y el Centro Cultural Virla. De manera que la ciudad cuenta desde hace, por lo menos, tres años, con cuatro salas aptas para que no se interrumpa la actividad cultural.
En otra oportunidad, hemos señalado que si existiese la intención o la voluntad de no privar a la comunidad de espectáculos, tanto la UNT como la Provincia, podrían licenciar sólo la mitad de su personal, tanto artístico como técnico, y mantener una programación estival. Hasta el momento no se ha anunciado actividad oficial en materia de espectáculos a desarrollarse no sólo en la capital, tampoco en los lugares turísticos como San Pedro de Colalao o Tafí del Valle.
A diferencia de lo que sucede hace muchos años en Buenos Aires, Córdoba o Rosario, espacios públicos como los parques 9 de Julio, el Avellaneda y el Guillermina, donde la gente concurre masivamente, muy pocas veces son usados para brindar espectáculos gratuitos, no sólo durante el verano. Hace varios años, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán abordó iniciativas como el "Teatro en la calle" que se desarrolló durante las gestiones de Rubén Chebaia y de Raúl Martínez Aráoz, por impulso de la actriz Norah Castaldo, y que quedaron en la memoria de los barrios. Se cumplía con la doble función de entretener y educar. Un ciclo de esa naturaleza sería ideal para esta época: se llevaría el teatro a amplios sectores de la población que nunca tuvieron acceso a este arte y que probablemente tampoco irían a una sala a ver una obra.
Durante los fines de semana, el dique Celestino Gelsi es invadido por miles de personas. Sería oportuno que su anfiteatro fuera empleado para poner en contacto a la gente con manifestaciones de la música, el teatro, las artes plásticas, la literatura o la danza. Algo parecido podría organizarse en San Javier, al pie del Cristo Bendicente, de Juan Carlos Iramain. Las direcciones de Cultura de los municipios del interior podrían diseñar su propia actividad cultural.
Las autoridades viene repitiendo desde hace unos años que el objetivo es promocionar turísticamente Tucumán todo el año, pero sin embargo, no tiene demasiadas propuestas -salvo las de grupos independientes- para ofrecerle al visitante en materia cultural en enero, especialmente en la capital. Si el deseo es que Tucumán deje de ser un lugar de paso se debería diseñar un política dirigida no sólo al visitante sino también al comprovinciano que los contenga los doce meses del año.







