El contacto no llegó y la Policía les cayó encima
Dos hombres y una mujer que llevaba a dos nenas fueron interceptados ayer cuando transportaban casi 10 kilos de pasta base de cocaína. Las "mulas", que habían llegado desde Salta, se habían detenido en un taxi en barrio Modelo para esperar a quien los contrató.
30 Diciembre 2010 Seguir en 
La bebé parecía estar en el patio de su casa. Cada tanto daba un pequeño grito. Pero no era de molestia. Parecía estar sorprendida. La lluvia caía sobre su cabeza, mientras su madre, sentada en el cordón de la vereda, la sostenía en brazos. A su lado, otra nena de unos cinco años miraba aburrida. Tampoco se movía mucho. Dos hombres también estaban sentados en el cordón, con la mirada perdida. Parecían vecinos tratando de refrescarse con la llovizna después de una tarde de agobio. Parecían vecinos... si no hubiera sido por los 10 panes de pasta base de cocaína que estaban extendidos delante de ellos.
Llegaron desde su Güemes natal, en Salta, poco después del mediodía. Se tenían que encontrar con la persona que los había contratado para darle la droga. Ellos, tal como se los conoce en la jerga delictiva, eran las "mulas" o los "camellos". Les prometen una mísera suma de dinero para hacer un viaje riesgoso. Si logran entregar la mercadería, cobran. Si no, lo más probable es que terminen detrás de las rejas.
Al colectivo subió una mujer, su esposo y sus dos pequeñas hijas, una de seis años y la otra de uno. También iba el hermano del hombre. Nadie sospechó de ellos. Pero en la terminal, al no encontrar a nadie, se pusieron nerviosos y comenzaron a hacer llamadas por teléfono. Finalmente el contacto les ordenó que salieran de la dársena y tomaran un taxi. Luego les indicó que se dirigieran al barrio Modelo, al noroeste de la ciudad. A pesar de que no era lo que habían pactado, cumplieron la orden. No sabían que los estaban siguiendo.
El martes, un hombre llamó a la Dirección General de Drogas Peligrosas. "Van a llegar dos mulas, traen mucha merca", dijo. Aportó algunos datos más y luego cortó. Había llamado desde un teléfono no identificable. Los investigadores están seguros de que fue un rival del delincuente que había contratado a la familia.
Controles
Personal al mando de los comisarios Jorge Nacusse, Miguel Juárez y Fabián Salvatore, con este dato, se desplegó en distintos sectores de la provincia. Algunos fueron hasta Cabo Vallejo, en el límite con Salta, para hacer controles en los colectivos. Otros fueron hasta la terminal. Y allí les llamó la atención el grupo. Pero querían encontrar al líder, y decidieron no detenerlos en ese momento. En autos particulares se mantuvieron a distancia prudencial. Y los vieron detenerse en la esquina de España y diagonal 5. Allí todos bajaron, pero aparentemente le dijeron al taxista que los esperara, ya que el chofer no se movió del lugar. Cuando pasaron varios minutos y nadie llegaba, la familia decidió subir nuevamente al taxi. Los investigadores entonces no esperaron más y los rodearon.
Muchos vecinos, al ver esto, se asustaron. "Creí que estaban por asaltar a alguien. Me metí corriendo a la casa", comentó Pedro Gutiérrez, quien vive en las inmediaciones. Dora Romero se asustó, pero sobre todo por las criaturas. "Yo los había visto y me llamó la atención. Parecía que estaban esperando a alguien. Cuando llegó la Policía me agarré la cabeza. Y cuando me enteré lo que había pasado me dio mucha lástima por los chiquitos", dijo. Los policías hicieron bajar a todos del taxi, incluso al conductor. Luego buscaron a dos testigos y comenzaron a revisar los bolsos. Así, como de una caja mágica, comenzaron a brotar los panes de droga.
La sospecha
Una vecina se apiadó de la mujer y le acercó una silla de plástico. La zona estaba rodeada de policías y de curiosos, que al principio no sabían bien qué había sucedido. Los investigadores también se incautaron de los celulares de los detenidos, ya que pretenden tratar de establecer con quién hablaron.
Cuando hicieron la pericia determinaron que se trataba de pasta base de cocaína, que puede ser estirada hasta tres veces antes de ser fraccionada para la venta. Por el lugar en el que habían sido citados, los policías sospechan que el vendedor es de la zona.
El juez federal Daniel Bejas, al enterarse de lo sucedido, ordenó la detención de todos, incluso del chofer del taxi, quien será indagado hoy. Es que a última hora surgió la sospecha de que los pasajeros podían llegar a conocer al conductor.
Poco después llegó el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, quien se interiorizó de los detalles del operativo y felicitó a los policías.
Mientras todo esto sucedía, la menor de las hijas de la detenida, al margen de todo lo que sucedía, tomaba el pecho. Luego se quedó dormida. Anoche tuvo que dormir en un lugar inusual: en una comisaría.
Llegaron desde su Güemes natal, en Salta, poco después del mediodía. Se tenían que encontrar con la persona que los había contratado para darle la droga. Ellos, tal como se los conoce en la jerga delictiva, eran las "mulas" o los "camellos". Les prometen una mísera suma de dinero para hacer un viaje riesgoso. Si logran entregar la mercadería, cobran. Si no, lo más probable es que terminen detrás de las rejas.
Al colectivo subió una mujer, su esposo y sus dos pequeñas hijas, una de seis años y la otra de uno. También iba el hermano del hombre. Nadie sospechó de ellos. Pero en la terminal, al no encontrar a nadie, se pusieron nerviosos y comenzaron a hacer llamadas por teléfono. Finalmente el contacto les ordenó que salieran de la dársena y tomaran un taxi. Luego les indicó que se dirigieran al barrio Modelo, al noroeste de la ciudad. A pesar de que no era lo que habían pactado, cumplieron la orden. No sabían que los estaban siguiendo.
El martes, un hombre llamó a la Dirección General de Drogas Peligrosas. "Van a llegar dos mulas, traen mucha merca", dijo. Aportó algunos datos más y luego cortó. Había llamado desde un teléfono no identificable. Los investigadores están seguros de que fue un rival del delincuente que había contratado a la familia.
Controles
Personal al mando de los comisarios Jorge Nacusse, Miguel Juárez y Fabián Salvatore, con este dato, se desplegó en distintos sectores de la provincia. Algunos fueron hasta Cabo Vallejo, en el límite con Salta, para hacer controles en los colectivos. Otros fueron hasta la terminal. Y allí les llamó la atención el grupo. Pero querían encontrar al líder, y decidieron no detenerlos en ese momento. En autos particulares se mantuvieron a distancia prudencial. Y los vieron detenerse en la esquina de España y diagonal 5. Allí todos bajaron, pero aparentemente le dijeron al taxista que los esperara, ya que el chofer no se movió del lugar. Cuando pasaron varios minutos y nadie llegaba, la familia decidió subir nuevamente al taxi. Los investigadores entonces no esperaron más y los rodearon.
Muchos vecinos, al ver esto, se asustaron. "Creí que estaban por asaltar a alguien. Me metí corriendo a la casa", comentó Pedro Gutiérrez, quien vive en las inmediaciones. Dora Romero se asustó, pero sobre todo por las criaturas. "Yo los había visto y me llamó la atención. Parecía que estaban esperando a alguien. Cuando llegó la Policía me agarré la cabeza. Y cuando me enteré lo que había pasado me dio mucha lástima por los chiquitos", dijo. Los policías hicieron bajar a todos del taxi, incluso al conductor. Luego buscaron a dos testigos y comenzaron a revisar los bolsos. Así, como de una caja mágica, comenzaron a brotar los panes de droga.
La sospecha
Una vecina se apiadó de la mujer y le acercó una silla de plástico. La zona estaba rodeada de policías y de curiosos, que al principio no sabían bien qué había sucedido. Los investigadores también se incautaron de los celulares de los detenidos, ya que pretenden tratar de establecer con quién hablaron.
Cuando hicieron la pericia determinaron que se trataba de pasta base de cocaína, que puede ser estirada hasta tres veces antes de ser fraccionada para la venta. Por el lugar en el que habían sido citados, los policías sospechan que el vendedor es de la zona.
El juez federal Daniel Bejas, al enterarse de lo sucedido, ordenó la detención de todos, incluso del chofer del taxi, quien será indagado hoy. Es que a última hora surgió la sospecha de que los pasajeros podían llegar a conocer al conductor.
Poco después llegó el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, quien se interiorizó de los detalles del operativo y felicitó a los policías.
Mientras todo esto sucedía, la menor de las hijas de la detenida, al margen de todo lo que sucedía, tomaba el pecho. Luego se quedó dormida. Anoche tuvo que dormir en un lugar inusual: en una comisaría.







